Relatos de Eduardo Galeano (II)
La belleza de su prosa es la poesía de su lectura en voz cálida y tenue.
La mejor lectura que me haya podido hacer nadie de este relato tiene acento del Sur...del Cono Sur. Gracias por no olvidar de donde venís después de taaaaanto tiempo.
"Los nadies"
"Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata."
Hay palabras y frases que me hubiera gustado subrayar en el libro en que leí este relato, pero no era mío. En cualquier caso gracias eternas a quien me mostró a Don Eduardo Galeano.
Can sen dono
O gume do meu coitelo máis afiado
non abonda para fender na codia desta néboa mesta
que agocha un mañá de esguello
onte.
Un berro mergullado na fervenza
de anguria que agroma no meu peito azouta
nas miñas tempas
O salouco que agochei zoando entre a escuma
dos días máis agros do meu lene aboiar
entre laxes e lousas semella estoupar ceibo
mañá.
Viravoltas e recunchos do maxín
enchoupando dúbidas e débedas na friaxe deste nordés
que clarexa os ceos e xea corpos e ánimas febles
outra volta.

Fronteiras infindas dun futuro que pasou
esparexido por diante das miñas pálpebras
coma can sen dono ou azos sen folgos
sempre.
O can é o "Pipo" dos meus colegas Conchi e Fellini
Hoy necesito este adiós.
Hay días en que uno tiene mucho sobre lo que reflexionar, mucho sobre lo que arrepentirse o sobre lo que dudar. No hay nada seguro en la vida salvo la muerte.
Hay momentos en que la vida te da sorpresas y momentos en que las piedras te salen al encuentro. No hay como vivir el segundo.
Hay lugares y momentos especiales en la vida de una persona, y hoy he estado escuchando viejos temas, nuevos grupos, antiguas versiones... y me he quedado con el "Adiós Nonino" del gran Astor Piazzola porque el momento me lo pedía.
Astor Piazzola, un genio de hombre que, a la muerte de su padre, compuso esta joya.
Estamos muy liados y muy indignados
Hace más de un mes leí el libro de Stéphane Hessel "Indignaos" porque, como dicen por ahí, "la curiosidad mató al gato". Podría haber sido también el libro "Reacciona", coordinado por Rosa María Artal y escrito, entre otros, por el también veterano José Luis Sampedro.
Aquí os dejo unas fotos que he sacado anoche mismo, inicio de la jornada de reflexión electoral más especial que haya pasado en toda mi vida; más incluso que la que hubo justo después del trágico 11 de marzo de 2004, lo cual ya es decir.
Otro concurso de fotografía
Un poco de casualidad me he enterado de un concurso de fotografía que me parece interesante, y no he podido evitar apuntarme.
Entroido en Vigo I /Carnaval en Vigo I : crítico
El carnaval de mi ciudad no es especialmente reconocido en los medios de comunicación ya que no destaca por su colorido ni espectacularidad, ni por la tradición secular (como sucede en algunos pueblos de Galicia), ni por sus melodías... pero mantiene ciertos rasgos a través de los años y adquiere otros con el paso del tiempo y el desarrollo de la globalización, que es otra forma de llamar a lo que de siempre se ha conocido como "emigración".
la nueva limitación de la velocidad a 110 kms/h. en autovías y autopistas, la nueva legislación anti tabaco,
la reforma de las pensiones y la del mercado de trabajo
, los políticos de turno
y sus manías personales
, el reciclaje
y el cambio climático (lo siento, pero no hay fotos ilustrativas con un mínimo de calidad).
Sensibilidad a flor de piel
Haber visto hace unos instantes este vídeo donde danza y música se funden como si de una única realidad se tratara me ha traído desde esa esquina perdida en los surcos cerebrales el último vídeo de uno de los grupos /proyectos en los que interviene (en este caso de forma totalmente implicada ¡qué remedio le queda!) mi amigo Fernando Abreu. Pablo a la guitarra y Fernando a los clarinetes. Gus detrás de la cámara. El balneario de Melgaço como fondo. Relax total y absoluto.
Os presento, por si no los conocíais, a 2us (leído "dous", que significa "dos" en gallego).
2us en Melgaço from gus abreu on Vimeo.
Lecturas de verano (Tomo III)
- ¿Cada cuánto hay que echar a lavar un pijama? (Luis Piedrahita).
Parte de este monólogo da origen al libro. No os lo perdáis.
