Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas

Estamos muy liados y muy indignados



Hace más de un mes leí el libro de Stéphane Hessel "Indignaos" porque, como dicen por ahí, "
la curiosidad mató al gato". Podría haber sido también el libro "Reacciona", coordinado por Rosa María Artal y escrito, entre otros, por el también veterano José Luis Sampedro.



El caso es que en ese momento el libro me pareció correcto, aunque a mi en particular no me descubrió nada que no supiera ya. Bueno, si tal me descubrió al personaje "Hessel" y algún detalle de algún artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero nada me hizo pensar que esa obra podría movilizar en España poco más allá de unas decenas de miles de conciencias.



Hace más de veinte años que un profesor al que adoro repetía con frecuencia aquellas máximas de que "la realidad copia a la ficción" y que "la realidad imita al arte". Hoy la realidad ha superado por goleada a la ficción, o al menos a cualquier ficción que yo hubiera podido imaginar para mi propio país en mis más dulces sueños.



Aquí os dejo unas fotos que he sacado anoche mismo, inicio de la jornada de reflexión electoral más especial que haya pasado en toda mi vida; más incluso que la que hubo justo después del trágico 11 de marzo de 2004, lo cual ya es decir.


¡Ojalá dentro de unos años podamos decir que lo que estos días está pasando en España no fue un mal sueño sino una hermosa realidad!


Mis compañeros y amigos, siempre dispuestos a echar un cabo.

De "res pública" apud "monarchia".



Hace unos meses os hablaba de un par de estrenos: el de una obra de teatro en la que yo participaba, y el de un documental sobre un viejo luchador del antifranquismo. Lucía él orgulloso su bandera republicana.

Hoy os lo traigo de nuevo en homenaje a quienes lucharon y cayeron por el camino de un mundo más equitativo. Hoy os traigo una bandera española. Algunos reniegan de ella. Otros la izan con orgullo, quiero pensar que no mal entendido.

No soy yo hombre de patrias ni banderas sino de hermandad de los pueblos, de fraternidad universal, de solidaridad... y de paz y amor (sí, como decían los hippies y dicen que un tal Jesucristo). Sin embargo me gusta sentirme republicano porque el concepto de "república" (derivado de la "res publica" latina) me parece de una responsabilidad y de una seriedad de la que adolecen las monarquías (por muy "constitucionales" que éstas sean). De hecho estoy convencido que el concepto "monarquía constitucional" es tan oxímoron como los famosos "inteligencia militar", "tolerancia cero" o "ciencia política".

Para muestra de que la monarquía parlamentaria es un "fraude" os dejo un par de botones:

  • De las 39 monarquías constitucionales que se recogen en Wikipedia la inmensa mayoría (15) son antiguas colonias británicas (país que no cuenta, curiosamente, con una verdadera "Constitución" y por tanto al que no debería aplicársele el término) cuya reina es su graciosa majestad Isabel II.
  • Otra buena parte del grupo son países árabes en los que términos medievales como "emir" o "sultán" mantienen vigencia (al igual que el término "rey" ¡ojo!) así como monarquías pseudoreligiosas y/o tribales (todo muy moderno, racional y humanista).
Por todo ello hoy os digo:

¡¡A por la tercera!!




Entroido en Vigo II / Carnaval en Vigo II : globalizado



Una de las novedades que aporta el carnaval en los últimos años -ignoro exactamente cuántos, pero al menos 5 ó 6- es la creciente participación de gentes de otros países, de otras culturas, con otros rituales y estética alejada de la nuestra.



Si bien la tónica general de los carnavales en Vigo era de una sencillez rayana en lo vulgar - por no decir en lo cutre- de los disfraces de las comparsas, roto casi exclusivamente con algún grupo de inspiración canaria,



en la actualidad hay una clara tendencia a buscar alternativas llamativas -en los grupos locales-







y decididamente indígenas en los grupos de inmigrantes.



Estamos en un mundo globalizado donde la mezcla de culturas -querámoslo o no es así- no es ajena a nuestro día a día, donde en no muchos años -un par de generaciones a lo sumo- será difícil saber de dónde es cada uno, quién es lugareño puro y quién mezcla de diversas nacionalidades.







La aldea global es un camino sin marcha atrás, el ciudadano del mundo está aquí y ahora entre nosotros, así que lo mejor será acoger con naturalidad lo bueno de todas las culturas -que lo hay- y evitar que se nos pegue lo malo -que también lo hay en todas-.





Que el carnaval sea una muestra de ese futuro que viene ahí hace que lo vayamos asimilando. Algunas comparsas que hace un par de años mostraban claramente sus raíces ahora podrían ser perfectamente una más de las tradicionales comparsas viguesas.



Hay un intecambio de culturas que puede y debe darse de forma natural. Que la fiesta sirva de toma de contacto es un gran detalle.


El hombre que debería haber llegado a Papa


No sé si me estoy lanzando mucho al vacío pero, leyendo el artículo que le dedicó el diario El País a la figura del teólogo suízo Hans Küng con motivo de su investidura como Doctor Honoris Causa por la UNED, deduzco que hubo un instante en que su carrera pudo haber trazado un destino absolutamente distinto del que finalmente siguió.

Cuenta otro artículo que el profesor Manuel Fraijó, cuando leyó el discurso previo a la investidura, narró la historia que, en paralelo, vivieron tras el Concilio Vaticano II dos jóvenes y destacados teólogos -el mismo Küng y un tal Ratzinger- procedentes de la universidad de Tubinga.


