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X Encontro de embarcaciones tradicionales en Carril


Este fin de semana tuve el inmenso placer de volver a sumergirme en un ambiente de esos que evocan tiempos pasados no sé si mejores pero, desde luego, añorados. Se celebraba un nuevo encuentro de embarcaciones tradicionales en la marinera y arousana parroquia de Carril (evitaré entrar en debates estériles sobre qué fue antes, si el huevo o la gallina).







Como nieto de un viejo marinero de "Gran Sol" y de "ardora" no puedo evitar asociar el intenso aroma a salitre y alquitrán a momentos dulces de mi infancia, y pulular entre lobos de mar profesionales y aficionados es para mi de una incontestable felicidad.









En estos encuentros, celebrados cada dos años en distintos puertos de Galicia, los aficionados a la navegación tradicional, alejada de tecnologías punta, siempre hay momentos para el relax y la fiesta, para la navegación y el placer de quedarse con los detalles.







Además se completan con actividades paralelas de diversa índole, lo que confiere un valor añadido que a mi, sinceramente, ni me va ni me viene, pero que creo importante destacar por lo que ello supone para la consolidación de una cultura en peligro de extinción que algunos intentan proteger y cuidar.





Además, siempre es un placer volver a saludar a amigos como Mar, Braulio, Antonio, Froíña o, una lástima no haber podido quedarme un poco más, Joan Sol.




Un vídeo hecho por mi amiga Mar esa misma tarde: todo un espectáculo.


Estamos muy liados y muy indignados



Hace más de un mes leí el libro de Stéphane Hessel "Indignaos" porque, como dicen por ahí, "
la curiosidad mató al gato". Podría haber sido también el libro "Reacciona", coordinado por Rosa María Artal y escrito, entre otros, por el también veterano José Luis Sampedro.



El caso es que en ese momento el libro me pareció correcto, aunque a mi en particular no me descubrió nada que no supiera ya. Bueno, si tal me descubrió al personaje "Hessel" y algún detalle de algún artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero nada me hizo pensar que esa obra podría movilizar en España poco más allá de unas decenas de miles de conciencias.



Hace más de veinte años que un profesor al que adoro repetía con frecuencia aquellas máximas de que "la realidad copia a la ficción" y que "la realidad imita al arte". Hoy la realidad ha superado por goleada a la ficción, o al menos a cualquier ficción que yo hubiera podido imaginar para mi propio país en mis más dulces sueños.



Aquí os dejo unas fotos que he sacado anoche mismo, inicio de la jornada de reflexión electoral más especial que haya pasado en toda mi vida; más incluso que la que hubo justo después del trágico 11 de marzo de 2004, lo cual ya es decir.


¡Ojalá dentro de unos años podamos decir que lo que estos días está pasando en España no fue un mal sueño sino una hermosa realidad!


Mis compañeros y amigos, siempre dispuestos a echar un cabo.

Sensibilidad a flor de piel



Haber visto hace unos instantes
este vídeo donde danza y música se funden como si de una única realidad se tratara me ha traído desde esa esquina perdida en los surcos cerebrales el último vídeo de uno de los grupos /proyectos en los que interviene (en este caso de forma totalmente implicada ¡qué remedio le queda!) mi amigo Fernando Abreu. Pablo a la guitarra y Fernando a los clarinetes. Gus detrás de la cámara. El balneario de Melgaço como fondo. Relax total y absoluto.


Os presento, por si no los conocíais, a 2us (leído "dous", que significa "dos" en gallego).


2us en Melgaço from gus abreu on Vimeo.



Estamos locos ¿y qué?



En mi equipo de atletismo (ahora que estoy federado en un equipo que hemos montado un grupo de locos) tenemos un grupo de “malucos” siempre dispuestos a subir
y bajar por esos montes de dios: Jeff, Miguelbn, Banderas, Toniofrancia, Canido, Agüita, Linkinpark (cuando no está lesionado) son solo una pequena muestra. Si ademáis hablamos de andainas entonces el grupo crece considerablemente: Pili, Fifthelement, Xana, Gerardo y Yolanda...no sé si me olvido de alguien.

El caso es que hace unas pocas semanas algunos de nosotros participamos en único maratón de
montaña que hay por estas tierras... y eso que hay unas cuantas carreras de montaña famosas y dignas de mención, pero solo una tiene la honra de recordar al viejo Filípides. Penedos do Lobo es, además, reconocida a nivel nacional como una prueba merecedora de las más altas calificaciones en cuanto a recorrido, dureza y hermosura. Por algo forma parte del Circuito Alpino de carreras de montaña junto con las famosas Galarleiz, Jarapalos e el Maratón Alpino Madrileño... casi nada, vamos.

