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Una jornada por el Pindo



El monte Pindo, más conocido como el "Olimpo de los Celtas" siempre será una montaña mágica en todos los sentidos del término.

Por su belleza agreste, por sus formaciones rocosas que tanto juego proporcionan a la imaginación, por su privilegiada localización, por su colosal orografía, por su cambiante clima, por sus hermosos rincones, por su vegetación y por su mitología el Pindo será una referencia dentro de mi imaginario particular.


Un solo día hollando sus escarpadas laderas es más que suficiente para advertir que nos encontramos ante un magnífico ejemplo de lo que los poderes de la madre tierra pueden generar, de lo que los agentes climatológicos pueden formar, de lo que el tiempo y la paciencia pueden esculpir, de lo que puede surgir en un ambiente hostil por naturaleza.

Uno no puede evitar girar la cabeza a cada segundo para descubrir miles de detalles entre los infinitos bolos de granito de biotita que semejan haber caído rodando por sus extensas laderas y hasta los poco más de 600 metros de altitud que alcanza en "A Moa".

Podemos encontrar un bufón de naríz aguileña surgiendo de entre las paredes rocosas que vigilan las puestas de sol sobre el "Finis Terrae", otro de los espectáculos que una jornada nos puede ofrecer en este lugar tan peculiar.



Y desde los detalles más ínfimos, como estos brezos,



hasta los restos de un antiguo bosque de pinos desaparecido en alguno de los muchos incendios que año tras año asolan nuestra región


podemos encontrar un pequeño carballo enfermo

surgiendo como por arte de magia tras una vuelta del camino que nos devuelve a casa,

o esos frutos rojos que llaman nuestra atención en medio de un verde "recuncho", pues en cada recodo del camino hay un microclima amparado entre paredes esculpidas con gran paciencia por la mano implacable del viento y la lluvia.


Por algo el Monte Pindo destaca como punto de interés geológico, acoge 5 hábitats diferentes y 8 especies vegetales protegidas.


Mirando con los ojos de un caracol



No soy yo muy dado a hacer publicidad a otra gente, pero cuando uno descubre cosas bellas y hermosas disfruta enseñándoselas a sus amistades... o al menos eso es lo que me pasa a mi cuando me topo con una melodía que me arrastra hacia otro mundo de sentimientos, cuando leo un libro que me transporta lejos de la cruda realidad, cuando veo unas imágenes que me hacen estremecer íntimamente.

Hace ya algún tiempo descubrí a una blogguer de aquí al lado casi por azar. Alguien me habló de ella y luego curioseé algo por mi cuenta... y es que ya no sé si la curiosidad mató al gato o es que el gato se moría de curiosidad. El caso es que yo no puedo evitarlo. Soy capaz de pasarme 4 o 5 horas curioseando en torno a una misma figura.



En este caso Raquel Galavís me llevó a las "Miradas de caracol" y ello a su vez a "Mirades de cargol", un programa fantásticamente hecho por los dos (Raquel y Álvaro Sanz) para la XTVL (Xarxa de Televisións Locals).


Pero además, me llevó al blog personal de Álvaro, "La ventana de Nanook" (en honor al hijo que tuvieron juntos y con el cual rodaron el cortometraje "Nieve de primavera", que podeis ver aquí a partir del minuto 12:30), y ésta a su vez a "Miradas del norte" (álbum de fotografías de Álvaro donde habitan todas las fotografías que ilustran esta entrada), y a "Dzero + Grafik" (donde muestra su creatividad en sus múltiples facetas: fotografía, audiovisual, diseño gráfico y web)

Sinceramente, estar un rato descubriendo lugares en sus programas de televisión, escuchando sus voces aterciopeladas mientras veo unas magníficas instantáneas o, simplemente, compartiendo experiencias
con ellos dos me aporta una sensación de felicidad recóndita dificilmente superable. Por eso os los recomiendo.

Incluso cuando me enseñan realidades que están constantemente a mi alrededor su punto de vista hace que se me aparezcan como si nunca hubiera sido testigo de momentos similares, y esa magia de la diferencia es lo que los hace únicos y adorables.

La naturaleza pasada por sus manos, por sus pupilas, por la bondad que semeja habitar en sus corazones, en la pureza de su mirar, se nos ofrece como algo totalmente distinto de lo que hemos estado viviendo durante tantos años.

