Dice el refrán que "Para gustos los colores" no voy a decir que sea de buen o mal gusto lo que les voy a mostrar. Simplemente, llamó mi atención por ser "diferente". Lo dejaré ahí.
Como gracias a mi último trabajo paso largas horas recorriendo caminos y callejas de todo el territorio municipal cámara en ristre, me resulta sencillo encontrar detalles surrealistas en los lugares más insospechados... como estos que hoy os traigo.
Algunos dirán: "¿Original? ¿Surrealista? ¡Si sólo se trata de un caballo!". Sí, en efecto, se trata de un caballo visto en medio de unas ramas... pero no es el único que adorna la propiedad en cuestión, como también se puede apreciar en la imagen.
Ignoro a quién pertenece la finca habitada de équidos por todas partes, pero adivino cierto fetichismo con dicho animal. Aquí os dejo el mismo caballo visto desde otro punto de vista, y acompañado por un "discreto" helicóptero "made in feito na casa" como dicen algunos en "mi pueblo".
Podría parecer algo normal tener un caballo en ese lugar pero resulta que se trata de la azotea de una vivienda y de una enorme figura de cerámica a tamaño natural. La colección no acaba ahí, sino que a lo lejos asoma airoso otro Bucéfalo, pero esta vez se trata de un hermoso bayo sobreelevado en lo que parece un podio. A su derecha podemos apreciar la presencia de un molino de viento en claro contraste con el helicóptero, pero de similar factura. El muro del fondo no tiene desperdicio, literalmente. Y es que se trata de una obra de arte reciclado, hecha con recortes de mármol y piedras diversas... ¡sabe dios de dónde las sacaron!.
Pero no queda ahí la cosa, ya que girando nuestra mirada a la izquierda no encontramos con otro équido colocado, igualmente, sobre un soporte que facilite la visión de tan magnífico ejemplar desde varios kilómetros a la redonda y, si me permiten, incluso desde el cielo.
Lo acompaña, otra vez, un molinillo de viento pensado, supongo, para pasar desapercibido. Pero ¡qué narices! ¡si son los colores de la enseña nacional!
Lo acompaña, otra vez, un molinillo de viento pensado, supongo, para pasar desapercibido. Pero ¡qué narices! ¡si son los colores de la enseña nacional!
No puedo reprimir mis instintos y me acerco a admirar la esplendida figura que adorna la esquina más próxima de la finca de mis cuitas. Se trata de un ejemplar magnífico convenientemente adornado para la navidad (confieso que las fotografías son del pasado día 23 de enero) con un par de racimos de bolas a juego con los colores predominantes en la finca (cfr. supra molinos de viento) y una manguera luminosa envolviendo sus cuartos traseros y delanteros, grupa, cruz... en fin, todo él. No falta tampoco el toque personalísimo de color a la base sobre la que se apoya el animal... ni que decir tiene, claro.
¡Esto es amor a los animales!
P.D. Ni que decir tiene que llegué a la oficina con los ojos como platos por la impresión... y me pedí un colirio.
P.D. Ni que decir tiene que llegué a la oficina con los ojos como platos por la impresión... y me pedí un colirio.