Esta vez participamos tres miembros ya oficialmente reconocidos del C.A.R. Marisqueiro (Jeff, Banderas e
Montxo) y otros dos que en aquel momento aún no lo eran (Toniofrancia y Miguelbn) pero que ya llevaban metida dentro la semilla de nuestro equipo: la amistad por encima de la rivalidad; el amor por el deporte más sencillo y natural; el hecho de disfrutar del ambiente antes, durante y después de las carreras; y la capacidad de sacrificio personal para ayudar a los compañeros en los momentos malos... el espíritu CARMA elevado a la máxima potencia.

Se desarrolla esta carrera por las tierras montañosas de la Sierra de Queixa, atravesando parte de los municipios de Trives y Chandrexa de Queixa, lo que supone un desnivel acumulado de 3.133 a lo largo de los 42 km. y poco, pero especialmente concentrado en tres puntos: la subida del cortafuegos que caracteriza los km. 12 a 14, prolongada un poco más hasta casi el km 16, aunque con menor pendiente; la bajada atroz y rapidísima por un sendero estrecho, serpenteante y lleno de matorral y piedras sueltas entre los km. 29 a 31 que nos lleva al pueblo abandonado de Parada; e la durísima ascensión a los famosos "Penedos do Lobo", no tanto por la pendiente que tiene o por la temperatura que ya acompaña a los corredores a esas horas de la mañana en esta ladera orientada al este sino por el cansancio que ya acumulan las piernas después de 35 km. de carrera, de otros 2 largos km.

El día se presentó fresco aunque amenazaba con elevar las temperaturas en las horas centrales
del día hasta casi los 30 grados en algunos puntos del recorrido, y de hecho en la salida la mayor parte de los participantes llevaba gorra para el sol al mismo tiempo que usaba "braga" en el cuello. El ambiente en la salida parecía una fiesta. Todo eran saludos, apretones de manos, nervios, abrazos y deseos de buena suerte para los compañeros y rivales a partes iguales... otra de las peculiaridades de este tipo de competiciones en las que se vive un ambiente de camaradería envidiable. Las fotos de rigor son testimonio silencioso de lo que comento.

Salimos con puntualidad británica hacia los 42 km. con ritmo alegre pero con la cabeza pensando en los puntos c
ríticos. Así y todo un despiste a menos de 10 minutos de carrera hizo que metiera el pie izquierdo (el de mi pierna "mala") en el lugar que non debía. Mal comienzo para una carrera tan larga y donde los tobillos son tan importantes. Pasaron volando los kilómetros fáciles en la inmejorable compañía de Montxo e de su compañero Homedenejro, pero ahí estaba el cortafuego. Se acabó la fiesta y tuve que meter la reductora. La pierna izquierda respondía mejor de lo esperado pero la cuesta era mucho mayor que las que estoy acostumbrado a subir (y eso que me preparé para la montaña) y tuve que dejar marchar a mis compañeros y ver cómo me pasaban decenas de corredores y algunas corredoras.

Definitivamente esto iba a ser más duro de lo que yo pensaba, pero abandonar no forma parte de mi vocabulario habitual.


A punto de terminar la ascensión me saluda con voz alegre alguien por mi derecha. Era Toniofrancia, al que hacía mucho tiempo que non veía. Al parecer había llegado tarde y, por tanto, había salido de último, pero venía como una moto. Me dijo que su intención era hacer un entrenamiento de calidad en montaña, ya que su objetivo real era la próxima Transgrancanaria Sur-Norte (una prueba de trail mucho más larga y dura que esta que estábamos haciendo) y como su compañero de entrenamientos estaba lesionado se encontraba solo. Me dijo que se quedaba conmigo, y así fue. Hasta el último metro no dejó de acompañarme y ayudarme anímicamente, y bien que se lo agradecí, porque hubo momentos en que habría abandonado de non ser por él. No llegué a decírselo, pero sí que lo pensé varias veces... en el Medio maratón y, sobre todo, en Paradela antes de la subida a los Penedos do Lobo.

Llegados a la cima de Cabeza de Manzaneda parecía que todo iba rodado, pero faltaba una segunda mitad que, según había dicho, era mucho más dura. Así fue. La bajada inicial no era peligrosa ni dura, pero se hizo algo lúgubre porque esa parte del monte había ardido hacía poco tiempo y el olor a quemado en la nariz borraba la sonrisa que la belleza del paisaje suele poner en la cara de los amantes de la montaña. Más tarde vendría la bajada estrella de la jornada. Como siempre, fui capaz de ir adelantando más gente de la que me adelantaba a mi (solamente una mujer) mientras duró la cuesta abajo. Toniofrancia seguía allí, pegado a mi a pesar de que,
según él, lo suyo no son las bajadas. Por el camino pasamos a un chaval que, al parecer, se había torcido un tobillo, y para el que ya habían pedido un equipo de rescate, según nos dijo. En Parada comprobamos que acababa de llegar un helicóptero de la Guarda Civil de montaña (con base en Trives) y un rescatador se cruzó con nosotros. Le dijimos a qué distancia estaba el herido y seguimos camino. En el avituallamiento había otro participante en la carrera tirado en el suelo, víctima también de las piedras sueltas en la peligrosa bajada que acabábamos de pasar.