Sabemos que el papa Pablo VI ofreció a Küng la posibilidad de "trabajar para la Iglesia" (refiriéndose, evidentemente, a la curia vaticana) y que éste rechazó tan tentadora oferta puesto que suponía renunciar en parte a su "libertad de pensamiento" ya que "bastaría con adaptarse un poco, con practicar una cierta conformidad" con el entorno.

Suponemos que una oferta similar debió llegar a su colega Ratzinger con "resultados de sobra conocidos". Como bien dijo el profesor Fraijó "No tendría sentido, en este momento, echar a pelear biografías", pero yo no tengo problema en echar a volar mi imaginación levemente y plantearme qué hubiera sido de la iglesia católica de haber aceptado Küng la proposición de Pablo VI.

  • Seguramente nunca hubiera existido la "Declaración sobre algunos puntos de la doctrina teológica del profesor Hans Küng" por la que se deja de considerar a nuestro hombre "teólogo católico" y se le prohibe la enseñanza de tal materia.
  • Probablemente la aproximación entre la curia vaticana y el pueblo católico habría sido mayor... siempre y cuando Küng hubiera hecho valer su forma de entender las relaciones entre la iglesia y sus fieles. Pero la realidad fue otra.

Un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer aunque le duela el corazón. Küng no podía formar parte del engranaje eclesiástico porque su moral se lo impidió. Ratzinger intuyó que sus conocimientos y su curriculo podrían ser de gran valor en su carrera profesional y les sacó provecho.

Yo ya no soy católico. Yo no soy creyente desde hace muchos años. Puede que la mayor parte de la "culpa" de todo esto la tenga la misma iglesia católica a la que pertenecí por aculturación, ya que no facilitó la asimilación de mis propias ideas, de mi opinión personal, a las suyas.

Esa intransigencia, esa "infalibilidad" de la Iglesia (personificada en el papa) que a Küng le costó la expulsión de su profesión, seguramente sea la causa de muchas bajas en el seno de la "santa madre iglesia católica apostólica y romana". Por eso creo que Hans Küng debería haber llegado a ser papa... y falible.

Curioso tema para un día de Navidad



Curiosamente hoy, día de navidad de 2010, he leído un artículo en el que se critica la "justificación", por parte del Papa Benedicto XVI, de determinados abusos a menores por parte de miembros de la iglesia católica. Bueno, realmente se trata de una traducción bastante decente de otro artículo que estuvo entre los más leídos y enviados de la sección de internacional del Belfast Telegraph.


(tomada "prestada" de la propia web de la Santa Sede)

Como no acababa de dar crédito a las frases entrecomilladas y yo soy de los que
cree que siempre debe haber un margen de duda ante una noticia tan sensacionalista, investigué si era cierto, pues aunque el tal Benedicto XVI (antes Joseph Alois Ratzinger) no es muy de "mi cuerda", considero que no es un estúpido que diga cualquier cosa a tontas y a locas (entre otras cosas porque parece contar con una sólida formación en filosofía y teología, lo que debería facultarle para no soltar perlas por esa boquita).

Sin embargo he podido comprobar con relativa facilidad que los entrecomillados se ciñen, "ad pedem litterae", a partes del "Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a la Curia Romana para el intercambio de felicitaciones con ocasión de la Navidad" del pasado lunes 20 de diciembre, alojado en la página web de la mismísima Santa Sede.



Imagen de Benedicto XVI
(tomada "prestada" de la propia web de la Santa Sede)


Creo firmemente que no era intención de Benedicto XVI trivializar con un tema que tanta trascendencia ha tenido a lo largo de este último año, pero desde luego no ha sentado nada bien entre las asociaciones de víctimas de los abusos. Y no es que yo crea que Benedicto XVI no pretendiera trivializar por hacerle un favor a las víctimas, sino por evitarle un escozor más a la organización multinacional de índole religiosa a la que representa.

Que la pedofilia pudiera haber sido una "perversión de fondo del concepto de ethos" en los años 60 (no puedo decir ni que sí ni que no, ya que en esa década no pasé de los 2 años de vida y, por tanto, como mucho podría haber sido víctima y no verdugo de tan reprobables prácticas) no es una afirmación que se pueda esgrimir a las primeras de cambio. Que alguien afirmara "-incluso en el ámbito de la teología católica- que no existía ni el bien ni el mal en sí mismos" no disculpa un comportamiento a todas luces equivocado (es el adjetivo más suave que se me ocurre).



Imagen de Benedicto XVI
(tomada "prestada" de la propia web de la Santa Sede)


Sirve esta argumentación a "su santidad" para enfrentarse al problema en el futuro ya que, según sus propias palabras, estos son sus "fundamentos ideológicos". Yo, sinceramente, no creo que un pederasta se ponga a pensar en fundamentos ideológicas de ningún tipo cuando está haciendo las salvajadas que se le pasan por su mente enferma. Es más, dudo mucho que le pase nada más por el cerebro que el abandono a los más primitivos instintos.


No voy ahora a enfrentarme a su discurso con argumentos sobre la conveniencia o no de la intervención papal. A lo mejor tenía sentido en el marco en que se pronunció el discurso. A lo peor es que la iglesia católica se siente suficientemente protegida de críticas por el mero hecho de haber elaborado unas nuevas disposiciones en las "Normae de gravioribus delictis" (que regulan el juicio, por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y la declaración e imposición de sanciones canónicas) e incluyen entre los delitos más graves contra la moral:

1º El delito contra el sexto mandamiento del Decálogo cometido por un clérigo con un menor de 18 años. En este número se equipara al menor la persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón;

2º La adquisición, retención o divulgación, con un fin libidinoso, de imágenes pornográficas de menores, de edad inferior a 14 años por parte de un clérigo en cualquier forma y con cualquier instrumento.

