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X Encontro de embarcaciones tradicionales en Carril


Este fin de semana tuve el inmenso placer de volver a sumergirme en un ambiente de esos que evocan tiempos pasados no sé si mejores pero, desde luego, añorados. Se celebraba un nuevo encuentro de embarcaciones tradicionales en la marinera y arousana parroquia de Carril (evitaré entrar en debates estériles sobre qué fue antes, si el huevo o la gallina).







Como nieto de un viejo marinero de "Gran Sol" y de "ardora" no puedo evitar asociar el intenso aroma a salitre y alquitrán a momentos dulces de mi infancia, y pulular entre lobos de mar profesionales y aficionados es para mi de una incontestable felicidad.









En estos encuentros, celebrados cada dos años en distintos puertos de Galicia, los aficionados a la navegación tradicional, alejada de tecnologías punta, siempre hay momentos para el relax y la fiesta, para la navegación y el placer de quedarse con los detalles.







Además se completan con actividades paralelas de diversa índole, lo que confiere un valor añadido que a mi, sinceramente, ni me va ni me viene, pero que creo importante destacar por lo que ello supone para la consolidación de una cultura en peligro de extinción que algunos intentan proteger y cuidar.





Además, siempre es un placer volver a saludar a amigos como Mar, Braulio, Antonio, Froíña o, una lástima no haber podido quedarme un poco más, Joan Sol.




Un vídeo hecho por mi amiga Mar esa misma tarde: todo un espectáculo.


A falta de cinco días



Cinco días es el tiempo que resta para que vuelva a correr el maratón de Madrid. Llevo cuatro meses largos entrenando cinco días a la semana para que me salga mejor que el año pasado. Sin embargo esta noche eso fue lo de menos.



El entrenamiento de hace un rato consistió en correr fácilmente durante una hora. Nada más y nada menos. Hacía mucho tiempo que no me olvidaba completamente de controlar mi ritmo, mi respiración, mi zancada, cada minúscula sensación en las piernas, en cada latido... en lo bien o mal que entra y sale el aire de mis pulmones.



Esta noche he vuelto a escuchar el crujido añejo de las maderas del puerto deportivo curtidas por la sal y el sol. He vuelto a henchirme del aroma almibarado de la glicinas por el simple placer de respirar. He recuperado la admiración por cada ola que golpea el casco de los veleros, por el tenue silvido del aire en sus jarcias y el cabeceo rítmico que parece saludar a quien a su lado pasa. He descubierto que a la luz de los focos del puerto también hay murciélagos revoltosos en discreta cacería, y que los amantes susurran deseos a esa media luna que hoy nos inunda.




Todo eso y más estaba ahí, pero había dejado de disfrutarlo. Espero que la renuncia haya merecido la pena y que, a la vuelta, todo siga en su lugar para volver a gozar de los anocheceres de mi puerto de Vigo.


Nota: Las fotografías son de mi zona habitual de entrenamiento, aunque algunos detalles han cambiado desde que las hice, hace ya casi dos años.


Climatología de las pensiones



Estos días el tiempo anda revuelto, como suele ser normal en esta época del año. Los frentes nubosos que nos calan el alma se suceden a la misma velocidad con que circula el gélido viento del norte que limpia los cielos y hiela los cuerpos el resto de los días.

Cuando salgo por calles, caminos y carreteras de mi municipio me topo con detalles como el de la fotografía y pienso en lo bien que se ve venir el cambio de tiempo en la mar.



A lo lejos se vislumbra una especie de columna que avanza con paso firme y parece engullir parte del mar en vez de caer suavemente cual cortina sobre el mismo. Diríase que es la mar que se eleva a los cielos en vez de vaciarse aquellos sobre las aguas salobres.

Lo malo es que, aunque se ve venir, no da tiempo a reaccionar a tiempo y esquivar sus efectos sobre nosotros. El margen de maniobra que esta predicción visual del líquido meteoro nos da es mínimo, y siempre acabamos calados hasta los huesos (salvo que tiremos de la ropa impermeable que siempre nos acompaña en el maletero).



Pues algo así pasa con el futuro de las pensiones en nuestro país. Acaba de filtrarse, supongo que interesadamente y a modo de globo sonda (hay que ir evaluando la capacidad de respuesta de la sociedad civil ante medidas que puedan socavar la ya débil posición del gobierno) una propuesta para retrasar paulatinamente la edad de jubilación forzosa en este nuestro país.

