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A falta de cinco días



Cinco días es el tiempo que resta para que vuelva a correr el maratón de Madrid. Llevo cuatro meses largos entrenando cinco días a la semana para que me salga mejor que el año pasado. Sin embargo esta noche eso fue lo de menos.



El entrenamiento de hace un rato consistió en correr fácilmente durante una hora. Nada más y nada menos. Hacía mucho tiempo que no me olvidaba completamente de controlar mi ritmo, mi respiración, mi zancada, cada minúscula sensación en las piernas, en cada latido... en lo bien o mal que entra y sale el aire de mis pulmones.



Esta noche he vuelto a escuchar el crujido añejo de las maderas del puerto deportivo curtidas por la sal y el sol. He vuelto a henchirme del aroma almibarado de la glicinas por el simple placer de respirar. He recuperado la admiración por cada ola que golpea el casco de los veleros, por el tenue silvido del aire en sus jarcias y el cabeceo rítmico que parece saludar a quien a su lado pasa. He descubierto que a la luz de los focos del puerto también hay murciélagos revoltosos en discreta cacería, y que los amantes susurran deseos a esa media luna que hoy nos inunda.




Todo eso y más estaba ahí, pero había dejado de disfrutarlo. Espero que la renuncia haya merecido la pena y que, a la vuelta, todo siga en su lugar para volver a gozar de los anocheceres de mi puerto de Vigo.


Nota: Las fotografías son de mi zona habitual de entrenamiento, aunque algunos detalles han cambiado desde que las hice, hace ya casi dos años.


Panorama de aquí al verano.



Últimamente escribo poco o muy poco en este blog. Sin embargo eso no quiere decir que me haya olvidado de él, ni de la blogosfera, como bien saben quienes me leen con cierta asiduidad.

Además tengo un poco dejado de mano eso de escribir sobre las carreras y el mundillo del atletismo, pero no es porque lo haya dejado, sino porque ahora que estoy federado y formo parte de un club de nueva creación (somos poco más de una docena de socios y socias) tengo otro blog más en el que expresar esa faceta de mi vida. Para muchos de nosotros algo así era un sueño y se ha convertido en realidad.

Sin embargo hoy me apetece comentar que los retos atléticos más importantes de este año ya se van perfilando en el horizonte.

Para empezar, quiero participar en el MAPOMA (para los legos en la materia se trata del Maratón Popular de Madrid) por primera y espero que no última vez. Esto será el 25 de abril.

Sin embargo antes de esa fecha tengo un par de compromisos ineludibles: la Vig-Bay, que es una media maratón que sale de mi ciudad; la IV Carrera campo a través de O Corgo-Corrubedo, cita ineludible puesto que he participado en ella en las 3 anteriores ocasiones y de estas ocasiones guardo preciosos recuerdos y amigos; y, probablemente alguna más. Se perfilan como firmes candidatas la Media Maratón Ciudad de León o los 10 Km. Ciudad Universitaria de Vigo (una o la otra, porque coinciden ambas) el día de mi cumpleaños. ¿No os parece un plan perfecto para ese día?



El segundo gran objetivo es otra gran carrera, tanto por la distancia (50 km.) como por el recorrido.



Se trata de la Ultra Trail Geira Via Nova Romana, una carrera absolutamente diferente porque discurre por una verdadera vía romana, la Via XVIII (clasificada como Patrimonio Nacional en Portugal) del Itinerário de Antonino que unía Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga).



Es un extraordinario complejo arqueológico romano que mantiene prácticamente intactos, a lo largo de más de 30 kms, puentes, muros, casas e la mayor concentración de miliários epigrafados de la Peninsula con inscripciones entre el siglo I y el siglo IV DC.



Los paisajes por los que pasa la prueba también son impresionantes, ya que forman parte del Parque Nacional de Peneda-Gerês, que es el único Parque Nacional que existe en Portugal.



Como prueba de estas afirmaciones os dejo una selección de fotografías que el organizador de la carrera y alma mater del asunto, José Moutinho (uno de los pioneros de las carreras "ultramaratonianas" en su país), ha ido dejando en diversos foros de atletismo a modo de publicidad.



Para después del verano aún no lo tengo claro, así que por ahora no voy a contar más porque no quiero agotar.


De noche y de día. Por tierra y por mar.



Este fin de semana extraño seguí con mi habitual tónica de hacer montones de cosas. Parece que la vida me reclame desde norte y sur, que tenga una personalidad absolutamente dispersa y unas aficiones dispares que pudieran hacer pensar en un transtorno bipolar (por decir algo).