Además,

2. El clérigo que comete los delitos de los que se trata en el § 1 debe ser castigado según la gravedad del crimen, sin excluir la dimisión o la deposición.
En fin, si con esto tienen tranquila su conciencia, allá ellos.

A título personal creo firmemente que poner a un mismo nivel la "pederastia" o la "divulgación de la pornografía infantil" con la "ordenación sagrada de una mujer"; la "escucha prohibida de la confesión"; la "violación directa o indirecta del sigilo sacramental"; o la "grabación" y "divulgación con malicia en los medios de comunicación social, de las cosas dichas por el confesor o por el penitente en la confesión sacramental verdadera o fingida" (hacerse un wikileaks, en definitiva) no ha lugar aunque luego le den vueltas de tuerca a las frases y las coloquen como mejor venga a sus intereses.


Una tarde por Bilbao


Después de mi primera retirada en una carrera (quien quiera leer la crónica puede hacerlo en este otro blog) el mundo no se acabó, y la visita a Bilbao tuvo su parte lúdica.




Redescubrí, porque ya había visto el local en mi anterior visita, una de las pastelerías más hermosas del mundo (al menos de mi mundo conocido) y una de las más famosas de Bilbao y, por extensión, de España... y no es que yo sea de Bilbo, sino que por tradición, antigüedad, calidad y mérito es una de las que más solera acumulan, ya que la marca funciona sin interrupción desde su creación en 1852.



El local de la calle Gran Vía no fue el primero, pero sí el más antiguo de los que conserva la empresa, ya que funciona desde 1923. De entre sus productos destacan especialmente sus afamadas trufas, aunque las tartas y pasteles tampoco le son ajenos, evidentemente.



Lo único que no puedo hacer es certificar personalmente la calidad de sus productos. Sin embargo, ya hablan otros muchos suficiente y contundentemente... y además lo hacen desde distintos puntos de vista y en diversos idiomas. Por algo será.



Luego, dando un paseo en compañía de nuestros "guías locales" y amigos, nos acercamos a otra institución veterana de la ciudad, un café cuyas paredes albergan recuerdos de una historia de más de cien años.



El Café Iruña, con dos partes bien diferenciadas en lo estético, es todo un símbolo de la vieja Bilbao que todos sus ciudadanos identifican con algunas de sus mejores tradiciones.



El local fue declarado "monumento singular" en 1980, y la entidad mereció el premio especial al Mejor Café del año 2000.



Y lo cierto es que el solo hecho de acceder a su interior nos traslada a un mundo que parece perdido entre las nieblas y cenizas que cubrían el viejo Bilbao industrial del siglo pasado... a las tertulias literarias de los años 20 y 30, a las miserias de la posguerra civil... a las reuniones clandestinas durante cuarenta años de oscuridad y primeros años de ansiada libertad...



Quien más, quien menos, cuantos traspasan sus puertas caen rendidos ante la evidencia palmaria de que su belleza trasciende los tiempos y los gustos al uso.



Sus dos ambientes claramente diferenciados no impiden que el conjunto sea absolutamente único en su especie.



Creo que los bilbaínos tienen suerte al haber sabido conservar un pedazo de su historia ciudadana con un sabor tan entrañable. Y lo digo porque en mi ciudad hubo en su día lugares clásicos que ya nunca más podrán ser recuperados... y supongo que como en la mía habrá pasado en casi todo el país.



En los asientos de los cafés de Bilbao se fraguó la República, se creó el Partido Socialista y Unamuno discutió sobre Filosofía. La especulación urbanística no sólo se cebó con la costa española, sino también con locales céntricos cuya conservación resulta poco o nada rentable si no se saben explotar... y con la intrahistoria que no han escrito los manuales al uso.

Lecturas de verano (IV)


Para alguien que, como yo, ya era más o menos consciente de lo que se jugó España el 23 de febrero de 1981, este libro trae a la memoria muchas recuerdos e historias que, de tan oídas, alcanzan casi la categoría de leyenda. No es tal mi caso, ya que soy de los que aún recuerda perfectamente dónde estaba y cómo se enteró del golpe de estado a pesar de mi entonces corta edad. Al volver del colegio mi madre, que estaba en casa escuchando en Radio Nacional la emisión en directo de la votación que tenía lugar en el Congreso, me dijo que acababan de dar un golpe de estado y que qué iba a ser ahora de nosotros si la cosa salía adelante.

El autor de este libro supera esa mitología habitual y procede a una labor de deconstrucción y recreación de muchas de esas historias que habitan esa historia en particular. Con gran meticulosidad Javier Cercas desmenuza las entretelas de un golpe de estado que, como la "santísima trinidad", son tres golpes distintos en un sólo golpe verdadero. Estudia fuentes diversas, las investiga, las contrasta y, finalmente, obtiene un concentrado que ni cierra la puerta a muchas posibilidades ni deja muchos cabos sueltos. El principal mérito de este libro es que, sin pretender ser estrictamente un ensayo histórico sino más bien una recreación personal de determinados hechos históricos contrastados, consigue atrapar al lector porque centra en una contraposición literaria e histórica a tres personajes en cada bando. Si de una parte tenemos a Tejero, Milans del Bosch y Armada, de la otra contamos con Carrillo, Suárez y Gutiérrez Mellado. No son los únicos personajes de una "novela" perfectamente entretejida con los hechos históricos (por sus páginas habitan personajes para mi desconocidos hasta la lectura de esta obra: Cortina, Torres Rojas, Pardo Zancada...) pero sí algunos de los más destacados junto con Sáenz de Santamaría, Sabino Fernández Campo y Juan Carlos I de España.