Hace ya algunos años que comenzó a hablarse de que el sistema público de pensiones hacía aguas y mucha gente empezó a frotarse las manos porque vendía planes de pensiones a diestro y siniestro.




Con el paso del tiempo pareció que la tormenta cambiaba de rumbo y se llegó a afirmar que la "caja única" de la Seguridad Social estaba perfectamente saneada y tenía un superávit suficiente para soportar los vaivenes económicos que pudieran aparecer.

Sin embargo la crisis económica mundial; las populistas medidas adoptadas por el ejecutivo encaminadas a proteger cada vez a más y más gente; el mantenimiento de muchos de los excesivos beneficios concedidos a los ya jubilados y la cada vez menor cantidad de contribuyentes rellenando las arcas sociales han terminado por provocar la repentina reacción de un gobierno acostumbrado a poner tiritas que otros le venden antes que estudiar a fondo la enfermedad para hacer un buen diagnóstico.



Mientras los afortunados que aún trabajamos vemos cómo se cierne sobre nuestras cabezas la posibilidad de tener que retrasar nuestra jubilación hasta los 70 años, otros se han jubilado anticipadamente y ahora disfrutan de gran cantidad de beneficios sociales, y el resto aún tendrá mucho que estudiar y formarse, ya que su incorporación al mercado laboral amenaza con sufrir más retrasos que las operaciones del sistema público de salud.

Vamos... que no veo yo nada claro qué va a pasar. Debe ser que tengo una especie de neblina ante los ojos que no me deja ver con claridad lo que se aproxima. Eso sí, el futuro cada vez lo veo más negro y no sé si serán cataratas en los ojos o e que el windgurú no me facilita una predicción fiable a 20 años vista.


Alegría en La Salvé



De la montaña al mar como si nada.

Eso es lo bueno de Cantabria, entre otras muchas cosas. Le sucede como a mi ciudad, pero a lo grande. En Vigo no tenemos montañas tan altas, aunque algunas sí muy hermosas, ni playas con aguas tan calentitas, pero sí tanto o más bellas.

El caso es que en Laredo el agua del mar estaba tan apetecible



y la de las charcas que la bajamar había dejado estaba aún más templada,



que resultó una delicia chapotear durante casi una hora...



la que tardó la marea en anegar esas cálidas lagunas.



Imposible no saltar de alegría



mientras la marea no terminara de subir.



Las fotos, como siempre, mías. Si os gusta alguna no os cortéis.

De noche y de día. Por tierra y por mar.



Este fin de semana extraño seguí con mi habitual tónica de hacer montones de cosas. Parece que la vida me reclame desde norte y sur, que tenga una personalidad absolutamente dispersa y unas aficiones dispares que pudieran hacer pensar en un transtorno bipolar (por decir algo).

El jueves por la noche tuve cena con unos amigos y amigas que se prolongó en animada charla hasta algo más de las dos de la madrugada y, como el puerto estaba al lado y llevaba conmigo la cámara, decidí probar suerte con un proyecto fotográfico que tengo en mente desde hace meses: fotografiar los lugares por los que habitualmente entreno y con la luz ambiental con la que entreno. El resultado (incompleto) no está mal y me permite profundizar en las cosas que quiero hacer y qué resultados puedo esperar con el equipo que tengo. Por ahora una pequeña muestra es más que suficiente, y las cuatro de la madrugada no son horas para andar haciendo fotos ¿no?







El viernes por la tarde (de buena mañana tocaba mani) fui con la familia a ver (otra vez en el puerto) los barcos de la regata Tall Ships Atlantic Challenge 2009 que salió hoy desde nuestro puerto rumbo a Tenerife para luego continuar hasta las Bermudas, Charleston, Boston, Halifax y Belfast. Como las embarcaciones antiguas (bueno, en general las antigüedades) me encantan con ese aroma a alquitrán, salitre y madera tampoco pude evitar obtener una cuantas instantáneas... manías personales, supongo (aunque otra blogueira especializada en temas marítimos también estaba a lo mismo).

















Ayer sábado había quedado con otros colegas y sus familias para comer al pie del Monte Galiñeiro (en el ayuntamiento de Gondomar, pero cerca de los límites con Porriño y Vigo) y probar luego a ascender los algo más de 200 metros que separan el parque forestal de la cumbre.


Vista del Galiñeiro desde el parque forestal.