El jueves por la noche tuve cena con unos amigos y amigas que se prolongó en animada charla hasta algo más de las dos de la madrugada y, como el puerto estaba al lado y llevaba conmigo la cámara, decidí probar suerte con un proyecto fotográfico que tengo en mente desde hace meses: fotografiar los lugares por los que habitualmente entreno y con la luz ambiental con la que entreno. El resultado (incompleto) no está mal y me permite profundizar en las cosas que quiero hacer y qué resultados puedo esperar con el equipo que tengo. Por ahora una pequeña muestra es más que suficiente, y las cuatro de la madrugada no son horas para andar haciendo fotos ¿no?







El viernes por la tarde (de buena mañana tocaba mani) fui con la familia a ver (otra vez en el puerto) los barcos de la regata Tall Ships Atlantic Challenge 2009 que salió hoy desde nuestro puerto rumbo a Tenerife para luego continuar hasta las Bermudas, Charleston, Boston, Halifax y Belfast. Como las embarcaciones antiguas (bueno, en general las antigüedades) me encantan con ese aroma a alquitrán, salitre y madera tampoco pude evitar obtener una cuantas instantáneas... manías personales, supongo (aunque otra blogueira especializada en temas marítimos también estaba a lo mismo).

















Ayer sábado había quedado con otros colegas y sus familias para comer al pie del Monte Galiñeiro (en el ayuntamiento de Gondomar, pero cerca de los límites con Porriño y Vigo) y probar luego a ascender los algo más de 200 metros que separan el parque forestal de la cumbre.


Vista del Galiñeiro desde el parque forestal.

Evidentemente la cámara se vino conmigo y se trajo unos recuerdos estupendos de las vistas que hay en su cima, y como el día y la compañía ayudaban, prolongamos la jornada hasta que el sol se ocultó y, sin mayor aviso, nos dejó en penumbras.


Vistas del Val Miñor (Gondomar, Nigrán y Baiona) desde la cima.

Señal que indica la dirección a seguir hasta la cumbre.

Vistas hacia Vigo, con la presa de Zamanes y la Universidad a la derecha.

Poco antes de marchar las paredes rocosas reflejaban el color de la puesta de sol.


Menos mal que el domingo se hizo para descansar... y poner las fotos en el post correspondiente.


Un "recuncho" mágico en la Isla de Arosa




Este fin de semana tampoco ha estado mal en cuanto a actividades... en la Ría de Arousa. Hemos hecho noche en Vilanova (de Arousa) para ir a correr en Vilagarcía (de Arousa) una media maratón, claro... ¿qué sino? y de paso dimos una vuelta por la Illa (de Arousa) donde, entre otras cosas, visitamos un lugar del que ya me había dado referencias muy buenas mi hermano.



Se trata de un viejo faro que han reconvertido en restaurante al borde del mar. El acceso se puede hacer en coche, aunque el camino que arranca de la carretera general presenta un aspecto lamentable y asusta un poco. De hecho la opción de acercarse andando tampoco es que sea descabellada, ya que apenas hay 300 metros desde el cruce hasta el Faro de Punta Cabalo, que así se llama el lugar.



Se llegue como se llegue eso es lo de menos. El lugar en sí es alucinante: un montón de "penedos" (rocas de gran tamaño) sirven de base a este pequeño faro situado en el extremo noroccidental de la isla.



Al suroeste la Isla de Sálvora, al este y norte la orilla de la ría donde destacan poblaciones como Santa Uxía de Ribeira, Pobra do Caramiñal, Boiro y Rianxo con playas como la de Coroso, Cabío ,Tanxil Barraña...y la Serra do Barbanza abrazándolo todo. Al este el monte Xiabre, en cuya base se asienta Vilagarcía, la pequeña ciudad que encierra en sí misma la esencia y el poderío económico de la región.



A nuestros pies las frías pero claras aguas de la ría salpicano suavemente las rocas. Sobre nuestras cabezas nubes amenazadoras pero que aún no descargan sobre nosotros nos hablan de la primavera revuelta que tan pronto nos derrite con sus calores como nos hiela los huesos.



En medio de todo el sonido continuo del leve oleaje y alguna que otra gaviota llamando a sus compañeras, flotando como colgadas del cielo. El espectáculo de la naturaleza se ofrece en todo su esplendor y me imagino cómo puede ser un atardecer veraniego en una de las mesas que hoy no se han dispuesto pues nada hace presagiar que la tregua que el cielo nos ha concedido vaya a durar mucho.



No puedo hablar de la comida con voz propia pues no he reservado mesa y en la escueta sala apenas caben cinco o seis mesas, todas repletas. Sí tomo un café en la barra y aprovecho para ojear un álbum de fotos tomadas por el dueño (aficionado al submarinismo) en los bajíos próximos: anémonas, corales, nécoras, caballitos de mar (una colonia próxima al faro da nombre al mismo), congrios, corales, pulpos...