Trotamos suavemente el resto de los kilómetros hasta Paradela, un sube y baja sin demasiadas complicaciones que transcurre por lugares absolutamente deliciosos: entre bosques, prados, regatos y suaves colinas. Después, en Paradela, avituallamiento líquido y sólido abundante y un momento de respiro. Queda por delante la peor de las cuestas u ya el sol quema en las espaldas. Fotos de rigor gracias al compañero de entrenamientos de Toniofrancia y muchos ánimos.

Salimos de Paradela entre callejuelas casi abandonadas a su destino, y apenas a 500 metros vemos la ladera que tendremos que subir. Manchas pequeñas de colores salpican una senda apenas visible. Unos llevan bastones, otros solo sus piernas, y todos cansancio y sufrimiento. Mis piernas están muy cansadas. Cada paso que doy tengo que
animarlas a seguir. Especialmente duro es mover la pierna izquierda, que ya venía tocada de casa, y cada vez que la subo pienso que voy a tener que cantarle algo para ver si así se anima. Paro una, dos, tres, cuatro... Hasta seis veces tengo que parar a respirar, estirar algo las piernas y contemplar lo que ya dejamos atrás para darme moral. Si miro adelante igual lo pienso dos veces y lo dejo todo. Tonio me dice que esté tranquilo; que no hay prisa; que si no llegamos en 5 horas y media ya llegaremos en 6; que lo peor ya pasó y que piense en que cada vez queda menos. Digo que sí y eso me reconforta. Seguimos adelante y volvemos a tener una visita de su compañero, que nos saca más fotos y nos comenta que ya casi hemos llegado arriba. Tiene razón. Un kilómetro más y ya estamos en el avituallamiento del km. 38, justo al pie de otro pequeño cortafuego (este no le llega a la planta del pie al primero que tuvimos que subir ni en pendiente ni en longitud) que superamos con relativa facilidad.

Arriba de todo encontramos una pista de tierra que
nos lleva, subiendo solo un poquito, hasta la vertical de la meta pero por arriba. Se escucha la megafonía a lo lejos y eso da ánimos para trotar un poco. No queda nada, pero los metros no dan pasado. Nadie por delante a la vista ya. Por detrás tampoco se mira a nadie. Nosotros a lonuestro, que es llegar lo mejor posible para la foto. El trabajo ya está hecho: una bajada a la derecha, un giro o dos más y ya estamos. Cojo a Toniofrancia de la mano e las elevamos en señal de victoria. Sacamos las gorras de la cabeza para salir bien en la foto y sonreímos. Toniofrancia aplaude. Mi sonrisa no puede ser más significativa: le ganamos; vencimos a la montaña; nos costó casi seis horas, pero cumplimos el objetivo; llegamos sufriendo más de lo justo pero lo logramos.


Non hay que llegar antes que nadie.
Tanto da llegar más tarde que otro.
Hay que llegar vivo y disfrutando del momento.
Hay que tener espíritu CARMA.

Fotos: algunas las hizo el compañero de entrenamientos de Toniofrancia, otras son "prestadas" de la web de la carrera. Podéis ver muchas de ellas y más aún en este vídeo.

Un concierto a contrapié



Aunque os había comentado que mi idea era asistir al concierto de Alondra Bentley, finalmente las cosas se torcieron y no pude estar el viernes por la noche en donde quisiera. Como dicen por ahí, este fin de semana El Náutico desenpolvó su equipo de sonido y "levantó su telón de arena y salitre", así que no pude evitar unirme a la fiesta. Por eso me conformé con el concierto del sábado al que, al menos inicialmente, no tenía intención de asistir. ¡La carne es tan débil!.

Puede que precisamente ese "me conformaré con ir al concierto de hoy" fuera en parte culpable de mi inicial desidia. Asistir a un concierto "por curiosear" (ya que apenas había escuchado un par de canciones de Josh Rouse) y sin compañía no son los mejores ingredientes de una noche de sábado.

Por otra parte, ni las melodías que desde el escenario ambientado en un estilo hogareño (con un par de lámparas de pie, como para adornar un salón grande de casa) desgranaba un Josh Rouse poco comunicativo y tirando a tímido (no presentó ni uno solo de los temas, y eso que se supone que habla castellano), ni la formación (un sencillo trío compuesto por el propio cantante con su guitarra acústica, un contrabajo y otro guitarrísta tocando unas veces el tres y otras una acústica) ayudaba mucho a motivarme.



Y de pronto sucedió el milagro. Tras seis o siete canciones que ni iban ni venían, el trío decidió aprovechar una de las armas secretas de la sala El Náutico, el placer que obtienen ambas partes (músico y público) de un concierto más familiar y cercano que el que se puede vivir en una plaza en la que "el escenario está a dos metros de altura y hay un espacio de seguridad de 4 metros tras unas vallas". Por si no era suficiente con la proximidad del escenario, los músicos echaron pie a tierra y se metieron en medio y medio de la sala.