- Maldito Karma (David Safier)
Esta novela de autor alemán es la demostración palpable de que ser alemán no es indicativo de seriedad y aburrimiento. La imaginación un tanto surrealista del autor (en momentos determinados recuerda las historias imposibles del autor de “El barón rampante”, “El Vizconde Demediado” o “El caballero inexistente”) demuestra que ha leído mucho para, al menos, ejercer su profesión de guionista de series de televisión a la perfección. Otra prueba de ello es que bebe de las mismas fuentes que otro ilustre escritor mediático (el toque irónico y moral podría haber salido de la pluma del autor de “Charlie y la fábrica de chocolate”, "Matilda" o la absolutamente delirante “Mi tío Oswald”). Evidentemente no estoy hablando, en ningún caso, de lo que se ha venido en llamar “gran literatura”, sino más bien de novelas de usar y tirar que tienen el suficiente gracejo y originalidad para llamar la atención durante una temporada… dos a lo sumo… y para eso cambiando de país y de lengua previa visita del autor, firma de autógrafos y paseo publicitario por los programas de entrevistas de varietés más destacados de la parrilla. Sin embargo recomiendo la lectura de este libro como un gratificante ejercicio de evasión que, sin embargo, puede incluso dejar un ligero poso moral (demasiado evidente en algunos momentos puesto que recurre a la figura de uno de los hitos del pecado en estado puro junto a nuestro Don Juan) que compensa los euros pagados por su adquisición (a mi me lo regalaron). Buena lectura para tomar el sol en el porche de la casa de turismo rural, en la tumbona de la playa o en el sofá al lado de la chimenea (no es preciso que sea durante unas vacaciones de verano ni siquiera durante un puente otoñal).
Dos enfoques para un mismo objetivo
Soy consciente de que llevo una temporada actualizando muy poco, pero no es por falta de ideas, sino de ocasión para ponerme a plasmar en el ordenador toda esa efervescencia mental que me quema por dentro. De hecho tenía una entrada en mente sobre los libros que he estado leyendo este verano, otra sobre el maratón fotográfico en el que he participado, otra sobre mis próximos objetivos atléticos, otra sobre la importancia de ciertos detalles de la vida política y social de este país… en fin, será por temas. Algún día caerán… o no.
Una de las peculiaridades de este rinconcito de mi vida es que, a pesar de que algunas de mis mayores pasiones son materia de incontables blogs por el mundo adelante, no es esa la visión que yo tengo de lo que es esta bitácora. De hecho, y si mal no recuerdo, pocas o ninguna vez ha hecho crítica literaria, cinematográfica o musical. De lo que sí estoy seguro es que, si la he hecho, ha sido colateralmente a otro enfoque principal y nunca como eje central del post.
Pues bien, esta vez voy a romper en cierta medida esa tendencia ya que voy a hablar en paralelo de dos películas que visioné ayer mismo de forma totalmente inesperada. De hecho de una de ellas no tenía ni la menor idea de su existencia hasta ayer mismo. La primera me la ofreció en préstamo una compañera de trabajo a la que se la acababan de devolver (aún hay más gente que yo que tiene la fea costumbre de comprar películas originales, por lo que veo). La segunda la había reservado mi mujer en el videoclub después de que una de sus hermanas se la recomendara, y yo no sabía nada hasta que la trajo a casa.
Fotograma de la primera de las películas (de Screenrush.co.uk)
De partida cualquiera diría que ambas películas tienen en común lo mismo que un huevo y una castaña, y de ahí lo extraño de la asociación de ideas que el bochorno nocturno unido a mi insomnio cuasi crónico provocó en mi cerebro a eso de las dos de la madrugada. Ahora pagaréis vosotros las consecuencias. ¡Qué se le va a hacer!
Si una es una comedia ligera americana la otra una pausada tragedia romántica argentina. Si una cuenta con un reparto angloamericano la otra recurre a algunos de los mejores actores del cono sur. Si una brilla por sus situaciones cómicas y sus gags la otra brilla por su fina ironía. Si en una el espectáculo se devora con patatas a las historias que nos narra en la otra las historias que cuenta son el caldo de cultivo de una forma cuidadamente fotografiada e iluminada.
No obstante ambas películas tienen una identidad ideológica que me dejó absolutamente sorprendido. Las historias, sin ser parecidas siquiera, cuentan con algunos elementos comunes: en ambos filmes una muerte violenta es el origen de la narración, en ambas hay un personaje que define claramente la entrega total a la vida como objetivo absoluto.