He llegado aquí porque las referencias me indicaron que merecía la pena, y confirmo lo dicho. Parece increíble, pero la gente llega hasta aquí porque el lugar bien lo vale. Prometo volver y reservar mesa... preferiblemente un atardecer soleado para poder gozar de la vida en uno de esos momentos vibrantes que la madre tierra nos deja de vez en cuando



y algunos privilegiados saben captar como nadie. Para muestra un botón.


Puesta de sol en Punta Cabalo (de Miro Caamaño)

Vigo Beers & Blogs (Versión IV)



Desde el blog Apuntes Gestión me avisan de un nuevo encuentro de aficionados a los blogs de Vigo y comarca. Esta será ya la cuarta edición del Beers&Blogs, y yo he estado en las dos últimas ediciones, así que creo poder opinar del asunto.


Logo del Beers&Blogs de Vigo (fuente Jesús López)

El evento, al que desde luego volveré a apuntarme, será este próximo viernes, víspera de festivo local de Vigo (la Reconquista) de la cual además este año se celebra el segundo centenario. Supongo que si habitualmente la gente que asistía lo hacía con espíritu festivo y desenfadado en la presente lo hará si cabe con más ganas de marcha.

Los datos fundamentales para apuntarse (aunque se puede aparecer de improviso, con nocturnidad y alevosía) son:

Dirección de correo del promotor: info @ jesuslopez.es
Datos a enviar: nombre y dirección del blog (si queréis aparecer en la lista de posibles asistentes)

Dia y Hora: Viernes 27 de MARZO - 19:30h

Lugar: Cervecería Estrella Galicia (Plaza de Compostela - Vigo)

Por lo demás, sólo me queda animar a quienes puedan y quieran venir a que asistan y que no se corten un pelo. La experiencia ha sido absolutamente positiva y enriquecedora... y además así le pones cara a algunos/as de tus "blogueiros/as" favoritos/as.


El sábado pasado un grupo de amigos y amigas blogueiros (algunas de ellas conocidas ya, y otros y otras aún no) se reunieron en la muy hermosa ciudad de Madrid para celebrar un nacimiento.

Esa tarde, a las seis en punto, venía al mundo entre hurras y vasos de cerveza una hermosa niña de nombre Clandestina. Pesó un montón (el papel debe ser de las cosas que más pesa a la hora de hacer una mudanza) y medía lo normal (a pesar de que algunas blogueiras rompían la media por encima otras lo hacía por debajo) y, como no, venía con un pan debajo del brazo.

Yo hubiera querido ir, pero un compromiso el viernes y otro el domingo hicieron que decidiera no pegarme el palizón que otras personas con más voluntad (o inconsciencia... no sé cual es el calificativo más adecuado) que yo sí se metieron entre pechos y espalda. Hoy es el día en que aún me arrepiento de no haber tenido las narices de cancelar ambos compromisos... ¡tampoco es que se fuera a acabar el mundo si yo no asistía!

El caso es que, en vista del éxito, decidí aprovechar la hermosa tarde de sol y nubes que había en San Vicente do Mar (O Grove) para hacer unas fotografías de la naturaleza... eso que tanto me gusta y siempre que puedo os acerco por aquello de dar un poco de envidia cochina.


Para empezar, en todo lo alto del cielo mi hijo mayor me avisó de la existencia de un arco iris (en galego "arco da vella") que, curiosamente, no se debía a la existencia de lluvia. Posiblemente haya que atribuirlo a algún fenómeno de congelación o similar en las capas altas de la atmósfera, como ocurrió no hace mucho.



Posteriormente decidimos bajar hasta las rocas (mi hijo mayor, que dice que de mayor quiere ser naturalista, y yo) donde divisamos un cormorán en medio y medio de una gran roca... más un punto sobre la i que algo realmente fotografiable... y por eso aproveché para hacer una toma lejana de la Isla de Ons... otra maravilla de la naturaleza gallega.




Como se mantenía atento a nuestros pasos pero no se movía decidimos ir aproximándonos con cuidado sacarle el mayor provecho posible a su tranquilidad. Él nos correspondió con sucesivas poses



e incluso algún amago de despegue




para, finalmente, abandonarnos a nuestra suerte



no sin antes advertirnos de la llegada a la zona de dos veleros.



La primavera que se nos acaba lo hizo con una luz algo dura, pero que consiguió que tanto mi hijo mayor como yo nos sintiéramos unos Félix Rodríguez de la Fuente durante casi una hora, saltando de roca en roca procurando no espantar al bueno del cormorán.




Vuelta a mis entrenamientos favoritos



Con la llegada del buen tiempo y la mayor duración de los días mis salidas a correr por las orillas del puerto se hacen más agradables, y creo que incluso más rentables espiritualmente.