Sin amplificación; sin efectos de sonido; sin iluminación; y armados solamente con una lista de canciones previamente ensayadas se plantaron en medio de las poco más de cien personas que mostraban interés por el concierto dispuestos a metérsenos en las venas con un ramillete de melodías que se hicieron más cálidas, más humanas y, sobre todo, que llenaron el ambiente de un "buen rollito" más próximo al hippismo de los años 60 que al éxtasis rockero tan habitual en esa misma sala. El ambiente ganó puntos puesto que el escaso volúmen hizo que sólo quienes estuvieran dispuestos a disfrutar del concierto pudieran hacerlo. Y allí estaba yo, catando las esencias de un cantautor del medio oeste americano pasado por los cálidos ritmos mediterráneos.


Su "Quiet town" ilustra a la perfección su ambiente lírico personal

Cuando ya habían cargado bien las pilas del respetable, volvieron a subir al escenario para afrontar la recta final, con temas ya míticos que el público no dejaba de pedir en cada silencio entre melodías. Fue así como escuché un "Quiet town" o un "Sweetie" imborrables aunque nos quedáramos sin un "Sad eyes" que unas fans no paraban de pedir lastimeramente. Habíamos consumido hora y media larga de concierto y sólo al principio notamos el paso de tiempo. De menos a más, como debe ser. Un concierto redondo que culminó con la habitual participación de Miguel de la Cierva acompañando con su pedal steel guitar al artista del día.

La anécdota de la noche fue que pude conocer en persona (al menos verla) a la cantante que había querido escuchar. Alondra Bentley formaba parte del público que siguió las evoluciones de Josh Rouse... y es que Miguel de la Cierva sabe dar alojamiento a sus huéspedes. Ignoro si hubo algún extra de última hora (me retiré nada más acabar el concierto) pero no me extrañaría que se hubiera montado una jam sessión en algún rincón de la sala o en la misma playa en horas próximas al amanecer.


Vídeo comercial con el "buen rollito" que desprendió Josh Rouse en su concierto

P.D. 1 Gracias por la recomendación, Lila & Cloe. Sin vosotras seguramente me habría quedado durmiendo el sueño de los inocentes.

P.D. 2 Siento daros envidia, y sólo espero que no me peguéis por haber podido disfrutar del concierto.


Nota: fotografías "cogidas" de TodoGrove.com



El 5º Beers & Blogs de Vigo merecerá la pena.




Ya os he comentado en varias ocasiones que hay unos eventos llamados Beers & Blogs en los que alguna gente aficionada a esto de escribir en blogs se junta para intercambiar ideas, conocimientos, noticias, tendencias... o simplemente conocer en la vida real a ese bloguero/a del que es asiduo lector/a pero que no tiene el placer de conocer en persona.



Si no eres realmente un bicho antisocial la cosa suele funcionar bastante bien, y ello a pesar de la extrañeza y el corte inicial de poner cara y nombre a fulanito o a menganita... o de desvelar tu propia identidad. Después de ese paso ya no hay vuelta atrás.



Yo ya he participado en tres o cuatro y la verdad es que son unas reuniones divertidas y de las que siempre aprendes algo... ello sin tener en cuenta que puedes afianzar la amistad que te une cibernéticamente con X o con Y... o incluso engendrar proyectos nuevos, como el que ha unido a 7 de esos "bloguer-holics" en un grupo autodenominado "VigoEnredados" que, partiendo de una de estas reuniones, acabaron creando un blog centrado básicamente en Vigo, aunque estableciendo un estilo propio que no son capaces todavía de adjetivar pero que les diferencia rotundamente de otros blogs vigueses.



Entre otras tareas los VigoEnredados han asumido el reto de volver a organizar un Beers & Blogs en Vigo, y lo han hecho a lo grande:
  • Convocando a gurús del mundo cibernético hispano como Gaby Castellanos (CEO de SrBurns, una productora interactiva crossmedia que, según me cuenta mi amigo Eifonso Lagares, maneja las más importantes cuentas de publicidad y marketing del país) y toda una personalidad de los "social media marketing". Ya sólo con esta visita los VigoEnredados están echando la casa por la ventana. -director ejecutivo- de
  • Además han conseguido que la prensa escrita local les haya reservado una última página de su edición dominical y con la firma de uno de sus más afamados cronistas de "sociedad"
  • Contarán con la presencia de un par de blogueras experta en lucir palmito mediante lo que ellas denominan "outfits" (algo así como "combinaciones de indumentaria") en los que lucen ropa, calzado y complementos de diversas marcas dándoles un toque absolutamente personal. Una de ellas es la también viguesa Alexandra, autora del blog "Lovely Pepa" (que alcanza más de 100 comentarios en cada entrada) y la otra es Mrs. Chic, autora de "The House of Chip&Cheap", y muy seguida en la vecina Portugal.
  • Gente del grupo Tillate.com, que se fotografían en los saraos nocturnos de la ciudad.
  • Gente que fotografía junta y expone conjuntamente en la vida real mientras lo hace por separado en la vida virtual.
  • Modelos profesionales en activo con blog propio, donde nos muestran parte del trabajo artístico que con ella hacen otros y donde nos demuestran que ser modelo para nada tiene que ver con ser superficial.
  • Y, por supuesto, también estarán los propios VigoEnredados. Bueno, casi todos, porque, como yo, no todos podrán asistir... y no sabéis la pena que me da no poder hacerlo, porque habrá un montón de gente interesante.
DATOS DEL ENCUENTRO:

