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A falta de cinco días



Cinco días es el tiempo que resta para que vuelva a correr el maratón de Madrid. Llevo cuatro meses largos entrenando cinco días a la semana para que me salga mejor que el año pasado. Sin embargo esta noche eso fue lo de menos.



El entrenamiento de hace un rato consistió en correr fácilmente durante una hora. Nada más y nada menos. Hacía mucho tiempo que no me olvidaba completamente de controlar mi ritmo, mi respiración, mi zancada, cada minúscula sensación en las piernas, en cada latido... en lo bien o mal que entra y sale el aire de mis pulmones.



Esta noche he vuelto a escuchar el crujido añejo de las maderas del puerto deportivo curtidas por la sal y el sol. He vuelto a henchirme del aroma almibarado de la glicinas por el simple placer de respirar. He recuperado la admiración por cada ola que golpea el casco de los veleros, por el tenue silvido del aire en sus jarcias y el cabeceo rítmico que parece saludar a quien a su lado pasa. He descubierto que a la luz de los focos del puerto también hay murciélagos revoltosos en discreta cacería, y que los amantes susurran deseos a esa media luna que hoy nos inunda.




Todo eso y más estaba ahí, pero había dejado de disfrutarlo. Espero que la renuncia haya merecido la pena y que, a la vuelta, todo siga en su lugar para volver a gozar de los anocheceres de mi puerto de Vigo.


Nota: Las fotografías son de mi zona habitual de entrenamiento, aunque algunos detalles han cambiado desde que las hice, hace ya casi dos años.


Estamos locos ¿y qué?



En mi equipo de atletismo (ahora que estoy federado en un equipo que hemos montado un grupo de locos) tenemos un grupo de “malucos” siempre dispuestos a subir
y bajar por esos montes de dios: Jeff, Miguelbn, Banderas, Toniofrancia, Canido, Agüita, Linkinpark (cuando no está lesionado) son solo una pequena muestra. Si ademáis hablamos de andainas entonces el grupo crece considerablemente: Pili, Fifthelement, Xana, Gerardo y Yolanda...no sé si me olvido de alguien.

El caso es que hace unas pocas semanas algunos de nosotros participamos en único maratón de
montaña que hay por estas tierras... y eso que hay unas cuantas carreras de montaña famosas y dignas de mención, pero solo una tiene la honra de recordar al viejo Filípides. Penedos do Lobo es, además, reconocida a nivel nacional como una prueba merecedora de las más altas calificaciones en cuanto a recorrido, dureza y hermosura. Por algo forma parte del Circuito Alpino de carreras de montaña junto con las famosas Galarleiz, Jarapalos e el Maratón Alpino Madrileño... casi nada, vamos.

Esta vez participamos tres miembros ya oficialmente reconocidos del C.A.R. Marisqueiro (Jeff, Banderas e
Montxo) y otros dos que en aquel momento aún no lo eran (Toniofrancia y Miguelbn) pero que ya llevaban metida dentro la semilla de nuestro equipo: la amistad por encima de la rivalidad; el amor por el deporte más sencillo y natural; el hecho de disfrutar del ambiente antes, durante y después de las carreras; y la capacidad de sacrificio personal para ayudar a los compañeros en los momentos malos... el espíritu CARMA elevado a la máxima potencia.

Se desarrolla esta carrera por las tierras montañosas de la Sierra de Queixa, atravesando parte de los municipios de Trives y Chandrexa de Queixa, lo que supone un desnivel acumulado de 3.133 a lo largo de los 42 km. y poco, pero especialmente concentrado en tres puntos: la subida del cortafuegos que caracteriza los km. 12 a 14, prolongada un poco más hasta casi el km 16, aunque con menor pendiente; la bajada atroz y rapidísima por un sendero estrecho, serpenteante y lleno de matorral y piedras sueltas entre los km. 29 a 31 que nos lleva al pueblo abandonado de Parada; e la durísima ascensión a los famosos "Penedos do Lobo", no tanto por la pendiente que tiene o por la temperatura que ya acompaña a los corredores a esas horas de la mañana en esta ladera orientada al este sino por el cansancio que ya acumulan las piernas después de 35 km. de carrera, de otros 2 largos km.

El día se presentó fresco aunque amenazaba con elevar las temperaturas en las horas centrales
del día hasta casi los 30 grados en algunos puntos del recorrido, y de hecho en la salida la mayor parte de los participantes llevaba gorra para el sol al mismo tiempo que usaba "braga" en el cuello. El ambiente en la salida parecía una fiesta. Todo eran saludos, apretones de manos, nervios, abrazos y deseos de buena suerte para los compañeros y rivales a partes iguales... otra de las peculiaridades de este tipo de competiciones en las que se vive un ambiente de camaradería envidiable. Las fotos de rigor son testimonio silencioso de lo que comento.

Salimos con puntualidad británica hacia los 42 km. con ritmo alegre pero con la cabeza pensando en los puntos c
ríticos. Así y todo un despiste a menos de 10 minutos de carrera hizo que metiera el pie izquierdo (el de mi pierna "mala") en el lugar que non debía. Mal comienzo para una carrera tan larga y donde los tobillos son tan importantes. Pasaron volando los kilómetros fáciles en la inmejorable compañía de Montxo e de su compañero Homedenejro, pero ahí estaba el cortafuego. Se acabó la fiesta y tuve que meter la reductora. La pierna izquierda respondía mejor de lo esperado pero la cuesta era mucho mayor que las que estoy acostumbrado a subir (y eso que me preparé para la montaña) y tuve que dejar marchar a mis compañeros y ver cómo me pasaban decenas de corredores y algunas corredoras.