A falta de cinco días



Cinco días es el tiempo que resta para que vuelva a correr el maratón de Madrid. Llevo cuatro meses largos entrenando cinco días a la semana para que me salga mejor que el año pasado. Sin embargo esta noche eso fue lo de menos.



El entrenamiento de hace un rato consistió en correr fácilmente durante una hora. Nada más y nada menos. Hacía mucho tiempo que no me olvidaba completamente de controlar mi ritmo, mi respiración, mi zancada, cada minúscula sensación en las piernas, en cada latido... en lo bien o mal que entra y sale el aire de mis pulmones.



Esta noche he vuelto a escuchar el crujido añejo de las maderas del puerto deportivo curtidas por la sal y el sol. He vuelto a henchirme del aroma almibarado de la glicinas por el simple placer de respirar. He recuperado la admiración por cada ola que golpea el casco de los veleros, por el tenue silvido del aire en sus jarcias y el cabeceo rítmico que parece saludar a quien a su lado pasa. He descubierto que a la luz de los focos del puerto también hay murciélagos revoltosos en discreta cacería, y que los amantes susurran deseos a esa media luna que hoy nos inunda.




Todo eso y más estaba ahí, pero había dejado de disfrutarlo. Espero que la renuncia haya merecido la pena y que, a la vuelta, todo siga en su lugar para volver a gozar de los anocheceres de mi puerto de Vigo.


Nota: Las fotografías son de mi zona habitual de entrenamiento, aunque algunos detalles han cambiado desde que las hice, hace ya casi dos años.


Para quitarse el sombrero




Llevo unos días con una entrada a medio hacer y casi un mes con otra en mente. Sin embargo de vez en cuando se cruza en nuestro camino algo que nos llama la atención de forma tal que provoca un impulso irrefrenable.


Ganadora en "Fotografía creativa"
(copiada desde la galería en flickr del concurso FOTOCAM 2010)



Hoy me ha pasado algo así. Leyendo un periódico gratuito vi que un fotógrafo húngaro había ganado cierto concurso fotográfico de naturaleza, aunque no era el primero. Como a mi "no me gusta nada la fotografía" sentí la necesidad de ahondar en el tema, de ver qué se cuece en ese mundillo que tanto desconozco a pesar de que pueda parecer justo lo contrario.

Y me encontré con un hombre de 26 años volcado en hacer las mejores fotografías de naturaleza desde los 14. Para alguien que ama algo tan profundamente como él, 12 años de dedicación absoluta son muchos años, y por eso le he ahorrado el calificativo "joven" al sustantivo "fotógrafo", ya que su edad física se ve compensada con su madurez profesional.

Montaje con varias de sus fotografías más famosas
(obtenido en http://www.bevezetem.hu/)


No quisiera empañar sus resultados con palabrería barata, así que intentaré ser breve.

Me gusta su estilo porque aporta encuadres originales, ideas sugerentes, frescura en su concepto, calidad innegable y, sobre todo, iniciativa. Con lo de su iniciativa me refiero a su capacidad de trabajo y su esfuerzo a la hora de diseñar y elaborar sus propios refugios para obtener las mejores imágenes; a su idea empresarial de ofrecer a aficionados al género esos mismos refugios por él utilizados y obtener así una plusvalía a su creatividad.

FotoCAM 2010. Mención Especial. Categoría Fauna. Bence Mate. "Fishing". Obra Social. Caja Mediterráneo
Una más de sus joyitas
(
copiada de la galería en flickr del concurso FOTOCAM 2010)

Lo mejor es ver sus resultados, y por eso os enlazo directamente con su página web. No soy el primero en descubrirlo, pero aún así no he podido evitar sumarme a quienes admiran su trabajo.

FotoCAM 2010. Finalista Categoría Macro. Bence Mate. "Parrot-snake". Obra Social. Caja Mediterráneo
Otra de sus fotografías en concurso
(copiada de la galería en flickr del concurso FOTOCAM 2010
)


Blog Action Day: Agua



La costa de Piélagos (roca y arena) y las Dunas de Liencres



me sirven para hablar del Blog Action Day de este 2010: del agua y la sed.