Un cumpleaños sorpresa



Hace ya algunos días (bueno, realmente un par de semanas) tuve el enorme placer de asistir a una fiesta privada difícil de calificar. Se trataba del cumpleaños de una "blogueira" amiga que anda un poco desaparecida en combate, mi queridísima Vitruvia (también conocida como Malulha Guevara).



Ella es la autora de un blog que aúna lo personal con lo literario, lo irónico, lo imaginativo y lo alucinante con la angustia de una vida real vivida a ras de suelo. La literatura intimista que, como buena gallega, es capaz de escribir una mujer autodidacta es su sello de fábrica y la señal inequívoca de que estamos en territorio vitruviano. Os recomiendo una vuelta por sus correrías, aunque hace algún tiempo que actualiza poco o muy poco, para desgracia del resto de los mortales que adorabamos pasear por sus páginas y reirnos un rato con ella.

Supongo que la falta de tiempo será el principal motivo de su ausencia, que no la falta de imaginación, ya que nos deleitó con un pequeño poema infantil en gallego que bien merece ser editado por alguna de esas maravillosas editoriales gallegas especializadas en ese público tan selectivo y exigente.


Dos muestras de la cara de sorpresa... hay gestos que lo dicen todo.

La fiesta fue sorpresa completa, como muestran las imágenes seleccionadas, pero el resultado fue fantástico. Tres hermanas (dos de ellas muy vinculadas a este mundo cibernético que nos une: Vitruvia -blogueira- y Lupe Bicos -fotógrafa-) que se abrazan, se quieren y se animan entre si; sus familias que se hacen bromas, se ríen y se dan caña cuando hay que darla... y dos desconocidos que se colaron (invitación de por medio, claro) en mitad de la algarabía para testificar, de parte de este otro mundo que algunos desprecian, que la gente que hay al otro lado de las pantallas es gente de verdad, que ama y respeta de verdad, siente de verdad y sufre de verdad.


La familia es lo primero (las cibernéticas reconocibles)

Ignoro si ellos se sentían a gusto con nosotros, pero puedo prometer y prometo (como decía hace ya muchos años un famoso político español) que los dos blogueiros que allí estuvimos volvimos absolutamente encantados de la experiencia.


Vitru en plena narración. Toda una experiencia

Al salir de su casa no pudimos evitar un sentimiento de desamparo, de lástima porque la fiesta había llegado a esa hora en que lo conveniente es marcharse y dejar que la persona homenajeada se relaje con sus chicas y su boss... y la noche que nos rodeaba se hizo sensible a la luz y a la poesía en forma de fotografía que, allí mismo, vino a visitarme.



El callejón y un viaducto (de los de Redondela)

Desde aquí le deseo de nuevo a Vitruvia que todos sus sueños se hagan realidad porque ella es de esas personas que sólo se merecen lo mejor.

Maratona de Oporto 2009 (la película)




La tarde y noche anterior a la "maratona" (he decidido que a partir de anteayer mismo ya no voy a tener duda en cuanto al género aplicable a la distancia que esa palabra representa) la pasé con un buen grupo de amigos y amigas aficionados (en mayor o menor medida) a esta locura de las carreras populares. El ambiente distendido no evitó, sin embargo, que durante toda la noche mi sueño no pasara de una duermevela tensa que hizo que, incluso, me quedara dormido más tarde que mi nervioso compañero de "celda". La próxima vez le hago caso a un tal Mincha e incluyo un relativo "dopaje" para descansar en condiciones.

Sonó el despertador a la hora prevista (6:15 de la madrugada, hora portuguesa, una hora más en España) y procedí a ponerme algo de ropa decente para bajar a desayunar con los compañeros. En mi anterior experiencia maratoniana apenas había desayunado un par de tortas de maíz y una botella de bebida isotónica y, sinceramente, eso también tuvo que ver en mi bajo rendimiento de aquella ocasión. Ayer me dije que era mejor llevar algo de peso extra en el estómago, ya que tiempo habría para quemarlo de sobra. De esta forma tomé un bol con 5 cucharas soperas de muesli mezclado con un yogur, una rebanada de pan con dos lonchas de jamón cocido y una buena taza de café con leche.