Definitivamente esto iba a ser más duro de lo que yo pensaba, pero abandonar no forma parte de mi vocabulario habitual.


A punto de terminar la ascensión me saluda con voz alegre alguien por mi derecha. Era Toniofrancia, al que hacía mucho tiempo que non veía. Al parecer había llegado tarde y, por tanto, había salido de último, pero venía como una moto. Me dijo que su intención era hacer un entrenamiento de calidad en montaña, ya que su objetivo real era la próxima Transgrancanaria Sur-Norte (una prueba de trail mucho más larga y dura que esta que estábamos haciendo) y como su compañero de entrenamientos estaba lesionado se encontraba solo. Me dijo que se quedaba conmigo, y así fue. Hasta el último metro no dejó de acompañarme y ayudarme anímicamente, y bien que se lo agradecí, porque hubo momentos en que habría abandonado de non ser por él. No llegué a decírselo, pero sí que lo pensé varias veces... en el Medio maratón y, sobre todo, en Paradela antes de la subida a los Penedos do Lobo.

Llegados a la cima de Cabeza de Manzaneda parecía que todo iba rodado, pero faltaba una segunda mitad que, según había dicho, era mucho más dura. Así fue. La bajada inicial no era peligrosa ni dura, pero se hizo algo lúgubre porque esa parte del monte había ardido hacía poco tiempo y el olor a quemado en la nariz borraba la sonrisa que la belleza del paisaje suele poner en la cara de los amantes de la montaña. Más tarde vendría la bajada estrella de la jornada. Como siempre, fui capaz de ir adelantando más gente de la que me adelantaba a mi (solamente una mujer) mientras duró la cuesta abajo. Toniofrancia seguía allí, pegado a mi a pesar de que,
según él, lo suyo no son las bajadas. Por el camino pasamos a un chaval que, al parecer, se había torcido un tobillo, y para el que ya habían pedido un equipo de rescate, según nos dijo. En Parada comprobamos que acababa de llegar un helicóptero de la Guarda Civil de montaña (con base en Trives) y un rescatador se cruzó con nosotros. Le dijimos a qué distancia estaba el herido y seguimos camino. En el avituallamiento había otro participante en la carrera tirado en el suelo, víctima también de las piedras sueltas en la peligrosa bajada que acabábamos de pasar.

Trotamos suavemente el resto de los kilómetros hasta Paradela, un sube y baja sin demasiadas complicaciones que transcurre por lugares absolutamente deliciosos: entre bosques, prados, regatos y suaves colinas. Después, en Paradela, avituallamiento líquido y sólido abundante y un momento de respiro. Queda por delante la peor de las cuestas u ya el sol quema en las espaldas. Fotos de rigor gracias al compañero de entrenamientos de Toniofrancia y muchos ánimos.

Salimos de Paradela entre callejuelas casi abandonadas a su destino, y apenas a 500 metros vemos la ladera que tendremos que subir. Manchas pequeñas de colores salpican una senda apenas visible. Unos llevan bastones, otros solo sus piernas, y todos cansancio y sufrimiento. Mis piernas están muy cansadas. Cada paso que doy tengo que
animarlas a seguir. Especialmente duro es mover la pierna izquierda, que ya venía tocada de casa, y cada vez que la subo pienso que voy a tener que cantarle algo para ver si así se anima. Paro una, dos, tres, cuatro... Hasta seis veces tengo que parar a respirar, estirar algo las piernas y contemplar lo que ya dejamos atrás para darme moral. Si miro adelante igual lo pienso dos veces y lo dejo todo. Tonio me dice que esté tranquilo; que no hay prisa; que si no llegamos en 5 horas y media ya llegaremos en 6; que lo peor ya pasó y que piense en que cada vez queda menos. Digo que sí y eso me reconforta. Seguimos adelante y volvemos a tener una visita de su compañero, que nos saca más fotos y nos comenta que ya casi hemos llegado arriba. Tiene razón. Un kilómetro más y ya estamos en el avituallamiento del km. 38, justo al pie de otro pequeño cortafuego (este no le llega a la planta del pie al primero que tuvimos que subir ni en pendiente ni en longitud) que superamos con relativa facilidad.

Arriba de todo encontramos una pista de tierra que
nos lleva, subiendo solo un poquito, hasta la vertical de la meta pero por arriba. Se escucha la megafonía a lo lejos y eso da ánimos para trotar un poco. No queda nada, pero los metros no dan pasado. Nadie por delante a la vista ya. Por detrás tampoco se mira a nadie. Nosotros a lonuestro, que es llegar lo mejor posible para la foto. El trabajo ya está hecho: una bajada a la derecha, un giro o dos más y ya estamos. Cojo a Toniofrancia de la mano e las elevamos en señal de victoria. Sacamos las gorras de la cabeza para salir bien en la foto y sonreímos. Toniofrancia aplaude. Mi sonrisa no puede ser más significativa: le ganamos; vencimos a la montaña; nos costó casi seis horas, pero cumplimos el objetivo; llegamos sufriendo más de lo justo pero lo logramos.


Non hay que llegar antes que nadie.
Tanto da llegar más tarde que otro.
Hay que llegar vivo y disfrutando del momento.
Hay que tener espíritu CARMA.

Fotos: algunas las hizo el compañero de entrenamientos de Toniofrancia, otras son "prestadas" de la web de la carrera. Podéis ver muchas de ellas y más aún en este vídeo.

Primer entrenamiento en O Grove



Casi un año después del último que salí a rodar por O Grove, he vuelto a tomar contacto serio con su asfalto y sus onduladas carreteras. Atardecía ya cuando me calcé las viejas “zapas” Mizuno (las primeras que tuve de esa marca, y cuyo modelo a día de hoy sigue siendo un misterio sin resolver) a las que aún sigo sacando partido porque todo lo resisten las muy desgraciadas.