Literariamente hablando puede pecar de falta de agilidad, ya que se recrea en exceso en momentos determinados (de ahí en parte su título, muy acertado), pero este trabajo sí resulta conveniente de cara a obtener el resultado final. Hay expresiones que, de reiteradas, cansan. No me he tomado la molestia de contar cuántas veces habla de "un gobierno de concentración, coalición o unidad", de "un golpe de timón o de bisturí", de "un chisgarabís sin formación" y expresiones similares, pero algunas llegan a hastiar. Por lo demás la impresión general de esta obra es magnífica y me ha resultado clarificadora, a pesar de la distancia cronológica y de alguna que otra mentira/engaño, ignoro si intencionado o no, como el hecho de tratar a Santiago Carrillo como si estuviera físicamente muerto cuando a día de hoy no lo está.

Ignoro qué mente retorcida pudo conducir a alguien en España a poner a esta novela que, según traducción literal, se titula “El vendedor de armas” un título tan radicalmente diferente del real.

He esperado a terminar la novela para decantarme por alguna de las hipótesis que fui elaborando mientras avanzaba en su lectura (cada cual más peregrina que la anterior) y he llegado a la conclusión de que la editorial hispana pensó que el título original resultaba demasiado evidente para un lector medio español, mientras que para un inglés ese mismo título pudiera ser todo un reclamo publicitario. Lo que no he sido aún capaz de descubrir es el motivo por el cual se eligió el título castellano. Si alguien lo sabe, por favor, no duden en comunicármelo. Se recompensará con un ejemplar del libro firmado por el autor… de esta bitácora.

Segunda observación ingeniosa sobre el libro en su versión hispana: la p
ortada en estilo pop art poco o nada tiene que ver con el contenido. Bueno, eso no es del todo cierto: el protagonista conduce en una ocasión y brevemente una motocicleta de gran cilindrada. Sobre el autor poco hay que comentar, ya que es mundialmente conocido por su más reciente papel en una conocida y exitosa serie de televisión. Por cierto, el mayor mérito que se puede atribuir a este actor y autor es el hecho de haber sido capaz de aceptar papeles en los que da voz a personajes diseñados por ordenador (la saga completa de Stuart Little) después de haber participado en películas como “Los amigos de Peter”, “Sentido y sensibilidad” o incluso la divertida "Maybe Baby" y seguir siendo capaz de mantener la cara bien alta. Bromas aparte, y sin tener en cuenta su secundaria faceta de escritor, me parece incuestionable que, haga el papel que haga, es un actor como la copa de un pino (made in England, of course).

La novela, que es de lo que veníamos a hablar, en sí tiene tres o cuatro virtudes: sin tener un lenguaje encopetado, ya que no se correspondería con el que utiliza el protagonista narrador omnisciente, presenta un registro lingüístico y un rico léxico más que suficientes para demostrar que el autor ha alcanzado al menos estudios de nivel universitario y sabe utilizar los recursos típicos del humor inglés que a tantos cinéfilos nos vuelve locos; habla, o más bien escribe, con tal precisión de todo tipo de armamento de fuego, técnicas de pelea cuerpo a cuerpo, etc. que cualquiera diría que estamos ante un experto en operaciones especiales; mantiene una distancia suficiente con el hecho narrativo como para permitir dirigirse conscientemente al lector sin que ello resulte desagradable y, finalmente, encierra un antimilitarismo absolutamente loable encubierto bajo la máscara de novela que parodia el subgénero de espionaje.

En algún momento me ha recordado al bueno de Boris Vian en su “Que se mueran los feos”, aunque el tipo de humor que destila Laurie en esta novela es mucho más irónico y mordaz que el del francés. Tampoco es que sea una obra maestra (el verano está repleto de libros facilotes) pero se deja leer mejor que bien… y parece ser que tendrá continuidad en una segunda novela protagonizada por Thomas Lang… a lo mejor me la pido para mi próximo cumpleaños (y es que este libro tampoco tuve que comprarlo).


Dos enfoques para un mismo objetivo



Soy consciente de que llevo una temporada actualizando muy poco, pero no es por falta de ideas, sino de ocasión para ponerme a plasmar en el ordenador toda esa efervescencia mental que me quema por dentro. De hecho tenía una entrada en mente sobre los libros que he estado leyendo este verano, otra sobre el maratón fotográfico en el que he participado, otra sobre mis próximos objetivos atléticos, otra sobre la importancia de ciertos detalles de la vida política y social de este país… en fin, será por temas. Algún día caerán… o no.


Una de las peculiaridades de este rinconcito de mi vida es que, a pesar de que algunas de mis mayores pasiones son materia de incontables blogs por el mundo adelante, no es esa la visión que yo tengo de lo que es esta bitácora. De hecho, y si mal no recuerdo, pocas o ninguna vez ha hecho crítica literaria, cinematográfica o musical. De lo que sí estoy seguro es que, si la he hecho, ha sido colateralmente a otro enfoque principal y nunca como eje central del post.


Pues bien, esta vez voy a romper en cierta medida esa tendencia ya que voy a hablar en paralelo de dos películas que visioné ayer mismo de forma totalmente inesperada. De hecho de una de ellas no tenía ni la menor idea de su existencia hasta ayer mismo. La primera me la ofreció en préstamo una compañera de trabajo a la que se la acababan de devolver (aún hay más gente que yo que tiene la fea costumbre de comprar películas originales, por lo que veo). La segunda la había reservado mi mujer en el videoclub después de que una de sus hermanas se la recomendara, y yo no sabía nada hasta que la trajo a casa.