Subimos a darnos una ducha, afeitarnos y vestirnos para la ocasión. Además del ritual normal en este tipo de ocasiones, la de ayer tenía el valor añadido de que la indumentaria que llevaría sería la del equipo de atletismo que tenemos en vías de legalización y registro.
  • Calcetines comprados para la ocasión (pero probados ya tres o cuatro veces).
  • Zapatillas compradas para la ocasión (pero con más de 250 kms. sobre sus suelas).
  • Mallas y camiseta del C.A.R. Marisqueiro (ambas usadas al menos en una ocasión o dos).
  • Vaselina en las zonas donde suelo tener rozaduras (ingles, axilas y pezones).
  • Esparadrapo hipoalergénico para cubrir los pezones (recomendación de mi amigo Khene).
  • Pulsómetro GPS con las baterías recargadas y comprobadas la mañana anterior (sin cinta de pulsómetro ya que me produce rozaduras bastante serias en la piel)
  • Cortavientos y pantalón de chandal para el tiempo de espera entre la llegada a la zona de salida y la entrada en el "cajón".
  • Cinturón de hidratación/alimentación (con dos barritas de cereales con chocolate, una bolsita con compota de manzana y plátano y dos botellas de isotónica de 150 ml.)
Además, en la bolsa que se deja para recoger después de la carrera:
  • Gel para calentar los músculos tipo linimento.
  • Botella de 1 litro con bebida isotónica para salir ya suficientemente hidratado (la acabé media hora antes de la salida).
  • Dos camisetas para poner al llegar a meta ya que el frío suele pillarme rápido una vez que dejo de correr.
A las 7:45 nos recogía en el hotel un autobús que iría, junto con otro en el que iban los "gacelos" (etíope, keniatas, etc.), hasta la zona de salida escoltado por un par de motoristas de la policía local de Porto... todo un lujo reservado a estrellas mediáticas como nosotros... en fin, alguien entenderá este comentario.


Los componentes de la expedición (casi) al completo.

Llegamos a la zona de salida y enseguida vimos al Sr. Jorge Teixeira de Runporto.com (organizador de esta y otras 6 carreras que se celebran desde hace unos años en Oporto: Corrida Día do Pai, Meia Maratona, San Silvestre, Corrida do Homem e da Muller, Corrida da Mulher, Corrida das Festas da Cidade de Porto, Corrida caminhada pelo Ambiente) como pez en el agua, coordinando a los voluntarios y profesionales de los más diversos aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de organizar una competición de esta magnitud, y con toda una tranquilidad aparente que me dejó anonadado.


Abusando de la confianza para estirar como es debido.

Mientras pasaban los minutos los nervios iban aumentando (sobre todo porque había recogido el dorsal a un par de personas que no acababan de aparecer) y me fui a hacer cola a los baños (experiencia que no tengo el menor interés en repetir... prefiero una esquina o un árbol cualquiera). De repente veo la hora y me doy cuenta de que aún no me he dado la crema para los músculos ni he entregado la bolsa con la ropa para la vuelta. Allá me voy a toda velocidad y, con los nervios y las prisas me olvido de sacar el cinturón de hidratación. Menos mal que había dejado la bolsa próxima al borde del camión y la localizaron rapidamente.


Plano del recorrido hecho con el Garmin GStart de mi pulsómetro con GPS

Cuando volví al lugar donde estaban mis compañeros ellos ya habían volado hacia el cajón de salida, así que allá me fui entre prisas y juramentos varios. Una vez dentro me adelanté hasta la mitad del grupo de maratonianos y estiré algunos músculos que aún no había tocado e intenté localizar al resto del equipo. Lo conseguí con la mirada, pero en cuando dieron la salida fue del todo imposible alcanzarlos, así que enfilé el primer kilómetro con su impresionante cuesta con relativa tranquilidad, ya que la masa de gente corriendo tampoco permitía muchos lujos. Al cabo de un par de minutos me pasa como una flecha un compañero del foro (MKM) luciendo camiseta de otro foro distinto (ya veo que lo suyo son los foros de atletismo). ¡Caramba cómo va la gente!

Yo sigo a mi bola cuando me pasa el compañero Mincha acordándose de la hora en que se le ocurrió anotarse a la Family Race para, finalmente, tirar del grupo grande del equipo hasta el km. 10. "¡¡Más de un kilómetro para pillarte a ti!!" me dice. No le queda nada hasta alcanzar a los que van en cabeza. ¡¡Animalito!!

Durante los primeros 8 kilómetros me resultó difícil, por no decir imposible, controlar el ritmo de carrera. Las razones, muy sencillas: por una lado, al salir juntos tanto los de la maratona como los de la family race (una carrera más corta, de tan sólo 14 kilómetros) resulta casi imposible no dejarse llevar por el ritmo de la mayoría de la gente; por otra parte, el recorrido es mayoritariamente en ligero descenso, y eso anima al más pintado. El peligro es que si vas más rápido te pasas de vueltas pronto, pero si te pasa mucha gente te da la sensación de que vas demasiado despacio. No sé, es complicado regular la velocidad cuando uno va solo... y eso que llevaba mi pulsómetro dándome a cada momento el ritmo de carrera.