En el plan del día aparecían 16 kilómetros y, como no me acordé de traer el GPS con el que suelo salir a rodar, preferí no arriesgar por una ruta desconocida y tirar hacia una distancia que ya tengo controlada del año pasado. Ir y volver desde el camping hasta O Grove por la carretera que bordea la península del mismo nombre por el oeste y el norte suma esa distancia exactamente, e incluye un plus de cansancio pues cuenta con un par o cuatro de cuestas de las que realmente marcan la diferencia entre un perfil simplemente sinuoso y uno verdaderamente duro.

La temperatura, aunque algo elevada, resultaba agradable porque la eterna brisa que azota la costa de este municipio compensa con creces los efectos del calor. El sol, además, comenzaba ya a mostrar síntomas de cansancio en su declinar hacia poniente y sus rayos resultaban más agradables que apenas una hora antes.


Una de las vistas que puedo ver en mis entrenamientos

Ataqué la primera subida con ánimo y prudencia ya que era consciente del recorrido que me esperaba, pero aún así noté enseguida que mi estado físico era ligeramente mejor que un año atrás. En las primeras bajadas no me lancé a lo loco sino que, consciente de que lo que estoy preparando es un maratón (y además de montaña), preferí recuperar fuerzas sin acelerar el pulso más de lo necesario. Cuando uno está cogiendo fondo físico lo de menos es acelerar el corazón y lo más importante es acostumbrarlo a un esfuerzo constante durante un tiempo prolongado. Mientras eso sucede, el ritmo de carrera permite detenerse en el viejo hábito de comparar los recuerdos con el momento actual: un bosque de eucaliptos a la izquierda que ha desaparecido y ahora nos deja ver la isla de Sálvora recortándose contra el horizonte; otro bosque de pinos que ha desaparecido sin dejar mayor recado que un cartel de “Se vende” y un número de teléfono; un triángulo de unos 300 metros cuadrados al borde da la carretera que ha ardido no ha mucho… en fin, lo de siempre en esta tierra tan elemental.

Digo lo de elemental por varias razones, no siempre despectivas. Por un lado es bien cierto el hecho de que las cosas que cambian casi siempre son las mismas, y eso hace que ese “sota, caballo y rey” sea la base del progreso, o del simple cambio, o del paso del tiempo sin más florituras. Ahí es donde encaja a la perfección el calificativo elemental aplicado a mi tierra gallega. Sin embargo no es menos cierto que esta zona en particular (y cuando hablo de esta zona me refiero al Grove y a la isla de Ons y sus acólitas Onza y Onceta) se caracteriza por conjugar los cuatro elementos básicos que conforman el mundo, según el saber de los antiguos: la tierra en toda su simplicidad y su crudeza; el aire que nunca abandona su labor –como bien saben todos los que han vivido alguna temporada en esta avanzadilla sobre el atlántico- hiriente y balsámica; el agua que prácticamente rodea ambos lugares –si bien el Grove es una península el istmo que la une a tierra firme no es sino una lengua arenosa que el viento y las mareas han ido formando con el paso de los siglos- y que embravecido azota sus rocosas costas; y el fuego primigenio que tanto arraigo tiene (quien haya estado en Ons sabrá que hay tradición pirómana entre los isleños) y pasión levanta entre las gentes del lugar.

En fin, que al cabo de cuatro o cinco kilómetros, no sé exactamente cuántos, volví el rostro hacia el noroeste, y descubrí varias figuras encarnadas revoloteando en la línea que separa la tierra del mar. Los aficionados al “kite surf” encontraron que la brisa que a mi me refrescaba para ellos era el alimento que henchía sus velas, cuyo colorido, destacando en el contraluz, alegraba el paisaje aportando esa nota distinta.

Seguí mi camino intentando recordar cuándo tocaba subir y cuando bajar; cuándo el falso llano puede pasar factura y cuándo la cuesta no permite recuperarse del esfuerzo… y a la par encontré la misma viejecita acompañada por el mismo perro que un año atrás, tejiendo ella hermosas trenzas de cebollas otra vez, reposando su viejo cuerpo el animal en idéntica actitud indolente.

Unos metros más adelante recordé que tengo una cita pendiente con un restaurante de la zona descubierto con ocasión de mi tercer recorrido por esta ruta. Dos veces pasé delante de sus muros sin fijarme en las letras metálicas que decoraban una sencilla fachada de estética minimalista. La tercera me llamó la atención el atril con la carta, expuesto a la entrada, y no pude evitar interrumpir el entrenamiento para echar un ojo a la propuesta culinaria. No recuerdo ahora los detalles, pero sí la sensación de unos nombres no por rebuscados menos interesantes… y en ese preciso momento me prometí reservar una ocasión especial para cenar allí. Igual habría que esperar un par de años, ya que los niños aún son pequeños para atreverse con platillos de extraña factura, pero la idea fraguó en ese preciso instante. Sólo espero que el local resista los embates de la maltrecha situación económica del país y aguante al menos hasta que yo pueda encontrar la ocasión de ir. Creo que puedo seguir manteniendo la esperanza de ir algún día y catar sus delicatessen, la carta seguía puesta a modo de cebo en la puerta de entrada.


Uno de los "platillos" que nos ofrecen en el famoso restaurante... ¡qué pinta!

Pasé la “costa” y giré de nuevo. Con cada cambio de dirección la sombra que me acompaña con su rítmico movimiento de brazos y piernas gira y se encoje o se alarga sobre el asfalto, recortándose contra un muro de piedra o desapareciendo entre el matorral. El aire de mi respiración y el azote del viento contra mis oídos son los sonidos que acompañan cada nueva zancada, y mi cuerpo aprende a escucharse a cada paso, a identificar si va cómodo o forzado en relación a sus posibilidades y la dificultad que el asfalto le plantea. Cosas así me recuerdan lo bien que explicaba Haruki Murakami su afición a correr, y espero no resultar tedioso con la mía.