Fotograma de la primera de las películas (de Screenrush.co.uk)

De partida cualquiera diría que ambas películas tienen en común lo mismo que un huevo y una castaña, y de ahí lo extraño de la asociación de ideas que el bochorno nocturno unido a mi insomnio cuasi crónico provocó en mi cerebro a eso de las dos de la madrugada. Ahora pagaréis vosotros las consecuencias. ¡Qué se le va a hacer!


Si una es una comedia ligera americana la otra una pausada tragedia romántica argentina. Si una cuenta con un reparto angloamericano la otra recurre a algunos de los mejores actores del cono sur. Si una brilla por sus situaciones cómicas y sus gags la otra brilla por su fina ironía. Si en una el espectáculo se devora con patatas a las historias que nos narra en la otra las historias que cuenta son el caldo de cultivo de una forma cuidadamente fotografiada e iluminada.


No obstante ambas películas tienen una identidad ideológica que me dejó absolutamente sorprendido. Las historias, sin ser parecidas siquiera, cuentan con algunos elementos comunes: en ambos filmes una muerte violenta es el origen de la narración, en ambas hay un personaje que define claramente la entrega total a la vida como objetivo absoluto.

Imagen de la segunda película (de El Espectador.com)

La proclama que lleva al cantante de éxito a las manos de un asesino en serie y al alcohólico funcionario de juzgado a manos de una banda de matones a sueldo es la misma que define el comportamiento de la práctica totalidad de los personajes de ambas narraciones: una vida vivida en la mediocridad es una vida vacía y lo que realmente merece la pena es arriesgarse a caer en nuestras pasiones, sean estas las que sean, ya que son las que definen nuestra esencia como individuos.


Se puede estar de acuerdo o no con ese enfoque vital, pero no es eso lo que pretendo con esta entrada en el blog, ni es ese un debate que pueda tener una resolución fácil. Me llega con constatar como, partiendo de presupuestos artísticos, estéticos y culturales radicalmente distintos, se puede llegar a reflejar exactamente lo mismo.


Dicho esto cabría hacerse la pregunta sobre cuál de las dos recomiendo. Sinceramente, la respuesta es indiferente ya que el resultado final (vivir la vida sin imponerse restricciones a uno mismo) es idéntico aunque las sensaciones que dejan en el cuerpo son radicalmente distintas. Si en una la protagonista principal cumple su sueño de cantar en público ante 10 millones de espectadores en la otra el protagonista indiscutible por fin se decide a asumir esa historia de amor que ha reprimido durante años. La catarsis final en una es espectáculo puro en la otra es intimidad absoluta, pero en ambos casos la vida triunfa sobre la muerte y la autonomía personal sobre las convenciones sociales.


Una recomendación final: no veáis las dos películas el mismo día, como hice yo:




Ya me contaréis.



Primer entrenamiento en O Grove



Casi un año después del último que salí a rodar por O Grove, he vuelto a tomar contacto serio con su asfalto y sus onduladas carreteras. Atardecía ya cuando me calcé las viejas “zapas” Mizuno (las primeras que tuve de esa marca, y cuyo modelo a día de hoy sigue siendo un misterio sin resolver) a las que aún sigo sacando partido porque todo lo resisten las muy desgraciadas.

En el plan del día aparecían 16 kilómetros y, como no me acordé de traer el GPS con el que suelo salir a rodar, preferí no arriesgar por una ruta desconocida y tirar hacia una distancia que ya tengo controlada del año pasado. Ir y volver desde el camping hasta O Grove por la carretera que bordea la península del mismo nombre por el oeste y el norte suma esa distancia exactamente, e incluye un plus de cansancio pues cuenta con un par o cuatro de cuestas de las que realmente marcan la diferencia entre un perfil simplemente sinuoso y uno verdaderamente duro.

La temperatura, aunque algo elevada, resultaba agradable porque la eterna brisa que azota la costa de este municipio compensa con creces los efectos del calor. El sol, además, comenzaba ya a mostrar síntomas de cansancio en su declinar hacia poniente y sus rayos resultaban más agradables que apenas una hora antes.


Una de las vistas que puedo ver en mis entrenamientos

Ataqué la primera subida con ánimo y prudencia ya que era consciente del recorrido que me esperaba, pero aún así noté enseguida que mi estado físico era ligeramente mejor que un año atrás. En las primeras bajadas no me lancé a lo loco sino que, consciente de que lo que estoy preparando es un maratón (y además de montaña), preferí recuperar fuerzas sin acelerar el pulso más de lo necesario. Cuando uno está cogiendo fondo físico lo de menos es acelerar el corazón y lo más importante es acostumbrarlo a un esfuerzo constante durante un tiempo prolongado. Mientras eso sucede, el ritmo de carrera permite detenerse en el viejo hábito de comparar los recuerdos con el momento actual: un bosque de eucaliptos a la izquierda que ha desaparecido y ahora nos deja ver la isla de Sálvora recortándose contra el horizonte; otro bosque de pinos que ha desaparecido sin dejar mayor recado que un cartel de “Se vende” y un número de teléfono; un triángulo de unos 300 metros cuadrados al borde da la carretera que ha ardido no ha mucho… en fin, lo de siempre en esta tierra tan elemental.