Imagen de la segunda película (de El Espectador.com)
La proclama que lleva al cantante de éxito a las manos de un asesino en serie y al alcohólico funcionario de juzgado a manos de una banda de matones a sueldo es la misma que define el comportamiento de la práctica totalidad de los personajes de ambas narraciones: una vida vivida en la mediocridad es una vida vacía y lo que realmente merece la pena es arriesgarse a caer en nuestras pasiones, sean estas las que sean, ya que son las que definen nuestra esencia como individuos.
Se puede estar de acuerdo o no con ese enfoque vital, pero no es eso lo que pretendo con esta entrada en el blog, ni es ese un debate que pueda tener una resolución fácil. Me llega con constatar como, partiendo de presupuestos artísticos, estéticos y culturales radicalmente distintos, se puede llegar a reflejar exactamente lo mismo.
Dicho esto cabría hacerse la pregunta sobre cuál de las dos recomiendo. Sinceramente, la respuesta es indiferente ya que el resultado final (vivir la vida sin imponerse restricciones a uno mismo) es idéntico aunque las sensaciones que dejan en el cuerpo son radicalmente distintas. Si en una la protagonista principal cumple su sueño de cantar en público ante 10 millones de espectadores en la otra el protagonista indiscutible por fin se decide a asumir esa historia de amor que ha reprimido durante años. La catarsis final en una es espectáculo puro en la otra es intimidad absoluta, pero en ambos casos la vida triunfa sobre la muerte y la autonomía personal sobre las convenciones sociales.
Una recomendación final: no veáis las dos películas el mismo día, como hice yo:
Cuando tengáis necesidad de reír un rato mirad “Amor sin condiciones” de P.J. Hogan con una Kathy Bates en uno de sus momentos de gracia, un Rupert Everett en el papel que mejor sabe interpretar, y un simplemente divino Jonathan Price, además de una Julie Andrews en un cameo breve pero muy ácido.
Cuando tengáis el día intimista y cinéfilo mirad “El secreto de sus ojos” de Juan José Campanella con un sólido, sobrio y absolutamente creíble Ricardo Darín, una encantadora e inteligente Soledad Villamil, y un emocionante y sabio Guillermo Francella, actorazo de pies a cabeza.
Ya me contaréis.
El local de mis sueños en O Grove
Con la llegada del verano y del buen tiempo prácticamente todos los fines de semana me piro con mi familia al camping en el que, desde hace ya tres años, montamos una caravana durante toda la temporada (de junio a septiembre).
No tan asiduos, pero también pasarán o han pasado nombres tan conocidos como Ariel Rot, Cristina Rosenvinge, Nacho Vegas, The Ellas, Kiko Veneno, Pereza o DeLuxe entre otros muchos grupos y cantantes.
Un cumpleaños sorpresa
Hace ya algunos días (bueno, realmente un par de semanas) tuve el enorme placer de asistir a una fiesta privada difícil de calificar. Se trataba del cumpleaños de una "blogueira" amiga que anda un poco desaparecida en combate, mi queridísima Vitruvia (también conocida como Malulha Guevara).
Dos muestras de la cara de sorpresa... hay gestos que lo dicen todo.
Al salir de su casa no pudimos evitar un sentimiento de desamparo, de lástima porque la fiesta había llegado a esa hora en que lo conveniente es marcharse y dejar que la persona homenajeada se relaje con sus chicas y su boss... y la noche que nos rodeaba se hizo sensible a la luz y a la poesía en forma de fotografía que, allí mismo, vino a visitarme.
Agradable sorpresa/Triste recuerdo
Como ya ha sucedido en más de una ocasión, mi emisora preferida para evadirme de la temeraria conducción de mis conciudadanos vigueses me ha descubierto a un intérprete fabuloso: Thomas Quasthoff.
La canción que me lo descubrió fue una versión de una canción tradicional irlandesa (Danny Boy) muy apropiada para un día como el de hoy por ser utilizada frecuentemente en los funerales irlandeses.