De repente en un jardín una escena familiar llama mi atención: una madre lanza una pelota a su hija ante la mirada tierna del padre. Mi trote llama su atención, supongo que por lo poco habitual de alguien corriendo por el lugar, y de repente descubro que esa madre es una vieja compañera de estudios universitarios. La sorpresa no fue mucha puesto que yo ya sabía desde hacía un año que ella vivía por la zona, del mismo modo que ella sabía que yo acostumbro acampar por la zona. Sin embargo lo que yo no sabía era que aquella era su casa, a pesar de haber pasado en infinidad de ocasiones por delante en mis anteriores recorridos atléticos. Parada y saludo. Fórmulas de manual rayando la cortesía.


- ¡Qué alegría verte tan bien!
- Lo mismo digo. Así que esta es tu casa. Mira tú por dónde, con la de veces que pasé por delante.
- Es que resulta difícil de explicar.
- Bueno, siempre… en fin, ahora ya te tengo localizada.
- ¡Venga!¡No te pares que luego te coge el frío y ya se sabe!
- Pues sí. ¡Venga! Hasta luego!

Una lástima que los seres humanos, especialmente cuando las relaciones son entre entes de distinto sexo, nos pongamos autolimitaciones por miedo a que alguien entienda cosas que ni existen ni tienen por qué existir. Diríase que el compañerismo entre hombres y mujeres es una quimera, por no decir una falacia o una utopía. En fin, otra vez será… cuando no esté su marido delante… que pueda charlar un poco más con ella.

Tras esta fugaz parada de apenas unos segundos afronto los dos últimos kilómetros de ida (aún quedan los 8 de vuelta) con una larga y tendida ascensión hacia el “puerto” más destacado del día, y que tendré que afrontar en ambos sentidos: el de ida, más suave, el de vuelta muchísimo más duro. Bueno, depende de quién lo vea, porque muchos corredores prefieren las subidas a las bajadas… que también cascan lo suyo.

El regreso fue ya un descuento de distancia restante y un final de día maravilloso. Apenas crucé con tres o cuatro vehículos en todo el rato y quienes mejor me acompañaron fueron los miles de grillos que entonaban ya sus cánticos amorosos. Las primeras estrellas comenzaron a asomar tímidas en el cielo y el azul del cielo adquirió un embozo oscuro que todo lo envolvió. Así da gusto volver a los entrenamientos.



Fotografías tomadas de la web del restaurante "Culler de pau" dentro del Grupo Gastronómico Galicia (Nove)



MAPOMA: sensaciones encontradas.



Como ya hace mucho de esto no os voy a contar toda la película. Solamente unas imágenes y un pie de foto son suficientes para este retorno a la vida blogueril.





El día anterior al Mapoma en la Feria del Corredor, flipando con Haile Gebrselassie



El recordman mundial de maratón con 2h 03m 58s en Berlín es todo encanto.




Parte de mis armas de guerra: linimento, vaselina, tatoo de ritmos, esparadrapo suave y pulsómetro con GPS.



La indumentaria de mi equipo de atletismo (ya estoy federado) con el dorsal ya puesto.



La calle de Alcalá poco antes de las 8 de la mañana. Hoy puede ser un gran día.




Con mi compañero de equipo (Jeff), y dispuestos a ver qué sale hoy. Alea iacta est.



Bonito luce el tatoo... a ver si me sirve de algo. Por probar que no quede.



Finalmente conseguí mi objetivo por unos segundos, y mejor marca personal en maratón.
Tiempo neto: 3h 29 min. 26 seg. (y eso a pesar del día que hizo)




Con Papabaloo, un compañero y ahora amigo que me acompañó los 25 primeros km.



Por los poros de la piel me salía más alegría y orgullo que sudor.



Y por la tarde, de nuevo al cesped del Retiro con la familia.

Panorama de aquí al verano.



Últimamente escribo poco o muy poco en este blog. Sin embargo eso no quiere decir que me haya olvidado de él, ni de la blogosfera, como bien saben quienes me leen con cierta asiduidad.

Además tengo un poco dejado de mano eso de escribir sobre las carreras y el mundillo del atletismo, pero no es porque lo haya dejado, sino porque ahora que estoy federado y formo parte de un club de nueva creación (somos poco más de una docena de socios y socias) tengo otro blog más en el que expresar esa faceta de mi vida. Para muchos de nosotros algo así era un sueño y se ha convertido en realidad.

Sin embargo hoy me apetece comentar que los retos atléticos más importantes de este año ya se van perfilando en el horizonte.

Para empezar, quiero participar en el MAPOMA (para los legos en la materia se trata del Maratón Popular de Madrid) por primera y espero que no última vez. Esto será el 25 de abril.

Sin embargo antes de esa fecha tengo un par de compromisos ineludibles: la Vig-Bay, que es una media maratón que sale de mi ciudad; la IV Carrera campo a través de O Corgo-Corrubedo, cita ineludible puesto que he participado en ella en las 3 anteriores ocasiones y de estas ocasiones guardo preciosos recuerdos y amigos; y, probablemente alguna más. Se perfilan como firmes candidatas la Media Maratón Ciudad de León o los 10 Km. Ciudad Universitaria de Vigo (una o la otra, porque coinciden ambas) el día de mi cumpleaños. ¿No os parece un plan perfecto para ese día?



El segundo gran objetivo es otra gran carrera, tanto por la distancia (50 km.) como por el recorrido.