En torno al kilómetro 9 vi delante mía a un hombre de unos cincuenta largos con una camiseta a modo de bandera española con unas palabras que venían a decir algo así como "Equipo español de maratonianos". Al llegar a su altura le pregunté, ni corto ni perezoso, que a por cuánto iba. Me dijo que a 3 horas 45 minutos y vi el cielo abierto, pues ese era mi objetivo. Así se lo comenté y seguí un rato con él, pero al poco me dice que yo voy algo más rápido y que me vaya... pero al cabo de un kilómetro escaso volvemos a encontrarnos y ya no lo solté hasta el kilómetro 31 y pico. Bueno, a él y a un grupo de 4 corredores más, todos de Pontevedra capital que tenían en un tal Julio el hombre a seguir... el marcador de ritmos. No sé cuántos maratones habría en aquellas 10 piernas, pero mi primer compañero confesó haber hecho ya 12 maratones (13 con el que estabamos haciendo). Formamos un grupo charlatán y bastante alegre que pasaba de vez en cuando a otros corredores y que también era rebasado de tarde en tarde. Los kilómetros iban pasando y mi vejiga daba muestras de dolor, así que comuniqué que me paraba (más o menos en la zona de bodegas de la orilla izquiera).

Cuando volví al adoquín (en esa sección no había asfalto por ninguna parte) me dije que merecía la pena intentar volver a enganchar con el grupo de referencia, así que durante casi otros 2 kilómetros me di un poco de caña (4' 48''/km y 4'56''/km) para alcanzarlos finalmente poco antes de la media maratón, que hice en un tiempo de 1 hora y 48 minutos aproximadamente.

Por el camino me crucé con casi todos los conocidos del foro correrengalicia.org, unos con más fuerza (Yosi y Beauvais, que hicieron unos tiempazos), otros dentro de lo esperado (Aguita y Jeff) y otros quejándose de su estado (Canido) y a todos procuré, como suelo hacer en todas y cada una de las carreras a las que voy, darles ánimo... aunque a esas alturas de una carrera no siempre están los sentidos para saludos.

En fin, mantuve el ritmo entre 5'03'' /km y 5'20''/km hasta el kilómetro 31 con la ayuda del famoso grupito de Pontevedra al que me enganché. Por cierto, gracias a ellos pude sentirme más protagonista de lo normal porque un grupo de españoles que esperaba el paso de la maratona en el puente de Dom Luís I y alrededores eran acompañantes suyos... uno incluso se paró para abrazar a (supongo) su compañera... mujer... en fin, lo que sea.

A partir del kilometro 30 el grupo comenzó a disgregarse. Recuerdo que uno de ellos había dicho algunos kilómetros antes una frase para recordar en cada maratona: "Si en el kilómetro 10 estás bien, sigue. Si en el kilómetro 20 estás bien, sigue. Si en el kilómetro 30 estás bien, empieza a correr". Pues en efecto, ni corto ni perezoso el mismo que había dicho esa frase dijo que se iba hacia adelante a ver si alcanzaba a otro de Pontevedra que llevaba como objetivo algo menos de 3 horas 30 minutos. Y dicho y hecho, en un plis plas paso de ir a 5'15''/km a 4'45''/km... y sin despeinarse el tío. Otro compañero me invitó a que siguiera al escapado, pero mi cabeza me dijo que aún no era el momento y seguí con el grupo.

En el kilómetro 31 el más joven del grupo (aparte de mi, claro) empezó a tener ciertos problemas de cansancio y el que marcaba tan bien el ritmo se descolgó de nosotros para acompañarle... un gesto que le honra, pues iba sobrado de fuerza. Así que nos quedamos mi primer compañero y yo... bueno, y un portugués de Lisboa que se había enganchado a nuestro grupo un par de kilómetros antes.

Seguimos de charla los tres que quedabamos. Llegamos al tunel que hay junto al puente e Dom Luis I y al pasar al otro lado compruebo que nos habíamos quedado solos el lisboeta y yo, mientras mi compañero pontevedrés se había descolgado unos 50 o 60 metros. En fin... el grupo estaba roto y sólo me quedaba seguir aguantando el ritmo que ahora marcaba mi compañero y al mismo tiempo rival portugués. Seguimos charlando, pero cada vez menos, ya que los ritmos pasaron a ser algo más rápidos. El objetivo a alcanzar ya estaba asegurado, salvo reventón de última hora, así que intenté amarrarme a esa tabla de 5'/km hasta el 40. En ese punto, como dijo mi camarada lusitano, se disparan las alarmas y se acaba la fiesta. Del 33 al 40 hicimos: 5'01'', 5' 08'', 4' 59'', 5'01'', 5'01'', 5' 04'', 5' 05'', 5' 00''. Estos ritmos hicieron que adelantáramos a gran cantidad de gente que había medido mal sus fuerzas o que notaban problemas musculares por la cantidad de tiempo trabajado, como el compañero Cacho, que aún tuvo fuerzas para darme ánimos cuando quien más los necesitaba era él. ¡¡Pobre, cómo le vi sufrir!!