Cantabria es un paraíso cercano rico, entre muchas otras cosas, en agua. No sucede lo mismo en otros paraísos de este mismo mundo en que vivimos.




Aprovecho una entrada sin terminar, en la que solamente había imágenes



para enseñaros el mar, ese amor que no puedo borrar... y para hablaros del AGUA.



El agua es el origen de la vida y cubre el 72,5 % de la superficie de nuestro planeta. No acabemos con ella.



No la contaminemos. No la malgastemos. No trafiquemos con ella.



Millones de personas en el mundo no tienen acceso a este bien ABSOLUTAMENTE INDISPENDABLE PARA LA VIDA.



Otras bitácoras tienen muchos más datos y propuestas sobre el tema. Yo pongo mi granito de arena sobre el agua.

Estamos locos ¿y qué?



En mi equipo de atletismo (ahora que estoy federado en un equipo que hemos montado un grupo de locos) tenemos un grupo de “malucos” siempre dispuestos a subir
y bajar por esos montes de dios: Jeff, Miguelbn, Banderas, Toniofrancia, Canido, Agüita, Linkinpark (cuando no está lesionado) son solo una pequena muestra. Si ademáis hablamos de andainas entonces el grupo crece considerablemente: Pili, Fifthelement, Xana, Gerardo y Yolanda...no sé si me olvido de alguien.

El caso es que hace unas pocas semanas algunos de nosotros participamos en único maratón de
montaña que hay por estas tierras... y eso que hay unas cuantas carreras de montaña famosas y dignas de mención, pero solo una tiene la honra de recordar al viejo Filípides. Penedos do Lobo es, además, reconocida a nivel nacional como una prueba merecedora de las más altas calificaciones en cuanto a recorrido, dureza y hermosura. Por algo forma parte del Circuito Alpino de carreras de montaña junto con las famosas Galarleiz, Jarapalos e el Maratón Alpino Madrileño... casi nada, vamos.

Esta vez participamos tres miembros ya oficialmente reconocidos del C.A.R. Marisqueiro (Jeff, Banderas e
Montxo) y otros dos que en aquel momento aún no lo eran (Toniofrancia y Miguelbn) pero que ya llevaban metida dentro la semilla de nuestro equipo: la amistad por encima de la rivalidad; el amor por el deporte más sencillo y natural; el hecho de disfrutar del ambiente antes, durante y después de las carreras; y la capacidad de sacrificio personal para ayudar a los compañeros en los momentos malos... el espíritu CARMA elevado a la máxima potencia.

Se desarrolla esta carrera por las tierras montañosas de la Sierra de Queixa, atravesando parte de los municipios de Trives y Chandrexa de Queixa, lo que supone un desnivel acumulado de 3.133 a lo largo de los 42 km. y poco, pero especialmente concentrado en tres puntos: la subida del cortafuegos que caracteriza los km. 12 a 14, prolongada un poco más hasta casi el km 16, aunque con menor pendiente; la bajada atroz y rapidísima por un sendero estrecho, serpenteante y lleno de matorral y piedras sueltas entre los km. 29 a 31 que nos lleva al pueblo abandonado de Parada; e la durísima ascensión a los famosos "Penedos do Lobo", no tanto por la pendiente que tiene o por la temperatura que ya acompaña a los corredores a esas horas de la mañana en esta ladera orientada al este sino por el cansancio que ya acumulan las piernas después de 35 km. de carrera, de otros 2 largos km.

El día se presentó fresco aunque amenazaba con elevar las temperaturas en las horas centrales
del día hasta casi los 30 grados en algunos puntos del recorrido, y de hecho en la salida la mayor parte de los participantes llevaba gorra para el sol al mismo tiempo que usaba "braga" en el cuello. El ambiente en la salida parecía una fiesta. Todo eran saludos, apretones de manos, nervios, abrazos y deseos de buena suerte para los compañeros y rivales a partes iguales... otra de las peculiaridades de este tipo de competiciones en las que se vive un ambiente de camaradería envidiable. Las fotos de rigor son testimonio silencioso de lo que comento.