Se trata de la Ultra Trail Geira Via Nova Romana, una carrera absolutamente diferente porque discurre por una verdadera vía romana, la Via XVIII (clasificada como Patrimonio Nacional en Portugal) del Itinerário de Antonino que unía Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga).



Es un extraordinario complejo arqueológico romano que mantiene prácticamente intactos, a lo largo de más de 30 kms, puentes, muros, casas e la mayor concentración de miliários epigrafados de la Peninsula con inscripciones entre el siglo I y el siglo IV DC.



Los paisajes por los que pasa la prueba también son impresionantes, ya que forman parte del Parque Nacional de Peneda-Gerês, que es el único Parque Nacional que existe en Portugal.



Como prueba de estas afirmaciones os dejo una selección de fotografías que el organizador de la carrera y alma mater del asunto, José Moutinho (uno de los pioneros de las carreras "ultramaratonianas" en su país), ha ido dejando en diversos foros de atletismo a modo de publicidad.



Para después del verano aún no lo tengo claro, así que por ahora no voy a contar más porque no quiero agotar.


Se acabó el año "umami"... por fin.



A diferencia del pasado año 2008, en que no pude hacerlo por lesión, cerré el 2009 corriendo la San Silvestre Solidaria que se celebra desde hace ya cinco años en mi ciudad. Lo cierto es que aunque el día se había mostrado hosco en general, nos respetó durante el precalentamiento, la carrera y la fiesta final. Se trata de una carrera no competitiva (porque no hay premios ni clasificación) y solidaria (porque se entregan alimentos no perecederos al recoger el dorsal) en la que nos encontramos una gran parte de los atletas populares de Vigo y alrededores, en una fiesta para celebrar nuestra común afición y el fin de un ciclo... de un año más que se nos va de las manos.



Lo nota triste del día la puso la noticia de que la madre de un compañero y amigo de carreras había muerto escasamente un par de horas antes literalmente en sus manos ... e iban dos en menos de diez días. El padre de otro buen amigo y compañero de carreras (y de equipo, para más señas) nos dejó este mundo para alivio suyo y de su familia. Ambas muertes cerraron un año marcado por cosas para recordar y cosas para olvidar, pero que dejó una sensación general tirando a agridulce.



Sin embargo, en medio de ambas hubo otra muerte próxima en lo físico que supuso un respiro e incluso yo diría que una alegría. Un hombre que amargó buena parte de mi infancia, que me hizo temer el regreso del colegio en solitario a casa de mis padres por miedo a topármelo en el portal, acabó voluntariamente con su vida la mañana de nochebuena.

Sé que no debe uno alegrarse con las desgracias ajenas, ni con la muerte de nadie, pero yo me alegré en cierta forma pensando en que al final la vida pone a cada uno en el sitio que se merece. Desconozco las causas que le llevaron a tomar esa decisión, pero creo que si trataba de resolver un problema desde luego con eso no lo solucionó, y a su familia (católicos practicantes ellos) le ha dejado para siempre un desagradable recuerdo que jamás olvidarán.



Este año, como digo, ha sido agridulce tirando a amargo, lleno de claroscuros. En mi época nos enseñaban que había cuatro sabores básicos (ácido, amargo, dulce y salado), pero desde hace algún tiempo (ignoro cuánto) a los niños les enseñan que hay un quinto sabor de difícil catalogación. A este sabor lo han denominado por su nombre japonés, umami, porque en las lenguas occidentales no había ningún vocablo adecuado para definirlo. Pues algo así me pasa a mi con este año que terminamos hace nada. Para mi 2009 será de ahora en adelante el "AÑO UMAMI".

Sólo espero que este 2010 que ahora inauguramos sea un poco menos malo que el pasado. Ya no digo mucho mejor... ni siquiera mejor... sólo un poco menos malo.

Maratona de Oporto 2009 (la película)




La tarde y noche anterior a la "maratona" (he decidido que a partir de anteayer mismo ya no voy a tener duda en cuanto al género aplicable a la distancia que esa palabra representa) la pasé con un buen grupo de amigos y amigas aficionados (en mayor o menor medida) a esta locura de las carreras populares. El ambiente distendido no evitó, sin embargo, que durante toda la noche mi sueño no pasara de una duermevela tensa que hizo que, incluso, me quedara dormido más tarde que mi nervioso compañero de "celda". La próxima vez le hago caso a un tal Mincha e incluyo un relativo "dopaje" para descansar en condiciones.

Sonó el despertador a la hora prevista (6:15 de la madrugada, hora portuguesa, una hora más en España) y procedí a ponerme algo de ropa decente para bajar a desayunar con los compañeros. En mi anterior experiencia maratoniana apenas había desayunado un par de tortas de maíz y una botella de bebida isotónica y, sinceramente, eso también tuvo que ver en mi bajo rendimiento de aquella ocasión. Ayer me dije que era mejor llevar algo de peso extra en el estómago, ya que tiempo habría para quemarlo de sobra. De esta forma tomé un bol con 5 cucharas soperas de muesli mezclado con un yogur, una rebanada de pan con dos lonchas de jamón cocido y una buena taza de café con leche.