El mar, a nuestra izquierda, rompía olas de cuatro metros contra las rocas próximas a la costa sin que apenas hubiera viento, lo que me hizo pensar en lo poderosa que es la mar de fondo, que no precisa de viento para remover conciencias. Esa idea de poder, de fuerza de la naturaleza, se hizo una constante en mi pensamiento, centrado ya en afrontar la última cuesta y acabar la carrera lo mejor posible. La mañana había estado lluviosa (creo que de los 42 kms no paró de llover más allá de un par de ellos a lo sumo) pero sin frio, y me acordé de dos de los tres largos más largos que hice en mi entrenamiento: la Pontevedra-Vigo y el último de 20 kilómetros, el domingo anterior, en condiciones incluso más adversas que las que estaba viviendo. Sentía la humedad sobre el cuerpo y la ausencia de molestias, pero también notaba que había bebido y comido de más (el miedo al tío del mazo que vino a por mi en Barcelona me hizo beber y comer más de lo necesario) así que no volví a "repostar" hasta pasado el 40... justo antes de empezar la subida.

Llega la subida, de apenas 500 metros, y el ritmo baja por momentos a 5'15''/km., pero al final nos cargamos el 41 en 4'57'', y yo notaba que las piernas, el corazón y los pulmones aún tenían margen de maniobra. A lo lejos ya se ven los hinchables y me pregunto si habrá trampa, como en la Vig-Bay, en la cual me paré en el primer hinchable que vi y aún quedaban más de 100 metros para la meta. Acelero un poco el ritmo y mi compañero portugués se mantiene casi a la par. De repente veo a Montxo, de Porriño, que ha venido a apoyar a Irdam y me dice algo así como "Neno ¿pero xa estás aquí? Vas como unha bala. ¡¡Dalle duro!!" y me saca una fotografía con el móvil que lo dice todo de mi alegría por la mejora de marca que aún no había conseguido pero sabía que estaba a la vuelta de la esquina... nunca mejor dicho.


Lo dicho: la satisfacción del trabajo bien hecho.
A mi izquierda (de verde) mi compañero lisboeta.


Sigo corriendo ya casi en un sprint, y veo a Mincha, que también me dice que estoy como una moto y que me recuerda que aún quedan 200 metros, le digo que sí, que en efecto estoy pasado de vueltas y empiezo a dar todo lo que me quedaba. No es mucho un sprint de 200 metros, pero después de casi 42 kilómetros puede hacerse interminable. Alargo la zancada y paso el segundo hinchable. Me saludan las chicas (Pili, Yoli, Ana) y la sonrisa borra el sufrimiento.

Estoy en la gloria y cuando giro hacia la izquierda, donde está LinkinPark con su pierna rota, me acuerdo de lo que nos decía cuando nos quejabamos de nuestras molestias: "Por lo menos vosotros podeis correr"... y eso hago. Corro hacia un reloj que marca mucho menos de lo esperado. Veo cómo avanzan los últimos segundos del minuto 35 (las 3 horas no me las quitaba nadie, claro) e intento desesperadamente llegar antes del cambio pero no fué posible. Tiempo bruto 3 horas, 36 minutos, 3 segundos. Tiempo neto 3 horas, 35 minutos, 43 segundos. Nueva marca. Bueno, segunda marca. Creo que va a ser dificil mejorar este tiempo. Medalla. Manzana, isotónica que me había sobrado, agua, charla con Beauvais (que esperaba turno para el fisio), estiramientos y de repente. ¡¡Dios mio!! ¿Ahi sirven cañas? No me lo puedo creer. Espero mi turno y ¡vaya hombre, se acabó el barril! Espero a que pinchen otro y mi turno... una cañita... ¡qué bueno! ¡lástima que el día no acompañe!


Perfil de la carrera (verde) obtenido mi pulsómetro con GPS y velocidad (azul) de carrera en Km/h.

Saludo a mi compañero portugués, José Oliveira, del G D UNIDOS CAXIENSES, que ha hecho 8 segundos más que yo. Me felicita y yo le correspondo agradeciéndole el buen ritmo que me ha ayudado a mantener. Luego me encuentro con mi otro gran apoyo, el pontevedrés Fernando Lafuente, que hizo 3 horas 40' 32''. Con él hubiera llegado más de acuerdo con mis espectativas, pero me encontré con la ocasión y la aproveché.


El careto que se me quedó el resto del día: la felicidad.

Empieza a cogerme el frio y decido salir de la zona de meta e ir a reunirme con mis amigos del C.A.R. Marisqueiro, con los cuales he compartido tantos largos dominicales y tantos buenos momentos. Hay mucho que celebrar:
  • Haber bajado 22 minutos respecto a Barcelona.
  • Haber llegado entero y con fuerza.
  • Haber evitado las lesiones y las molestias durante la carrera.
  • Estar más cerca de las 3 horas y media.
  • Estar vivo y como una moto (de hecho aún lo estoy).

El equipo a su regreso triunfal al hotel de "concentración"

Y ahora a comer como dios manda.