A lo que íbamos... el fabuloso Thomas Quasthoff. Seguí leyendo, esta vez en una página absolutamente española y especializada en música sobre este bajo-barítono, una voz masculina de las más especiales y que suelen representar personajes con un aire entre diabólico y trágico. Leí que nació con graves problemas físicos (adolece de brazos y mide 143 cm.) por causa de la Talidomida (una medicación de moda en Alemania entre los años 1958 y 1961) al igual que miles de niños y niñas en todo el mundo. Los efectos secundarios de este medicamento dieron lugar a la llamada Catástrofe de la Talidomida, pero también al hecho de que a partir de esta misma catástrofe en la mayor parte de los países en que aún no era obligatorio se comenzaran a pasar controles médicos y farmacológicos más estrictos y se crearan oficinas nacionales de control del medicamento.
Siguiendo con Thomas Quasthoff, confieso que me ha sorprendido ver en algunos vídeos que he localizado su infantil alegría de vivir en contraste con su seriedad profesional, y la profunda pasión con la que interpreta desde un aria de ópera hasta un standard de jazz... y es que todo lo que hace lo hace con todo su cuerpo y su alma.
Siguiendo con la Talidomida he de decir que ya conocía algo de su historia y de los graves efectos secundarios que provocó en su día por un pseudo-documental que un loco cineasta alemán rodó sobre un tipo muy especial de discapacitados: los sordiciegos. La película "Tierra de silencio y de oscuridad" (Lands des Schweigens und der Dunkelheit (1971).) me llegó al alma y me hizo conocer un mundo que ni me había imaginado pudiera existir... tan poco conscientes somos a veces de lo afortunados que somos por estar completos en todos nuestros sentidos. En este documental algunos personajes han acabado siendo ciegos y sordos por accidente, pero otros (al menos uno) como efecto secundario de la Talidomida (si mal no recuerdo). La historia que se cuenta a veces peca de teatral, pero la realidad que nos muestra es realmente triste... e incluso puede que cruel.
El día comenzó con un descubrimiento feliz (un cantante como la copa de un pino) y un recuerdo triste (para todos aquellos que están en este mundo sin poder apreciar todo lo bello y hermoso que hay en él). La conclusión: un tono agridulce en mi mirada.
El final del verano
Para mi ha llegado el final del verano... y de las vacaciones... y del relax. Pero las rutinas son la base de la mayor parte de nuestras vidas y estar aquí, reflexionando sobre todo y más, es una parte importante de mi vida.
Me lo he pasado genial. He corrido por lugares hermosos; navegado en piragua por mar abierto; montado en bicicleta; vuelto a visitar lugares impresionantemente hermosos; asistido a conciertos sorpresivamente increibles (y otros no tan sorpresivamente, claro); conocido gentes maravillosas; leído libros entretenidos (unos reflexivos y otros simplemente intrigantes) y obtenido imágenes que me gustaría compartir poco a poco con vosotros.
De todo ello y más os iré dando pinceladas. Por ahora sólo saludar la llegada de la vuelta a la rutina es un buen comienzo. El curso académico, el retorno a los entrenamientos atléticos y las obligaciones laborales son parte de un todo en el que el blog tambien está presente... y con él vosotros y vosotras.
Bicos e apertas/ petons i abraçadas / besos y abrazos ;-)
Fin de semana repleto
El fin de semana pasado (el del 28 y 29 de marzo) fue de los que se dicen completitos... y es que el viernes por la tarde tuvimos los blogueiros vigueses otro de nuestros ya tradicionales Beers & Blogs que se prolongó hasta casi la media noche.
Al día siguiente era festivo en Vigo. Se celebraba la Reconquista de la ciudad (entonces poco más de un villorrio marinero con algunas fortificaciones) de las manos francesas. Aún a día de hoy no tengo claro qué hemos sacado en limpio de esa acción, ya que con todos sus defectos los franceses me parecen un pueblo bastante más civilizado que el nuestro... y además tienen un sistema republicano que ha sabido reinventarse a lo largo de la historia... en fin, que me voy por las ramas.
Aprovechamos el día en familia para pasear por las calles de un barrio llamado "Casco Vello" (Casco Viejo, que no hermoso... al menos en su estado actual) y revivir (en medio de una turbamulta) cómo los vigueses de la época (en particular un tal Carolo, marinero de profesión abatido de un disparo, y un tal Bernardo González, de segundo y alias "Cachamuíña", herido también al intentar derribar la puerta de la Gamboa a machetazos).
Este año, y con eso del doble centenario, se multiplicó por diez la presencia paisana y aquello fue un desbarajuste total. Menos mal que duró poco la representación y pudimos despejarnos con los aires "mareiros" en las proximidades del R.C. Náutico, donde había juegos presuntamente tradicionales para niños, y donde finalizaba la gesta viguesa contra el invasor, gracias a dios o al diablo.