Subimos a darnos una ducha, afeitarnos y vestirnos para la ocasión. Además del ritual normal en este tipo de ocasiones, la de ayer tenía el valor añadido de que la indumentaria que llevaría sería la del equipo de atletismo que tenemos en vías de legalización y registro.
  • Calcetines comprados para la ocasión (pero probados ya tres o cuatro veces).
  • Zapatillas compradas para la ocasión (pero con más de 250 kms. sobre sus suelas).
  • Mallas y camiseta del C.A.R. Marisqueiro (ambas usadas al menos en una ocasión o dos).
  • Vaselina en las zonas donde suelo tener rozaduras (ingles, axilas y pezones).
  • Esparadrapo hipoalergénico para cubrir los pezones (recomendación de mi amigo Khene).
  • Pulsómetro GPS con las baterías recargadas y comprobadas la mañana anterior (sin cinta de pulsómetro ya que me produce rozaduras bastante serias en la piel)
  • Cortavientos y pantalón de chandal para el tiempo de espera entre la llegada a la zona de salida y la entrada en el "cajón".
  • Cinturón de hidratación/alimentación (con dos barritas de cereales con chocolate, una bolsita con compota de manzana y plátano y dos botellas de isotónica de 150 ml.)
Además, en la bolsa que se deja para recoger después de la carrera:
  • Gel para calentar los músculos tipo linimento.
  • Botella de 1 litro con bebida isotónica para salir ya suficientemente hidratado (la acabé media hora antes de la salida).
  • Dos camisetas para poner al llegar a meta ya que el frío suele pillarme rápido una vez que dejo de correr.
A las 7:45 nos recogía en el hotel un autobús que iría, junto con otro en el que iban los "gacelos" (etíope, keniatas, etc.), hasta la zona de salida escoltado por un par de motoristas de la policía local de Porto... todo un lujo reservado a estrellas mediáticas como nosotros... en fin, alguien entenderá este comentario.


Los componentes de la expedición (casi) al completo.

Llegamos a la zona de salida y enseguida vimos al Sr. Jorge Teixeira de Runporto.com (organizador de esta y otras 6 carreras que se celebran desde hace unos años en Oporto: Corrida Día do Pai, Meia Maratona, San Silvestre, Corrida do Homem e da Muller, Corrida da Mulher, Corrida das Festas da Cidade de Porto, Corrida caminhada pelo Ambiente) como pez en el agua, coordinando a los voluntarios y profesionales de los más diversos aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de organizar una competición de esta magnitud, y con toda una tranquilidad aparente que me dejó anonadado.


Abusando de la confianza para estirar como es debido.

Mientras pasaban los minutos los nervios iban aumentando (sobre todo porque había recogido el dorsal a un par de personas que no acababan de aparecer) y me fui a hacer cola a los baños (experiencia que no tengo el menor interés en repetir... prefiero una esquina o un árbol cualquiera). De repente veo la hora y me doy cuenta de que aún no me he dado la crema para los músculos ni he entregado la bolsa con la ropa para la vuelta. Allá me voy a toda velocidad y, con los nervios y las prisas me olvido de sacar el cinturón de hidratación. Menos mal que había dejado la bolsa próxima al borde del camión y la localizaron rapidamente.


Plano del recorrido hecho con el Garmin GStart de mi pulsómetro con GPS

Cuando volví al lugar donde estaban mis compañeros ellos ya habían volado hacia el cajón de salida, así que allá me fui entre prisas y juramentos varios. Una vez dentro me adelanté hasta la mitad del grupo de maratonianos y estiré algunos músculos que aún no había tocado e intenté localizar al resto del equipo. Lo conseguí con la mirada, pero en cuando dieron la salida fue del todo imposible alcanzarlos, así que enfilé el primer kilómetro con su impresionante cuesta con relativa tranquilidad, ya que la masa de gente corriendo tampoco permitía muchos lujos. Al cabo de un par de minutos me pasa como una flecha un compañero del foro (MKM) luciendo camiseta de otro foro distinto (ya veo que lo suyo son los foros de atletismo). ¡Caramba cómo va la gente!

Yo sigo a mi bola cuando me pasa el compañero Mincha acordándose de la hora en que se le ocurrió anotarse a la Family Race para, finalmente, tirar del grupo grande del equipo hasta el km. 10. "¡¡Más de un kilómetro para pillarte a ti!!" me dice. No le queda nada hasta alcanzar a los que van en cabeza. ¡¡Animalito!!

Durante los primeros 8 kilómetros me resultó difícil, por no decir imposible, controlar el ritmo de carrera. Las razones, muy sencillas: por una lado, al salir juntos tanto los de la maratona como los de la family race (una carrera más corta, de tan sólo 14 kilómetros) resulta casi imposible no dejarse llevar por el ritmo de la mayoría de la gente; por otra parte, el recorrido es mayoritariamente en ligero descenso, y eso anima al más pintado. El peligro es que si vas más rápido te pasas de vueltas pronto, pero si te pasa mucha gente te da la sensación de que vas demasiado despacio. No sé, es complicado regular la velocidad cuando uno va solo... y eso que llevaba mi pulsómetro dándome a cada momento el ritmo de carrera.

En torno al kilómetro 9 vi delante mía a un hombre de unos cincuenta largos con una camiseta a modo de bandera española con unas palabras que venían a decir algo así como "Equipo español de maratonianos". Al llegar a su altura le pregunté, ni corto ni perezoso, que a por cuánto iba. Me dijo que a 3 horas 45 minutos y vi el cielo abierto, pues ese era mi objetivo. Así se lo comenté y seguí un rato con él, pero al poco me dice que yo voy algo más rápido y que me vaya... pero al cabo de un kilómetro escaso volvemos a encontrarnos y ya no lo solté hasta el kilómetro 31 y pico. Bueno, a él y a un grupo de 4 corredores más, todos de Pontevedra capital que tenían en un tal Julio el hombre a seguir... el marcador de ritmos. No sé cuántos maratones habría en aquellas 10 piernas, pero mi primer compañero confesó haber hecho ya 12 maratones (13 con el que estabamos haciendo). Formamos un grupo charlatán y bastante alegre que pasaba de vez en cuando a otros corredores y que también era rebasado de tarde en tarde. Los kilómetros iban pasando y mi vejiga daba muestras de dolor, así que comuniqué que me paraba (más o menos en la zona de bodegas de la orilla izquiera).

