Quien más, quien menos, estoy por asegurar que a todo el mundo le gusta la naturaleza.
Aunque sólo sea para verla retratada en fotos y de modo muy aséptico siempre resulta agradable ver a los animalitos de dios pastando por el prado, subidos a una rama, nadando distraídamente, o refocilándose en el légamo... por decirlo de una forma sutil.
A mis niños les encantan los animalitos esos de dios que acabo de comentar. En consecuencia se pasaron medio viaje pidiéndome que les retratara a todo bicho viviente que no anduviera a dos patas y se le supusiera cierta capacidad de raciocinio.
Uno, como pretende ser un padre modélico (¡¡¡ejem!!!) procura no disgustar a su prole, pero tampoco acostumbrarlos en demasía a ver cumplidas todas sus cuitas. De esta guisa procedí, retratando poco más de media docena de especies animales y vegetales (algún vegetal también resultó agradable a su vista, por desgracia)
y aquí os dejo una muestra de lo relajaditos que se les veía (a los animalitos) mientras nosotros intentábamos visitar todo aquello que podía interesarnos (y hacerlo en un tiempo no muy excesivo)
Unas pocas fotografías se hicieron en una travesía por un lago que, por cierto, resultó la parte más relajante de la visita pues, aunque breve, surtió efectos laxantes en el que esto escribe... y no me seáis malpensados... que ya tenía yo bastante en tensión mi cuello y mi espalda esos días.
... y es que, la verdad, así da gusto dejar pasar el tiempo durante las vacaciones ¿o no?