A la caída del sol sobre las frías aguas del Atlántico subimos de nuevo hacia la Colegiata, en cuyos alrededores pudimos catar algunos deliciosos manjares en puestos abigarrados de quita y pon para la ocasión (que suelen aparecer en todo tipo de fiesta presuntamente histórica de la comunidad: Festa da Istoria de Ribadavia, Festa da Arribada de Baiona, Feira Franca de Pontevedra, Feira Franca Medieval de Betanzos, etc.).
Además, la música callejera que animaba al personal hizo que algunos niños y niñas se lanzaran (nunca mejor dicho) a mover el esqueleto. El resto del personal, ya entradito en años, mantuvo la compostura lo mejor que pudo, ya que al día siguiente había que madrugar.
El domingo tenía una de esas citas ineludibles (salvo error o lesión) del corredor popular gallego: la famosa media maratón Vig Bay que discurre paralela a la costa entre las localidades de Vigo y Baiona (Bayona La Real para la Wikipedia). Son 21097 metros para disfrutar del paisaje, de la camaradería, de la brisa, del sol y de las vistas (si llueve o si hace viento no es tan agradable el "paseíto" hasta la villa turística por excelencia de la Ría de Vigo).
Este año lo de menos era la marca, ya que después de tres meses y medio en dique seco por lesión y con apenas un mes de entrenamientos poco cabía esperar de este cuerpo gentil. Lo importante era llegar en unas condiciones y un tiempo digno sin que las piernas, los pulmones o el corazón se fatigaran excesivamente, así que hice de liebre a algún corredor con objetivos próximos a las dos horas.
Yo llegué en relativamente buenas condiciones (incluso me permití un mini-sprint final con el viejo Makoki del delicioso dúo MafMak... por cierto, si me estás leyendo, biquiños Mafalda) y disfruté de buena compañía prácticamente toda la carrera. Los últimos tres kilómetros y medio los hice un poco más agobiado por dos motivos: el viento de cara que nos impidió acabar la carrera cómodamente y un par de pesados que venían charloteando desde Samil y me dieron caza a falta de unos doscientos metros los muy condenados.
Después de refrescarnos hubo comida de corredores y sus familias en un céntrico restaurante de Vigo, lo que hizo que el fin de semana tuviera contenidos absolutamente dispares e incongruentes regados con unas buenas dosis de buen humor y amistad... ingredientes que siempre son de agradecer.
Nota: las fotografías de Vigo y de La Reconquista son mías (aunque quien quiera puede usarlas mencionándome, evidentemente) y las de la Vig Bay son de diversos colegas del foro Correrengalicia.org : Charly, Flip y Pili)
Verano del 95
Una entrada en el blog musical de mi adorada Belén me hizo recordar el maravilloso y extraño verano del 95, que hoy traigo a colación.
Tenía yo entonces unos lustrosos 27 años y un trabajo estable que me daba para vivir con holgura. Una ex novia de las que mejor olvidarse todavía en la memoria y un largo y cálido verano por delante en el que dedicarme a buena parte de mis aficiones favoritas de entonces... y en buena medida aún de ahora: amigos, viajes, música, fotografía, mujeres y literatura (el orden no tiene por qué ser exactamente ese).
De estas aficiones estoy convencido que la literatura ocupó muchas de las horas muertas que un verano siempre proporciona... pero es que no recuerdo qué libros leí exactamente en esa época, así que pasaré por alto este apartado.
Los amigos, los viajes, la música y la fotografía se entrelazaron de forma increíble durante una quincena larga del mes de vacaciones, y de no haber sido por la obligación/necesidad de volver al trabajo seguramente habría estado como la cigarra tocando y cantando hasta la caida de las primeras nieves, con lo bien que me lo paso yo solito con mis pasiones.
Todo comenzó prácticamente cuando, tomando unas cervezas en cierto local actualmente desaparecido de la tristemente muerta calle de los vinos de Vigo, me enteré de que Migue -el dueño del local- estaba organizando un viaje en bus a Gijón para ver en concierto a los Rolling Stones. Era la gira Voodoo Lounge, una de esas escenografías inmensas con efectos de luz, fuego y color que hicieron historia del espectáculo y que aún hoy pocos grupos están capacitados para imitar, que recalaba en España únicamente la noche del 22 de julio en la ciudad asturiana.