Digo lo de elemental por varias razones, no siempre despectivas. Por un lado es bien cierto el hecho de que las cosas que cambian casi siempre son las mismas, y eso hace que ese “sota, caballo y rey” sea la base del progreso, o del simple cambio, o del paso del tiempo sin más florituras. Ahí es donde encaja a la perfección el calificativo elemental aplicado a mi tierra gallega. Sin embargo no es menos cierto que esta zona en particular (y cuando hablo de esta zona me refiero al Grove y a la isla de Ons y sus acólitas Onza y Onceta) se caracteriza por conjugar los cuatro elementos básicos que conforman el mundo, según el saber de los antiguos: la tierra en toda su simplicidad y su crudeza; el aire que nunca abandona su labor –como bien saben todos los que han vivido alguna temporada en esta avanzadilla sobre el atlántico- hiriente y balsámica; el agua que prácticamente rodea ambos lugares –si bien el Grove es una península el istmo que la une a tierra firme no es sino una lengua arenosa que el viento y las mareas han ido formando con el paso de los siglos- y que embravecido azota sus rocosas costas; y el fuego primigenio que tanto arraigo tiene (quien haya estado en Ons sabrá que hay tradición pirómana entre los isleños) y pasión levanta entre las gentes del lugar.

En fin, que al cabo de cuatro o cinco kilómetros, no sé exactamente cuántos, volví el rostro hacia el noroeste, y descubrí varias figuras encarnadas revoloteando en la línea que separa la tierra del mar. Los aficionados al “kite surf” encontraron que la brisa que a mi me refrescaba para ellos era el alimento que henchía sus velas, cuyo colorido, destacando en el contraluz, alegraba el paisaje aportando esa nota distinta.

Seguí mi camino intentando recordar cuándo tocaba subir y cuando bajar; cuándo el falso llano puede pasar factura y cuándo la cuesta no permite recuperarse del esfuerzo… y a la par encontré la misma viejecita acompañada por el mismo perro que un año atrás, tejiendo ella hermosas trenzas de cebollas otra vez, reposando su viejo cuerpo el animal en idéntica actitud indolente.

Unos metros más adelante recordé que tengo una cita pendiente con un restaurante de la zona descubierto con ocasión de mi tercer recorrido por esta ruta. Dos veces pasé delante de sus muros sin fijarme en las letras metálicas que decoraban una sencilla fachada de estética minimalista. La tercera me llamó la atención el atril con la carta, expuesto a la entrada, y no pude evitar interrumpir el entrenamiento para echar un ojo a la propuesta culinaria. No recuerdo ahora los detalles, pero sí la sensación de unos nombres no por rebuscados menos interesantes… y en ese preciso momento me prometí reservar una ocasión especial para cenar allí. Igual habría que esperar un par de años, ya que los niños aún son pequeños para atreverse con platillos de extraña factura, pero la idea fraguó en ese preciso instante. Sólo espero que el local resista los embates de la maltrecha situación económica del país y aguante al menos hasta que yo pueda encontrar la ocasión de ir. Creo que puedo seguir manteniendo la esperanza de ir algún día y catar sus delicatessen, la carta seguía puesta a modo de cebo en la puerta de entrada.


Uno de los "platillos" que nos ofrecen en el famoso restaurante... ¡qué pinta!

Pasé la “costa” y giré de nuevo. Con cada cambio de dirección la sombra que me acompaña con su rítmico movimiento de brazos y piernas gira y se encoje o se alarga sobre el asfalto, recortándose contra un muro de piedra o desapareciendo entre el matorral. El aire de mi respiración y el azote del viento contra mis oídos son los sonidos que acompañan cada nueva zancada, y mi cuerpo aprende a escucharse a cada paso, a identificar si va cómodo o forzado en relación a sus posibilidades y la dificultad que el asfalto le plantea. Cosas así me recuerdan lo bien que explicaba Haruki Murakami su afición a correr, y espero no resultar tedioso con la mía.

De repente en un jardín una escena familiar llama mi atención: una madre lanza una pelota a su hija ante la mirada tierna del padre. Mi trote llama su atención, supongo que por lo poco habitual de alguien corriendo por el lugar, y de repente descubro que esa madre es una vieja compañera de estudios universitarios. La sorpresa no fue mucha puesto que yo ya sabía desde hacía un año que ella vivía por la zona, del mismo modo que ella sabía que yo acostumbro acampar por la zona. Sin embargo lo que yo no sabía era que aquella era su casa, a pesar de haber pasado en infinidad de ocasiones por delante en mis anteriores recorridos atléticos. Parada y saludo. Fórmulas de manual rayando la cortesía.


- ¡Qué alegría verte tan bien!
- Lo mismo digo. Así que esta es tu casa. Mira tú por dónde, con la de veces que pasé por delante.
- Es que resulta difícil de explicar.
- Bueno, siempre… en fin, ahora ya te tengo localizada.
- ¡Venga!¡No te pares que luego te coge el frío y ya se sabe!
- Pues sí. ¡Venga! Hasta luego!

Una lástima que los seres humanos, especialmente cuando las relaciones son entre entes de distinto sexo, nos pongamos autolimitaciones por miedo a que alguien entienda cosas que ni existen ni tienen por qué existir. Diríase que el compañerismo entre hombres y mujeres es una quimera, por no decir una falacia o una utopía. En fin, otra vez será… cuando no esté su marido delante… que pueda charlar un poco más con ella.

Tras esta fugaz parada de apenas unos segundos afronto los dos últimos kilómetros de ida (aún quedan los 8 de vuelta) con una larga y tendida ascensión hacia el “puerto” más destacado del día, y que tendré que afrontar en ambos sentidos: el de ida, más suave, el de vuelta muchísimo más duro. Bueno, depende de quién lo vea, porque muchos corredores prefieren las subidas a las bajadas… que también cascan lo suyo.