Salimos con puntualidad británica hacia los 42 km. con ritmo alegre pero con la cabeza pensando en los puntos c
ríticos. Así y todo un despiste a menos de 10 minutos de carrera hizo que metiera el pie izquierdo (el de mi pierna "mala") en el lugar que non debía. Mal comienzo para una carrera tan larga y donde los tobillos son tan importantes. Pasaron volando los kilómetros fáciles en la inmejorable compañía de Montxo e de su compañero Homedenejro, pero ahí estaba el cortafuego. Se acabó la fiesta y tuve que meter la reductora. La pierna izquierda respondía mejor de lo esperado pero la cuesta era mucho mayor que las que estoy acostumbrado a subir (y eso que me preparé para la montaña) y tuve que dejar marchar a mis compañeros y ver cómo me pasaban decenas de corredores y algunas corredoras.

Definitivamente esto iba a ser más duro de lo que yo pensaba, pero abandonar no forma parte de mi vocabulario habitual.


A punto de terminar la ascensión me saluda con voz alegre alguien por mi derecha. Era Toniofrancia, al que hacía mucho tiempo que non veía. Al parecer había llegado tarde y, por tanto, había salido de último, pero venía como una moto. Me dijo que su intención era hacer un entrenamiento de calidad en montaña, ya que su objetivo real era la próxima Transgrancanaria Sur-Norte (una prueba de trail mucho más larga y dura que esta que estábamos haciendo) y como su compañero de entrenamientos estaba lesionado se encontraba solo. Me dijo que se quedaba conmigo, y así fue. Hasta el último metro no dejó de acompañarme y ayudarme anímicamente, y bien que se lo agradecí, porque hubo momentos en que habría abandonado de non ser por él. No llegué a decírselo, pero sí que lo pensé varias veces... en el Medio maratón y, sobre todo, en Paradela antes de la subida a los Penedos do Lobo.

Llegados a la cima de Cabeza de Manzaneda parecía que todo iba rodado, pero faltaba una segunda mitad que, según había dicho, era mucho más dura. Así fue. La bajada inicial no era peligrosa ni dura, pero se hizo algo lúgubre porque esa parte del monte había ardido hacía poco tiempo y el olor a quemado en la nariz borraba la sonrisa que la belleza del paisaje suele poner en la cara de los amantes de la montaña. Más tarde vendría la bajada estrella de la jornada. Como siempre, fui capaz de ir adelantando más gente de la que me adelantaba a mi (solamente una mujer) mientras duró la cuesta abajo. Toniofrancia seguía allí, pegado a mi a pesar de que,
según él, lo suyo no son las bajadas. Por el camino pasamos a un chaval que, al parecer, se había torcido un tobillo, y para el que ya habían pedido un equipo de rescate, según nos dijo. En Parada comprobamos que acababa de llegar un helicóptero de la Guarda Civil de montaña (con base en Trives) y un rescatador se cruzó con nosotros. Le dijimos a qué distancia estaba el herido y seguimos camino. En el avituallamiento había otro participante en la carrera tirado en el suelo, víctima también de las piedras sueltas en la peligrosa bajada que acabábamos de pasar.

Trotamos suavemente el resto de los kilómetros hasta Paradela, un sube y baja sin demasiadas complicaciones que transcurre por lugares absolutamente deliciosos: entre bosques, prados, regatos y suaves colinas. Después, en Paradela, avituallamiento líquido y sólido abundante y un momento de respiro. Queda por delante la peor de las cuestas u ya el sol quema en las espaldas. Fotos de rigor gracias al compañero de entrenamientos de Toniofrancia y muchos ánimos.

Salimos de Paradela entre callejuelas casi abandonadas a su destino, y apenas a 500 metros vemos la ladera que tendremos que subir. Manchas pequeñas de colores salpican una senda apenas visible. Unos llevan bastones, otros solo sus piernas, y todos cansancio y sufrimiento. Mis piernas están muy cansadas. Cada paso que doy tengo que
animarlas a seguir. Especialmente duro es mover la pierna izquierda, que ya venía tocada de casa, y cada vez que la subo pienso que voy a tener que cantarle algo para ver si así se anima. Paro una, dos, tres, cuatro... Hasta seis veces tengo que parar a respirar, estirar algo las piernas y contemplar lo que ya dejamos atrás para darme moral. Si miro adelante igual lo pienso dos veces y lo dejo todo. Tonio me dice que esté tranquilo; que no hay prisa; que si no llegamos en 5 horas y media ya llegaremos en 6; que lo peor ya pasó y que piense en que cada vez queda menos. Digo que sí y eso me reconforta. Seguimos adelante y volvemos a tener una visita de su compañero, que nos saca más fotos y nos comenta que ya casi hemos llegado arriba. Tiene razón. Un kilómetro más y ya estamos en el avituallamiento del km. 38, justo al pie de otro pequeño cortafuego (este no le llega a la planta del pie al primero que tuvimos que subir ni en pendiente ni en longitud) que superamos con relativa facilidad.