Puerto deportivo del R.C.N. de Vigo

Hoy a las nueve y media de la tarde aún brillaba el sol por encima del horizonte y poco a poco, mientras trotaba rodeado de veleros amarrados en el puerto deportivo del Real Club Náutico de Vigo, fue ocultándose tras las lomas del Morrazo, al otro lado de la Ría.


Atardecer desde el Puerto de Transatlánticos de Vigo

Cuando llegué al cruce de Beiramar con la calle Coruña era ya de noche, pero por el camino tuve la oportunidad de ver menos de medio círculo solar fundiendo sus tonos de un naranja imposible en las caderas suaves de la tierra de mis ancestros, la villa de Cangas.


Puesta de sol desde el puerto de Vigo en meses más invernales.
(se sabe por la latitud en la que se se oculta)


Con un paisaje así y con la temperatura que estamos disfrutando estos días da gusto echarse a las calles enfundado en mallas y camiseta. Lo de menos es el ritmo por kilómetro o las pulsaciones por minuto... lo importante es amalgamarse con el ambiente y disfrutar de la vida.

Relajarse durante un rato y desconectar el cerebro de los problemas de más o menos importancia que arrastramos por nuestras pequeñas vidas es lo que más me gusta de esto de correr.


P.D. Esta entrada se la dedico a otra viguesa apasionada del mar, como bien demuestra en su hermoso blog.

Nota: Las fotos son todas de la web vigoenfotos.com del compañero Javier Albertos.

Desde A Madroa un vistazo a la Ría de Vigo



Ayer, como el tiempo se portó bastante bien, decidimos aprovechar para subir a esos montes que tanto le gustan a mi querida Irreverens.


Bueno, realmente no subimos mucho... ni andando. Para compensar esos pequeños detalles después de comer nos dimos un buen paseo por los alrededores y respiramos algo de aire puro.


Panorámica de la entrada de la Ría de Vigo con las Islas Cíes al fondo.

Después de los días de lluvia que tuvimos, y en previsión de los que aún nos esperan, lo cierto es que un poco de sol, aunque fuera con nubes, se agradecía. ¿Se nota mucho que lo echábamos de menos?


Los tres hombrecitos de la casa aprovechándose del Sol descaradamente.

Y es que llevamos una primavera bastante revoltosa y, desde luego, peor que el invierno. Lo que no llovió en enero y febrero está cayendo desde marzo hasta hoy... y promete seguir. Os dejo un vídeo casero para daros envidia. ¡Hala!



Panorámica de la Ría de Vigo desde el mirador de A Madroa (Candeán, Vigo)
Vídeo del autor... o sea, yo mismo.

Hoy mismo, en esta ciudad




Hoy mismo. Estas imágenes de dos playas de mi querido y, al mismo tiempo, odiado Vigo son todo lo que os voy a contar. Me he pasado la mañana metido en un coche de la ceca para la meca, pasando calor y peleándome con el tráfico infernal que tantas veces ha criticado
Ad astra per aspera en su anterior blog y en el actual; hablando con viejecitas que me intentaban convencer de cosas que mis propios ojos me estaban diciendo que eran tal y como ellas se empeñaban en contarme que eran; rastreando presuntos caminos desaparecidos tras el abandono y la maleza que el tiempo y la desidia han permitido crecer más de la cuenta.




En algún momento tuve que pasar al lado de estas dos playas de Vigo (O Vao y Fontaíña -La Sirenita-) y me dije que merecía la pena parar dos minutos a regalarme una buena vista, un buen paisaje y unos rayos de sol mientras aspiraba el aire yodado del mar. Tampoco pude evitar dejar ese momento grabado indeleblemente en mi retina... y en las vuestras.




¡Lástima que mi conciencia me recordó que aún me quedaba trabajo y que no podía tomarme un baño (sobre todo porque entre ambas playas hay una nudista), que si no.... !

Si pincháis sobre las fotos podréis apreciar los detalles... como el de la gente metida en el mar, por ejemplo.

Sendeiro Eifonso (una panorámica genérica)



Durante dos días he tenido que recorrer un
sendero forestal que hacía varios años que no visitaba. En esta ocasión fueron razones laborales las que me llevaron a él y, por tanto, no pude pararme excesivamente ni hacer todo el recorrido, pero el hecho de llevar conmigo una cámara hizo que no pudiera resistir la tentación de acercaros un trocito de verde -otro más- de mi querida ciudad de Vigo.


Como, además, un blogger vigués que me cae especialmente bien tiene incorporado en su nick el nombre del río al que acompaña en su recorrido el sendero, le dedico esta entrada. Sólo espero que le gusten las fotografías, porque están hechas con la mejor de las intenciones. Si queréis ver el recorrido en un plano pinchad aquí.

No escribiré más.

Os dejo con la paz que se respira en este poco más de un kilómetro umbrío y fresco.