Pagué gustoso el precio del bus añadido al de la entrada aunque no hubiera de ir con el resto de los habituales del local, puesto que una idea se me coló por la ranura invisible que llevo siempre en el entrecejo: extender el viaje hacia el este del país y acercarme a Bermeo a ver a un viejo colega de aventuras de otro verano anterior y, ya puesto, bajar a la capital del reino a pedir perdón a un amigo madrileño por una metedura de pata del pasado reciente.
Poco a poco ese esbozo de verano perfecto fue tomando forma con otros detalles que aportaban interés a la ruta.
Primero fue la noticia de que un grupo de rock sureño estaría en el estadio de Pasarón (Pontevedra) exactamente una semana antes del concierto de los Stones en Gijón (en donde estarían ejerciendo de teloneros). No me lo podía creer. ¡¡Vería a los Black Crowes dos veces en una semana!! ... y además, la segunda vez teloneando a uno de mis grupos míticos. La casualidad era demasiado grande para dejarla escapar, así que me compré también la entrada para Pontevedra.
Luego otra noticia interesante me reafirmó en la idea de acercarme hasta tierras vascas: en el Festival de Jazz de San Sebastian (Donostiako Jazzaldia) tocarían la noche del 25 de julio los guitarristas B.B. King y Raimundo Amador... otra oportunidad de goce etereo y noctámbulo. Para ese concierto no tenía entradas ni sabía cómo conseguirlas, pero eso ya me daba igual a esas alturas del plan. Mi siguiente parada sería San Sebastián (Donosti para los amigos).
La música sirvió de hilo conductor del viaje, pero los amigos hicieron el resto. Veranos atrás (debió ser en el de 1989) había conocido a dos muchachos durante un curioso campo de trabajo y la amistad se mantuvo (y aún hoy en día se mantiene... este verano iré a la boda de uno de ellos), así que acoplé sendas visitas a Bermeo y Madrid intercaladas en mi Ruta 66 particular que espero os guste.
La Behobia soñada y mucho más de lo esperado.
Como decía en mi última entrada llevaba un año soñando con correr esta carrera y por fin he cumplido el sueño con creces. Hoy me centraré en la carrera, dejando de lado el hecho de que un viaje a Donostia en pleno otoño es una maravilla que la naturaleza nos regala, que el pintxo es un arte que alcanza su máximo esplendor en donostiarras tierras y que el Cantábrico con todo su poderío es una compañía adecuada para una tierra hermosa donde las haya.
Mi idea de la Behobia-Donostia se basaba en la observación directa (el año pasado estaba situado a unos escasos 150 metros de la llegada) del ambiente, de los comentarios de mis compañeros de foro que participaron y de las fotografías y vídeos vistos. Con toda esta información pensé que estaría suficientemente preparado para vivir esta experiencia atlética y que soportaría con facilidad cualquier comparación con, pongo por ejemplo, una de las carreras mejor organizadas que he visto en mi corta vida atlética, la Marató de Barcelona de este mismo año.
En efecto, en lo que a organización se refiere andan las dos muy parejas, con la salvedad de que Barcelona es una ciudad muchísimo más grande que Donosti y que de organizar la Marató se encarga una empresa mientras que de la Behobia se ocupa un club de atletismo. En este aspecto sale ganando incluso por algún detalle esta última como, por ejemplo, en lo bien organizado que está el sistema de transporte y logística tanto de los corredores como de sus pertenencias, problema que en Barcelona no tienen, ya que la carrera empieza y termina en un mismo lugar.
En la zona de salida todo estaba perfectamente controlado: los baños, los camiones de recogida de bolsas, el puesto de café gratis, los de agua... la plataforma de los locutores desde la que, con banderas de colores, se avisaba a los corredores de la necesidad de ir colocándose en sus cajones respectivos, etc.
(Fotografía del compañero Daniel "Picapiedra")
El calor humano y el clima de tensión en los corredores saltaban a la vista, pero todo parecía funcionar a la perfección si obviamos los típicos problemas con la megafonía. Sin embargo no debe ser fácil hacer que 16000 personas estén en el lugar debido en el momento oportuno. Creo que la organización resultó impecable respecto de este tema.