Cuando volví al adoquín (en esa sección no había asfalto por ninguna parte) me dije que merecía la pena intentar volver a enganchar con el grupo de referencia, así que durante casi otros 2 kilómetros me di un poco de caña (4' 48''/km y 4'56''/km) para alcanzarlos finalmente poco antes de la media maratón, que hice en un tiempo de 1 hora y 48 minutos aproximadamente.

Por el camino me crucé con casi todos los conocidos del foro correrengalicia.org, unos con más fuerza (Yosi y Beauvais, que hicieron unos tiempazos), otros dentro de lo esperado (Aguita y Jeff) y otros quejándose de su estado (Canido) y a todos procuré, como suelo hacer en todas y cada una de las carreras a las que voy, darles ánimo... aunque a esas alturas de una carrera no siempre están los sentidos para saludos.

En fin, mantuve el ritmo entre 5'03'' /km y 5'20''/km hasta el kilómetro 31 con la ayuda del famoso grupito de Pontevedra al que me enganché. Por cierto, gracias a ellos pude sentirme más protagonista de lo normal porque un grupo de españoles que esperaba el paso de la maratona en el puente de Dom Luís I y alrededores eran acompañantes suyos... uno incluso se paró para abrazar a (supongo) su compañera... mujer... en fin, lo que sea.

A partir del kilometro 30 el grupo comenzó a disgregarse. Recuerdo que uno de ellos había dicho algunos kilómetros antes una frase para recordar en cada maratona: "Si en el kilómetro 10 estás bien, sigue. Si en el kilómetro 20 estás bien, sigue. Si en el kilómetro 30 estás bien, empieza a correr". Pues en efecto, ni corto ni perezoso el mismo que había dicho esa frase dijo que se iba hacia adelante a ver si alcanzaba a otro de Pontevedra que llevaba como objetivo algo menos de 3 horas 30 minutos. Y dicho y hecho, en un plis plas paso de ir a 5'15''/km a 4'45''/km... y sin despeinarse el tío. Otro compañero me invitó a que siguiera al escapado, pero mi cabeza me dijo que aún no era el momento y seguí con el grupo.

En el kilómetro 31 el más joven del grupo (aparte de mi, claro) empezó a tener ciertos problemas de cansancio y el que marcaba tan bien el ritmo se descolgó de nosotros para acompañarle... un gesto que le honra, pues iba sobrado de fuerza. Así que nos quedamos mi primer compañero y yo... bueno, y un portugués de Lisboa que se había enganchado a nuestro grupo un par de kilómetros antes.

Seguimos de charla los tres que quedabamos. Llegamos al tunel que hay junto al puente e Dom Luis I y al pasar al otro lado compruebo que nos habíamos quedado solos el lisboeta y yo, mientras mi compañero pontevedrés se había descolgado unos 50 o 60 metros. En fin... el grupo estaba roto y sólo me quedaba seguir aguantando el ritmo que ahora marcaba mi compañero y al mismo tiempo rival portugués. Seguimos charlando, pero cada vez menos, ya que los ritmos pasaron a ser algo más rápidos. El objetivo a alcanzar ya estaba asegurado, salvo reventón de última hora, así que intenté amarrarme a esa tabla de 5'/km hasta el 40. En ese punto, como dijo mi camarada lusitano, se disparan las alarmas y se acaba la fiesta. Del 33 al 40 hicimos: 5'01'', 5' 08'', 4' 59'', 5'01'', 5'01'', 5' 04'', 5' 05'', 5' 00''. Estos ritmos hicieron que adelantáramos a gran cantidad de gente que había medido mal sus fuerzas o que notaban problemas musculares por la cantidad de tiempo trabajado, como el compañero Cacho, que aún tuvo fuerzas para darme ánimos cuando quien más los necesitaba era él. ¡¡Pobre, cómo le vi sufrir!!

El mar, a nuestra izquierda, rompía olas de cuatro metros contra las rocas próximas a la costa sin que apenas hubiera viento, lo que me hizo pensar en lo poderosa que es la mar de fondo, que no precisa de viento para remover conciencias. Esa idea de poder, de fuerza de la naturaleza, se hizo una constante en mi pensamiento, centrado ya en afrontar la última cuesta y acabar la carrera lo mejor posible. La mañana había estado lluviosa (creo que de los 42 kms no paró de llover más allá de un par de ellos a lo sumo) pero sin frio, y me acordé de dos de los tres largos más largos que hice en mi entrenamiento: la Pontevedra-Vigo y el último de 20 kilómetros, el domingo anterior, en condiciones incluso más adversas que las que estaba viviendo. Sentía la humedad sobre el cuerpo y la ausencia de molestias, pero también notaba que había bebido y comido de más (el miedo al tío del mazo que vino a por mi en Barcelona me hizo beber y comer más de lo necesario) así que no volví a "repostar" hasta pasado el 40... justo antes de empezar la subida.

Llega la subida, de apenas 500 metros, y el ritmo baja por momentos a 5'15''/km., pero al final nos cargamos el 41 en 4'57'', y yo notaba que las piernas, el corazón y los pulmones aún tenían margen de maniobra. A lo lejos ya se ven los hinchables y me pregunto si habrá trampa, como en la Vig-Bay, en la cual me paré en el primer hinchable que vi y aún quedaban más de 100 metros para la meta. Acelero un poco el ritmo y mi compañero portugués se mantiene casi a la par. De repente veo a Montxo, de Porriño, que ha venido a apoyar a Irdam y me dice algo así como "Neno ¿pero xa estás aquí? Vas como unha bala. ¡¡Dalle duro!!" y me saca una fotografía con el móvil que lo dice todo de mi alegría por la mejora de marca que aún no había conseguido pero sabía que estaba a la vuelta de la esquina... nunca mejor dicho.