Evidentemente la cámara se vino conmigo y se trajo unos recuerdos estupendos de las vistas que hay en su cima, y como el día y la compañía ayudaban, prolongamos la jornada hasta que el sol se ocultó y, sin mayor aviso, nos dejó en penumbras.


Vistas del Val Miñor (Gondomar, Nigrán y Baiona) desde la cima.

Señal que indica la dirección a seguir hasta la cumbre.

Vistas hacia Vigo, con la presa de Zamanes y la Universidad a la derecha.

Poco antes de marchar las paredes rocosas reflejaban el color de la puesta de sol.


Menos mal que el domingo se hizo para descansar... y poner las fotos en el post correspondiente.


Un "recuncho" mágico en la Isla de Arosa




Este fin de semana tampoco ha estado mal en cuanto a actividades... en la Ría de Arousa. Hemos hecho noche en Vilanova (de Arousa) para ir a correr en Vilagarcía (de Arousa) una media maratón, claro... ¿qué sino? y de paso dimos una vuelta por la Illa (de Arousa) donde, entre otras cosas, visitamos un lugar del que ya me había dado referencias muy buenas mi hermano.



Se trata de un viejo faro que han reconvertido en restaurante al borde del mar. El acceso se puede hacer en coche, aunque el camino que arranca de la carretera general presenta un aspecto lamentable y asusta un poco. De hecho la opción de acercarse andando tampoco es que sea descabellada, ya que apenas hay 300 metros desde el cruce hasta el Faro de Punta Cabalo, que así se llama el lugar.



Se llegue como se llegue eso es lo de menos. El lugar en sí es alucinante: un montón de "penedos" (rocas de gran tamaño) sirven de base a este pequeño faro situado en el extremo noroccidental de la isla.



Al suroeste la Isla de Sálvora, al este y norte la orilla de la ría donde destacan poblaciones como Santa Uxía de Ribeira, Pobra do Caramiñal, Boiro y Rianxo con playas como la de Coroso, Cabío ,Tanxil Barraña...y la Serra do Barbanza abrazándolo todo. Al este el monte Xiabre, en cuya base se asienta Vilagarcía, la pequeña ciudad que encierra en sí misma la esencia y el poderío económico de la región.



A nuestros pies las frías pero claras aguas de la ría salpicano suavemente las rocas. Sobre nuestras cabezas nubes amenazadoras pero que aún no descargan sobre nosotros nos hablan de la primavera revuelta que tan pronto nos derrite con sus calores como nos hiela los huesos.



En medio de todo el sonido continuo del leve oleaje y alguna que otra gaviota llamando a sus compañeras, flotando como colgadas del cielo. El espectáculo de la naturaleza se ofrece en todo su esplendor y me imagino cómo puede ser un atardecer veraniego en una de las mesas que hoy no se han dispuesto pues nada hace presagiar que la tregua que el cielo nos ha concedido vaya a durar mucho.



No puedo hablar de la comida con voz propia pues no he reservado mesa y en la escueta sala apenas caben cinco o seis mesas, todas repletas. Sí tomo un café en la barra y aprovecho para ojear un álbum de fotos tomadas por el dueño (aficionado al submarinismo) en los bajíos próximos: anémonas, corales, nécoras, caballitos de mar (una colonia próxima al faro da nombre al mismo), congrios, corales, pulpos...



He llegado aquí porque las referencias me indicaron que merecía la pena, y confirmo lo dicho. Parece increíble, pero la gente llega hasta aquí porque el lugar bien lo vale. Prometo volver y reservar mesa... preferiblemente un atardecer soleado para poder gozar de la vida en uno de esos momentos vibrantes que la madre tierra nos deja de vez en cuando



y algunos privilegiados saben captar como nadie. Para muestra un botón.


Puesta de sol en Punta Cabalo (de Miro Caamaño)

El pintor de la mar y del fin del mundo




Un 28 de enero de 1908, hace justo ahora 100 años, nació en Coruña un hombre en cuyos ojos se podía ver reflejado el mar del fin del mundo. En vida no fue un pintor de renombre, como tantos otros, pero alcanzó en sus últimos años la categoría de mito viviente por su modus vivendi, más próximo a la bohemia maldita que al viejo maestro.