La salida, en cajones por marcas acreditadas en la propia carrera o en una distancia similar (media maratón) está perfectamente coordinada, y el engranaje no chirrió en ningún momento. A la hora en punto salieron los corredores de dorsales amarillo y verde. A los cuatro minutos otro chupinazo daba la salida a los del dorsal rojo y cinco minutos después comenzabamos a salir los azules. Supongo que con los que quedaban habrán sido igualmente puntuales.
Mientras me acercaba andando desde mi cajón hasta la línea de salida recordaba el vídeo sobre el ambiente de la salida que había colgado en mi anterior post. Cambiando las caras la escena resultó prácticamente idéntica, y el paisaje que veía me sonaba a conocido aunque yo no había estado nunca en ese lugar. La emoción por comenzar subía en oleadas desde mi pecho y mientras caminaba deseé suerte a unos corredores de Barcelona que también me la deseaban a mi. Incluso me enteré de que habían estado colaborando en el avituallamiento de la Marató en el kilómetro 30 este año... mira tú por dónde.
Chupinazo de salida y a correr. Durante los primeros compases (en torno a 900 metros) tengo que ir salvando algunos grupos un tanto compactos, pero en torno al km 2 la cosa se va aclarando. Veo una pareja con equipación roja de un gimnasio o de un equipo de la provincia y calibro su ritmo. Se parece al que creo poder llevar durante buena parte de la carrera, aunque por momentos es un poco alto para mis posibilidades. De hecho, justo antes de empezar la carrera no sabría decir qué planteamiento pensaba seguir: si ir sólo a disfrutar, sin preocuparme de marcas personales o si luchar algo más y dejar de percibir tantas sensaciones agradables. El tobillo no había dado muestras de dolor en toda la mañana (no así la tarde noche anterior, ya que la tremenda pateada por Donosti acabó pasando factura) de manera que no supondría un obstáculo a mis posibles aspiraciones y en principio podía olvidarme de él.
Dejo unos metros entre la pareja que adopto como liebres y yo, pero mantengo la distancia durante los siguientes kilómetros. Noto bien pronto que la chica está en mejores condiciones ya que una y otra vez se nos escapa. Unos cuantos kilómetros después, tras el puerto de Gaintxurizketa (en el que se han alejado unos 50 metros de mi por mi escasa preparación de cuestas), ya en plenos toboganes de la carretera de Lezo la chica (Miren, según alcanzo a oír) se despide de su acompañante (y de mi, claro) y se pierde entre la multitud de corredores. Bueno, al menos me queda él para seguir un ritmo estable, uno de mis grandes problemas como corredor.
Subida al puerto de Gainturizketa
(Fotografía sacada de El Diario Vasco)
Llega el puerto de Pasaia y veo que se retira a un lado para atender ciertas necesidades. Más adelante yo hago lo propio con el agua y la especie de isotónica que nos han colocado en enormes mesas alineadas a lo largo de la carretera. Como hasta ese momento no he bebido suficiente (y yo pierdo muchísimo líquido cuando corro) me echo a andar unos 30 metros mientras bebo con calma por los vasos plásticos.
(Fotografía de El Diario Vasco)
Reinicio la marcha sin problema, aunque los gemelos empiezan a estar como piedras, y es que la falta de rodajes de más de 12 kms. empieza a pasar factura. Como la palabra retirarse por ahora no va conmigo sigo aguantando el tipo al paso por el barrio de Trintxerpe al compás de un señor que toca el acordeón.
(Fotografía de El Diario Vasco)
Aún queda lo peor, la subida en el km 17 al alto de Mirakruz, entrando ya en Donosti. No es que sea una cuesta como la del domingo anterior, pero es más larga y en las piernas el combustible ya escasea, los gemelos son como tablas y la respiración más que agitada. La gente anima a un corredor vestido con la camiseta del Betis F.C. y una peluca roja, pero yo soy el que pasa por delante suyo en plena cuesta. Menos mal que de vez en cuando alguna espectadora consigue leer mi nombre impreso en el dorsal y me anima como si me conociera de toda la vida. Donde no quedan fuerzas aparece la cabeza y el corazón.
Pasado ese lugar tenía pensado echar los restos hasta la meta, pero apenas me queda gasolina, como decimos los que corremos. Hay un último avituallamiento líquido pero lo desprecio y acelero un poco, pues aún hay una pequeña cuesta abajo. Al cabo de 200 metros me arrepiento porque noto la boca totalmente seca y áspera. Ahora ya es tarde y hay que apechugar con lo hecho, así que sigo adelante. Al fondo de una recta de 600 metros sé que me espera la playa de Zurriola y de allí a nada el último kilómetro, pero la idea de echarme a andar pasa por mi mente de nuevod. Sin embargo, ante tanto espectador animando, y con la fuerza que sale de donde ya no queda, alcanzo la costa.