El regreso fue ya un descuento de distancia restante y un final de día maravilloso. Apenas crucé con tres o cuatro vehículos en todo el rato y quienes mejor me acompañaron fueron los miles de grillos que entonaban ya sus cánticos amorosos. Las primeras estrellas comenzaron a asomar tímidas en el cielo y el azul del cielo adquirió un embozo oscuro que todo lo envolvió. Así da gusto volver a los entrenamientos.



Fotografías tomadas de la web del restaurante "Culler de pau" dentro del Grupo Gastronómico Galicia (Nove)



10 de marzo no corazón



Me confieso una vez más. El 10 de marzo tiene un especial significado para mi: como trabajador y como gallego; como sindicalista y como persona con conciencia de clase.


Como sindicalista activo de CC.OO. me siento orgulloso de formar parte de una de las principales organizaciones que lucharon contra el ominoso gobierno que sometió España durante una de las etapas más oscuras de su historia.


Una de las muchas imágenes de la represión ejercida por los famosos grises

Sé que ni sindicatos ni sindicalistas somos bien vistos desde muchos frentes, pero considero que gracias a la labor que se ha hecho durante años aún podemos disfrutar de muchos derechos que en otras partes del mundo (y no sólo en el llamado Tercer Mundo sino, especialmente, en países que se supone pertenecen a la élite económica mundial) son una utopía, un sueño inalcanzable e inconcebible.

Soy consciente de que estamos atravesando una fase de apatía generalizada y que la burocratización sindical ha hecho que se pierda fuelle ante los gobiernos y los empresarios. Sin embargo considero que cualquier grano de arena que se pueda poner hace que la esperanza sea lo último en perderse. Por eso sigo en la brecha, aportando lo mucho o poco que pueda a una organización que merece mucho respeto por lo que ha sido, es y, espero, será.

Todos los 10 de marzo celebramos (más bien recordamos) que a dos compañeros de nuestro sindicato los mato a balazos la policía del régimen. Fueron Amador Rey, de 38 años, casado y padre de cuatro hijos, y Daniel Niebla, de la misma edad y casado. Otras 36 personas resultaron heridas, dos de ellas muy graves.


Monumento a los compañeros caídos el 10 de marzo de 1972 en Ferrol

Éste fue uno de los muchos acontecimientos que ayudó a cimentar el inicio del fin, y por eso quiero recordarlo mientras mi mente me lo permita... que espero sea por muchos años... para que otra gente lo conozca y lo valore.

Climatología de las pensiones



Estos días el tiempo anda revuelto, como suele ser normal en esta época del año. Los frentes nubosos que nos calan el alma se suceden a la misma velocidad con que circula el gélido viento del norte que limpia los cielos y hiela los cuerpos el resto de los días.

Cuando salgo por calles, caminos y carreteras de mi municipio me topo con detalles como el de la fotografía y pienso en lo bien que se ve venir el cambio de tiempo en la mar.



A lo lejos se vislumbra una especie de columna que avanza con paso firme y parece engullir parte del mar en vez de caer suavemente cual cortina sobre el mismo. Diríase que es la mar que se eleva a los cielos en vez de vaciarse aquellos sobre las aguas salobres.

Lo malo es que, aunque se ve venir, no da tiempo a reaccionar a tiempo y esquivar sus efectos sobre nosotros. El margen de maniobra que esta predicción visual del líquido meteoro nos da es mínimo, y siempre acabamos calados hasta los huesos (salvo que tiremos de la ropa impermeable que siempre nos acompaña en el maletero).



Pues algo así pasa con el futuro de las pensiones en nuestro país. Acaba de filtrarse, supongo que interesadamente y a modo de globo sonda (hay que ir evaluando la capacidad de respuesta de la sociedad civil ante medidas que puedan socavar la ya débil posición del gobierno) una propuesta para retrasar paulatinamente la edad de jubilación forzosa en este nuestro país.

Hace ya algunos años que comenzó a hablarse de que el sistema público de pensiones hacía aguas y mucha gente empezó a frotarse las manos porque vendía planes de pensiones a diestro y siniestro.




Con el paso del tiempo pareció que la tormenta cambiaba de rumbo y se llegó a afirmar que la "caja única" de la Seguridad Social estaba perfectamente saneada y tenía un superávit suficiente para soportar los vaivenes económicos que pudieran aparecer.

Sin embargo la crisis económica mundial; las populistas medidas adoptadas por el ejecutivo encaminadas a proteger cada vez a más y más gente; el mantenimiento de muchos de los excesivos beneficios concedidos a los ya jubilados y la cada vez menor cantidad de contribuyentes rellenando las arcas sociales han terminado por provocar la repentina reacción de un gobierno acostumbrado a poner tiritas que otros le venden antes que estudiar a fondo la enfermedad para hacer un buen diagnóstico.



Mientras los afortunados que aún trabajamos vemos cómo se cierne sobre nuestras cabezas la posibilidad de tener que retrasar nuestra jubilación hasta los 70 años, otros se han jubilado anticipadamente y ahora disfrutan de gran cantidad de beneficios sociales, y el resto aún tendrá mucho que estudiar y formarse, ya que su incorporación al mercado laboral amenaza con sufrir más retrasos que las operaciones del sistema público de salud.

Vamos... que no veo yo nada claro qué va a pasar. Debe ser que tengo una especie de neblina ante los ojos que no me deja ver con claridad lo que se aproxima. Eso sí, el futuro cada vez lo veo más negro y no sé si serán cataratas en los ojos o e que el windgurú no me facilita una predicción fiable a 20 años vista.


Eliseo Tormo "In memoriam", valenciano y masón.