Lo dicho: la satisfacción del trabajo bien hecho.
A mi izquierda (de verde) mi compañero lisboeta.


Sigo corriendo ya casi en un sprint, y veo a Mincha, que también me dice que estoy como una moto y que me recuerda que aún quedan 200 metros, le digo que sí, que en efecto estoy pasado de vueltas y empiezo a dar todo lo que me quedaba. No es mucho un sprint de 200 metros, pero después de casi 42 kilómetros puede hacerse interminable. Alargo la zancada y paso el segundo hinchable. Me saludan las chicas (Pili, Yoli, Ana) y la sonrisa borra el sufrimiento.

Estoy en la gloria y cuando giro hacia la izquierda, donde está LinkinPark con su pierna rota, me acuerdo de lo que nos decía cuando nos quejabamos de nuestras molestias: "Por lo menos vosotros podeis correr"... y eso hago. Corro hacia un reloj que marca mucho menos de lo esperado. Veo cómo avanzan los últimos segundos del minuto 35 (las 3 horas no me las quitaba nadie, claro) e intento desesperadamente llegar antes del cambio pero no fué posible. Tiempo bruto 3 horas, 36 minutos, 3 segundos. Tiempo neto 3 horas, 35 minutos, 43 segundos. Nueva marca. Bueno, segunda marca. Creo que va a ser dificil mejorar este tiempo. Medalla. Manzana, isotónica que me había sobrado, agua, charla con Beauvais (que esperaba turno para el fisio), estiramientos y de repente. ¡¡Dios mio!! ¿Ahi sirven cañas? No me lo puedo creer. Espero mi turno y ¡vaya hombre, se acabó el barril! Espero a que pinchen otro y mi turno... una cañita... ¡qué bueno! ¡lástima que el día no acompañe!


Perfil de la carrera (verde) obtenido mi pulsómetro con GPS y velocidad (azul) de carrera en Km/h.

Saludo a mi compañero portugués, José Oliveira, del G D UNIDOS CAXIENSES, que ha hecho 8 segundos más que yo. Me felicita y yo le correspondo agradeciéndole el buen ritmo que me ha ayudado a mantener. Luego me encuentro con mi otro gran apoyo, el pontevedrés Fernando Lafuente, que hizo 3 horas 40' 32''. Con él hubiera llegado más de acuerdo con mis espectativas, pero me encontré con la ocasión y la aproveché.


El careto que se me quedó el resto del día: la felicidad.

Empieza a cogerme el frio y decido salir de la zona de meta e ir a reunirme con mis amigos del C.A.R. Marisqueiro, con los cuales he compartido tantos largos dominicales y tantos buenos momentos. Hay mucho que celebrar:
  • Haber bajado 22 minutos respecto a Barcelona.
  • Haber llegado entero y con fuerza.
  • Haber evitado las lesiones y las molestias durante la carrera.
  • Estar más cerca de las 3 horas y media.
  • Estar vivo y como una moto (de hecho aún lo estoy).

El equipo a su regreso triunfal al hotel de "concentración"

Y ahora a comer como dios manda.

... y bien vendido que estaba.



Hace apenas un par de días (escasamente una hora antes de salir hacia Oporto) comenté que había respetado todas las "normas" para preparar un maratón como hay que hacerlo, ir como hay que ir, etc. y que esperaba que, en consecuencia, el maratón me saliera según lo planeado.


De camino a Oporto, todo optimismo

En una carrera de tal envergadura una rozadura se transforma en una ampolla. Ésta, a su vez, lo hace en un gesto incorrecto en la zancada. El gesto se traduce en una sobrecarga en un grupo de músculos y la sobrecarga puede acabar en una lesión que tire por tierra no sólo una carrera sino muchos meses de trabajo, tanto anteriores como posteriores.

Por otra parte un ritmo demasiado alto en un momento determinado de la carrera puede suponer la quiebra de la sutil armonía entre respiración, pulsaciones y demanda muscular de sangre oxigenada.

En definitiva, con todo esto quiero decir que no es una broma enfrentarse a semejante distancia. Sin embargo creo que no conviene tenerle miedo sino respeto.


La tarde anterior, de cachondeo.

Esa misma frase se la decía yo la noche anterior a la carrera a mi compañero de habitación y novato en la distancia. Creo que el buen hombre se había hecho la equivocada idea de que yo era una especie de experto en maratones cuando en realidad solamente había hecho una hasta anteayer mismo.


Los minutos previos: estirando, comentando y calentando.

Seguramente el haberme oído o leído opinando sobre el tema haya sido el origen de tal confusión, pero creo que mi carácter "humanista" y "enciclopédico" respecto de todo aquello que me apasiona también puede haber influido en que él tuviera esa sensación errónea sobre mi presunta experiencia maratoniana.


El equipo masculino casi al completo estrenando equipación.

Bueno, a lo que íbamos: la carrera de ayer. ¡¡Una pasada!! Jamás en toda mi vida pensé que me pudiera salir una carrera tan "redonda"... sobre todo después del palo que me llevé en mi primera experiencia maratoniana.

Pero esa es otra historia que contaré muy pronto y un éxito que debo en buena medida al entrenamiento que he hecho, de manos de una atleta de gran calidad gracias a esto de internet.

Nota: las fotografías son todas gentileza de los compañeros del C.A.R. Marisqueiro Mincha (Fernando) y Agüita (Ramiro)... bueno, de su cámara y el ojo de su mujer, Pili.