Para hablar de él se pueden usar palabras adornadas y barrocas (como las que usan en la Wikipedia y en la galería de la Colección Caixanova donde, por cierto, se pueden ver en un tamaño bastante decente algunas de sus obras) o palabras de andar por casa o por la taberna, como las que usan el pintor Antón Patiño y el polifacético Xurxo Souto en este vídeo en gallego (se entiende bastante bien).


De Urbano Lugrís se pueden contar muchas y muy interesantes historias, pues su vida se llenó de amistades sinceras (algunas malogradas por la guerra) como la del poeta Federico García Lorca y la del pintor Rafael Alberti (más tarde volcado en la poesía); de luchas y aventuras de uno y otro lado (como su embarco en las Misiones Pedagógicas, durante la República, en la creación de la Revista Atlántida entre los años 1954 y 1956, y en el yate Azor del Generalísimo Franco para pintar algunos camarotes); de tabernas coruñesas, santiaguesas y viguesas; de tertulias y cafés de postín... y de muerte en el antiguo hospital municipal de Vigo, donde sólo los más pobres acaban muriendo.


Sobre su obra se han dicho infinidad de cosas, ya que para gustos hay colores, y se la ha tachado de: surrealista, barroca, goticista, naif y decadente.



Su inspiración, aparte de la que evidentemente la mar le proporcionaba, brotaba de la mitología y de su rico imaginario personal, labrado en lecturas y trastiendas, en tascas y cafés.



Sus fuentes artísticas pasan por Francis Picabia, Max Ernst y René Magritte entre los modernos, y por Pieter Brueghel "El Viejo"o Jan Van Eyck entre los clásicos.



Entre sus pinturas animales fantásticos y mundos de leyenda: San Brandán y su mágica isla, Odiseo / Ulises y su agotador viaje, Hércules y su dilema... faros del fin del mundo, conchas imposibles, arquitecturas fantásticas.


Lo mejor, sin embargo, es acercarse a los museos donde hay expuesta obra suya, como el vigués Museo Municipal de Vigo "Quiñones de León", donde estos días podemos disfrutar de la exposición monográfica "Lugrís. Viaxe ao mundo de Ulyses Fyngal ", cuya inauguración se hizo coincidir con el día en que se celebraba el vigésimo quinto aniversario del fallecimiento del pintor, y que durará hasta el día 22 del mes que viene... o la que ha montado en A Coruña la Fundación Caixa Galicia "Urbano Lugrís, nos fondos da Colección Caixa Galicia" que permanecerá abierta hasta el 16 del mes que viene, y de la que aquí os podeis ir haciendo una idea.


En ella, además de los fondos propios del Museo expositor, se pueden encontrar otras procedentes del de Pontevedra, del de Bellas Artes de A Coruña, de las colecciónes de Caixagalicia, de la Universidad de Santiago de Compostela, de Puertas Mosquera, Carlos Vilas y de otros particulares.



A mi particularmente siempre me ha gustado su estilo fantástico de trazos dalinianos pero de clara inspiración atlántica. Si el catalán pintó los paisajes de Cadaqués y del Mediterráneo, el coruñés pintó la costa atlántica como nadie y, desde luego, de manera mucho más modesta.


He conocido gentes que le conocieron y que guardan recuerdos y anécdotas tiernas: lo conocí por medio de su autorretrato sin retrato; me saltó el corazón la primera vez que, subiendo las viejas escaleras de la librería Librouro, descubrí un mural inmenso a escasos centrímetos de mi rostro realizado en un estilo inimitable; admiré al personaje que se codeaba con la progresía intelectual viguesa de los años 60, como los Beiras, Patiño, Álvarez Blázquez ; me entristeció saber que en Santiago pagó la estancia en una pensión de la Rúa del Franco pintando un mural en el bar de la planta baja, y acabó por hundirme en la miseria saber que sus últimos años vigueses fueron los de un hombre sin un céntimo en el bolsillo pero siempre amable con quienes a él se acercaban reconociendo en su figura al viejo maestro curtido en mil batallas.


Sólo me resta sentarme una tarde en una esquina del Eligio, donde tantas veces pasó días enteros nuestro hombre, y bajarme unos cuantos mencías en compañía de cierto blogueiro catalán y cierta "prima" viguesa charlando y brindando en su memoria.



Como banda sonora os dejo un tema de Luar na Lubre cuya letra escribió un tal Federico y que forma parte de un disco cuya portada es absolutamente "lugrisina", como podeis apreciar.



Todos los cuadros de este post son de Urbano Lugrís, y han sido cogidos de Google imágenes.