Terminó el año 2009 con varias muertes más o menos próximas y empieza el 2010 con una muy cercana. Ayer me enteré de la muerte accidental, a los 71 años de vida, de mi padrino. Con él, Eliseo, y con su mujer, mi madrina Aurora, mantuve una relación, aún en la distancia, intensa pero peculiar.


En facebook se le podía encontrar, y yo sin suponerlo siquiera.

Cuando uno es pequeño tiende a idealizar a los mayores y cuando crece a desmitificarlos. Yo aprendí a quererlo y a valorar sus logros personales con los años. Si de pequeño aquel señor que venía de vez en cuando a casa y me traía siempre algún regalo y el descubrimiento de un mundo lejano (vivió hasta su jubilación en la ciudad donde yo nací, Hannover) a través de sus historias y otras que me contaba (gracias a él descubrí quién era Julio Verne), de mayor valoré su progreso social y su absoluta integración en una sociedad tan distinta a la nuestra.

Más tarde tuve la ocasión de vivir y trabajar durante tres meses (el verano de 1990) en su casa y en su empresa (un puesto de venta de café y productos italianos y españoles en el mercado -Markthalle- de mi adorada ciudad de Hannover). Gracias a esa convivencia aprecié aún más su gran corazón, su bondad natural y también sus escasas pero intensas rabietas, su timidez y su valentía.

Con él y con su mujer viajé por los alrededores de mi ciudad natal: ciudades encantadoras como Hildesheim (donde fui bauitizado en la "kapelle" del mismo "Krankenhaus" donde ingresé a las pocas horas de nacer), Hameln (el Hamelin español del cuento); lugares de recreo estival como el Steinhuder Meer ; ciudades con bellos edificios y monumentos antiguos (convenientemente reconstruídos tras la II Guerra Mundial) como Paderborn; lugares con negra historia como el Memorial del Campo de concentración de Bergen-Belsen; con historia de amor al mejor estilo de los cuentos de hadas, como el palacio de Marienburg; o con (entonces) historia fresca, como un Berlín recién reunificado apenas unos meses antes.

Lo mejor de aquel verano no fueron tanto los marcos que junté con lo que ahorré de lo que me pagaban, ni los objetivos que me compré para mi primera cámara reflex (que ellos me habían traído en un viaje anterior, por encargo), ni los muchos sitios que visité, sino convivir con dos personas que lo daban todo a quien con ellos estuviera. Si eran grandes físicamente tambien lo eran, aún más, de corazón. Sus amigos alemanes y españoles, muchos, podrán confirmar mis palabras.

Además, descubrí en profundidad otra faceta de mi padrino que me sorprendió en un primer momento y que luego comprendí en toda su extensión. Mi padrino tenía muchos hermanos, cientos de miles de hermanos por todo el mundo, y confiaba en ellos así como ellos confiaban en él. Y es que mi padrino era masón, y para serlo tuvo que aprender y estudiar mucho alemán, demostrar una conducta ejemplar, tener el valor y la decisión de integrarse de por vida en una sociedad que, en nuestro país, sigue siendo aún un misterio o un tabú del que no se puede hablar.

Yo entré, de la mano de mi padrino, en su Logia de Schwarzer Bär (Del Oso Negro) como un niño que entra en un museo y se queda entre anonadado por lo que allí ve y no sabe interpretar y sorprendido por estar en un lugar presuntamente vetado a cualquiera que no sea miembro, con respeto y no sin cierta prevención. Supe por él algunas cosas más sobre masonería y masones, cosas que probablemente no se deban saber.

Puede que hasta cierto punto yo haya sido una decepción para él porque -estoy casi seguro- le habría gustado que yo le hubiera pedido ser miembro de su sociedad, pero aunque los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que proclaman me parecen magníficos y ejemplares, hay un condicionante que me veo incapaz de solventar: ellos parte de la premisa de que este mundo ha sido concebido por un ente superior de gran inteligencia al que denominan el Gran Arquitecto Del Universo (GADU), mientras que yo creo en un gran caos universal, en un azar absoluto que lo rige todo... bueno, algo así.

Los años pasaron, nuestra relación pasó por buenos y malos momentos, y algún tipo de azar del destino hizo que hubiera un tremendo malentendido conmigo. No es fácil de explicar que alguien a quien aprecias sinceramente de repente crea que le has mandado al cuerno y que, además, no haya forma de hacerle entender que no ha sido así.

Desde entonces, cada vez que pasaba por delante de su casa no podía evitar mirar para su balcón y pensar que allí había un hombre con un corazón enorme que yo, sin saberlo, había contribuido a romperse en mil pedazos el mismo día en que su Aurora, la mujer que le acompañó durante más de cuarenta años, falleció. Ella lo era casi todo para él, y él sin ella no era casi nada. Debió sufrir mucho durante este último año de su vida. Así me lo confirmaba una amiga suya esta misma tarde. La idea del suicidio pasó más de una vez por su mente porque su amor ya no estaba con él, pero su hombría y su valor hicieron que soportara este mundo hasta este jueves, cuando su corazón (con varios bypass desde hace unos cuantos años) le abandonó definitivamente.

En homenaje a este hombre esencialmente bueno os dejo una pieza que tengo la certeza de que le gustaba. No creo que fuera su favorita, pero como sé que es de su compositor favorito y que además es una composición pensada específicamente para un funeral masón, me parece lo más adecuado para este momento.



Eliseo, descansa en paz y, si existe una vida después de la muerte, dale un beso enorme y un abrazo a tu Aurora, ahora que estás junto a ella. En mi corazón seguís estando los dos para siempre inevitablemente juntos, y esa es para mi la eternidad.