Arriba de todo encontramos una pista de tierra que
nos lleva, subiendo solo un poquito, hasta la vertical de la meta pero por arriba. Se escucha la megafonía a lo lejos y eso da ánimos para trotar un poco. No queda nada, pero los metros no dan pasado. Nadie por delante a la vista ya. Por detrás tampoco se mira a nadie. Nosotros a lonuestro, que es llegar lo mejor posible para la foto. El trabajo ya está hecho: una bajada a la derecha, un giro o dos más y ya estamos. Cojo a Toniofrancia de la mano e las elevamos en señal de victoria. Sacamos las gorras de la cabeza para salir bien en la foto y sonreímos. Toniofrancia aplaude. Mi sonrisa no puede ser más significativa: le ganamos; vencimos a la montaña; nos costó casi seis horas, pero cumplimos el objetivo; llegamos sufriendo más de lo justo pero lo logramos.


Non hay que llegar antes que nadie.
Tanto da llegar más tarde que otro.
Hay que llegar vivo y disfrutando del momento.
Hay que tener espíritu CARMA.

Fotos: algunas las hizo el compañero de entrenamientos de Toniofrancia, otras son "prestadas" de la web de la carrera. Podéis ver muchas de ellas y más aún en este vídeo.

Primer entrenamiento en O Grove



Casi un año después del último que salí a rodar por O Grove, he vuelto a tomar contacto serio con su asfalto y sus onduladas carreteras. Atardecía ya cuando me calcé las viejas “zapas” Mizuno (las primeras que tuve de esa marca, y cuyo modelo a día de hoy sigue siendo un misterio sin resolver) a las que aún sigo sacando partido porque todo lo resisten las muy desgraciadas.

En el plan del día aparecían 16 kilómetros y, como no me acordé de traer el GPS con el que suelo salir a rodar, preferí no arriesgar por una ruta desconocida y tirar hacia una distancia que ya tengo controlada del año pasado. Ir y volver desde el camping hasta O Grove por la carretera que bordea la península del mismo nombre por el oeste y el norte suma esa distancia exactamente, e incluye un plus de cansancio pues cuenta con un par o cuatro de cuestas de las que realmente marcan la diferencia entre un perfil simplemente sinuoso y uno verdaderamente duro.

La temperatura, aunque algo elevada, resultaba agradable porque la eterna brisa que azota la costa de este municipio compensa con creces los efectos del calor. El sol, además, comenzaba ya a mostrar síntomas de cansancio en su declinar hacia poniente y sus rayos resultaban más agradables que apenas una hora antes.


Una de las vistas que puedo ver en mis entrenamientos

Ataqué la primera subida con ánimo y prudencia ya que era consciente del recorrido que me esperaba, pero aún así noté enseguida que mi estado físico era ligeramente mejor que un año atrás. En las primeras bajadas no me lancé a lo loco sino que, consciente de que lo que estoy preparando es un maratón (y además de montaña), preferí recuperar fuerzas sin acelerar el pulso más de lo necesario. Cuando uno está cogiendo fondo físico lo de menos es acelerar el corazón y lo más importante es acostumbrarlo a un esfuerzo constante durante un tiempo prolongado. Mientras eso sucede, el ritmo de carrera permite detenerse en el viejo hábito de comparar los recuerdos con el momento actual: un bosque de eucaliptos a la izquierda que ha desaparecido y ahora nos deja ver la isla de Sálvora recortándose contra el horizonte; otro bosque de pinos que ha desaparecido sin dejar mayor recado que un cartel de “Se vende” y un número de teléfono; un triángulo de unos 300 metros cuadrados al borde da la carretera que ha ardido no ha mucho… en fin, lo de siempre en esta tierra tan elemental.