Viro a la izquierda enfilando ese kilómetro final y en el borde de la calzada un par de sanitarios están atendiendo a un corredor cubierto con una de esas mantas térmicas doradas que había visto el año anterior repartir entre los corredores recién llegados. Me digo que por suerte yo no estoy tan mal y continúo aunque sé que me están adelantando cientos de corredores.
Al fondo adivino la meta y el reloj que no perdona. Veo que llevo algo menos de una hora y cuarenta minutos y me digo que lo he hecho mejor de lo que esperaba, ya que con hacer esa marca me daba por satisfecho, así que intento subir un poco el rítomo, pero el depósito está totalmente agotado y tiro de la reserva mientras dure. Por suerte duró hasta después de pasar por la línea de llegada.
Metros después me doy cuenta de que no he parado mi cronómetro, así que a ese tiempo tendré que sacarle algunos segundos. No veo a ningún conocido pero sigo las instrucciones y avanzo hacia unas filas en las que nos entregan una bolsa con agua e isotónica, luego palmeras de hojaldre pequeñas, manzanas de dos clases, pera, plátano, yogures diversos. Continúo hacia la plaza donde entregan las bolsas con la ropa que hemos dejado en Behobia y veo que unos voluntarios retiran los chips y otros recuerdan que si quieres puedes donarlo para una buena causa, sin embargo el mío es de mi propiedad y no sirve... ¡una lástima! Una chica va cantando la marca de las zapatillas usadas por los corredores mientras otra las anota en una tabla... supongo que para hacer estadísticas para alguna empresa del sector.
Al cabo de unos metros diviso a otras chicas y chicos entrevistando a diversos participantes en la prueba y me doy cuenta de que la chica que me había hecho de liebre (sin ella saberlo, claro) estaba siendo entrevistada. Espero a que acabe y le hablo. Le cuento (sí, tengo bastante poca vergüenza, lo sé) que les he tomado como liebres a ella y su pareja, y que les estoy muy agradecido. Ella no se muestra sorprendida y me dice que qué tal la carrera. Le comento que muy contento con mi tiempo de en torno a 1:38 y le pregunto que qué tal el suyo. Ella ha hecho sobre 1:35 y también se la ve satisfecha. Me despido y voy a por mi ropa seca. En un plis plas me la entregan y me acerco al stand de El Diario Vasco, donde tras mostrar mi dorsal me entregan un certificado imitando la portada de un periódico con el tiempo oficial que he hecho, mi puesto en la clasificación general y el que ha hecho el vencedor... nada que ver, evidentemente.
Para terminar me reúno con mis colegas del foro, ya entre lágrimas de felicidad por haber acabado tan bien una carrera tan dura y tan mal preparada, bajo un árbol adornado con la letra "V", que hemos escogido en señal de "victoria"... o algo así. La satisfacción inunda todos los rostros, y es que esta carrera no tiene nada que ver con el resto, y no es tanto por la cantidad de participantes, que también, sino por el público.
Esta carrera es absolutamente especial por el constante griterío de público que prácticamente durante 20 kms. anima, aplaude y apoya; de niños y niñas que aplauden y colaboran en los distintos avituallamientos con alegría y entrega; de músicos callejeros al acordeón y txistularis; de vecinos que suben el volúmen de su equipo de música para dar ambiente; pero también de familiares de etarras detenidos exhibiendo con orgullo el rostro de sus familiares en prisión y enarbolando la bandera de HB o alguna pancarta pidiendo la libertad para "sus" presos.
Grupo de música tradicional en el barrio de Trintxerpe
(Fotografía de El Diario Vasco)
Pero todo esto hasta cierto punto es lo de menos, ya que lo que más me ha llenado ha sido que en todo el recorrido he chocado palmas con, como poco, 50 niños y niñas de diversas edades. Ver fugazmente en su rostro la ilusión y la alegría hace que a esas piernas sufridoras el corazón les ordene apretar un poco más el paso y ellas respondan. Y es que el futuro está en esos rostros aún sin desarrollar, en esas manos chiquitas, en esos dientes aún por caer.