Digo lo de elemental por varias razones, no siempre despectivas. Por un lado es bien cierto el hecho de que las cosas que cambian casi siempre son las mismas, y eso hace que ese “sota, caballo y rey” sea la base del progreso, o del simple cambio, o del paso del tiempo sin más florituras. Ahí es donde encaja a la perfección el calificativo elemental aplicado a mi tierra gallega. Sin embargo no es menos cierto que esta zona en particular (y cuando hablo de esta zona me refiero al Grove y a la isla de Ons y sus acólitas Onza y Onceta) se caracteriza por conjugar los cuatro elementos básicos que conforman el mundo, según el saber de los antiguos: la tierra en toda su simplicidad y su crudeza; el aire que nunca abandona su labor –como bien saben todos los que han vivido alguna temporada en esta avanzadilla sobre el atlántico- hiriente y balsámica; el agua que prácticamente rodea ambos lugares –si bien el Grove es una península el istmo que la une a tierra firme no es sino una lengua arenosa que el viento y las mareas han ido formando con el paso de los siglos- y que embravecido azota sus rocosas costas; y el fuego primigenio que tanto arraigo tiene (quien haya estado en Ons sabrá que hay tradición pirómana entre los isleños) y pasión levanta entre las gentes del lugar.

En fin, que al cabo de cuatro o cinco kilómetros, no sé exactamente cuántos, volví el rostro hacia el noroeste, y descubrí varias figuras encarnadas revoloteando en la línea que separa la tierra del mar. Los aficionados al “kite surf” encontraron que la brisa que a mi me refrescaba para ellos era el alimento que henchía sus velas, cuyo colorido, destacando en el contraluz, alegraba el paisaje aportando esa nota distinta.

Seguí mi camino intentando recordar cuándo tocaba subir y cuando bajar; cuándo el falso llano puede pasar factura y cuándo la cuesta no permite recuperarse del esfuerzo… y a la par encontré la misma viejecita acompañada por el mismo perro que un año atrás, tejiendo ella hermosas trenzas de cebollas otra vez, reposando su viejo cuerpo el animal en idéntica actitud indolente.

Unos metros más adelante recordé que tengo una cita pendiente con un restaurante de la zona descubierto con ocasión de mi tercer recorrido por esta ruta. Dos veces pasé delante de sus muros sin fijarme en las letras metálicas que decoraban una sencilla fachada de estética minimalista. La tercera me llamó la atención el atril con la carta, expuesto a la entrada, y no pude evitar interrumpir el entrenamiento para echar un ojo a la propuesta culinaria. No recuerdo ahora los detalles, pero sí la sensación de unos nombres no por rebuscados menos interesantes… y en ese preciso momento me prometí reservar una ocasión especial para cenar allí. Igual habría que esperar un par de años, ya que los niños aún son pequeños para atreverse con platillos de extraña factura, pero la idea fraguó en ese preciso instante. Sólo espero que el local resista los embates de la maltrecha situación económica del país y aguante al menos hasta que yo pueda encontrar la ocasión de ir. Creo que puedo seguir manteniendo la esperanza de ir algún día y catar sus delicatessen, la carta seguía puesta a modo de cebo en la puerta de entrada.


Uno de los "platillos" que nos ofrecen en el famoso restaurante... ¡qué pinta!

Pasé la “costa” y giré de nuevo. Con cada cambio de dirección la sombra que me acompaña con su rítmico movimiento de brazos y piernas gira y se encoje o se alarga sobre el asfalto, recortándose contra un muro de piedra o desapareciendo entre el matorral. El aire de mi respiración y el azote del viento contra mis oídos son los sonidos que acompañan cada nueva zancada, y mi cuerpo aprende a escucharse a cada paso, a identificar si va cómodo o forzado en relación a sus posibilidades y la dificultad que el asfalto le plantea. Cosas así me recuerdan lo bien que explicaba Haruki Murakami su afición a correr, y espero no resultar tedioso con la mía.

De repente en un jardín una escena familiar llama mi atención: una madre lanza una pelota a su hija ante la mirada tierna del padre. Mi trote llama su atención, supongo que por lo poco habitual de alguien corriendo por el lugar, y de repente descubro que esa madre es una vieja compañera de estudios universitarios. La sorpresa no fue mucha puesto que yo ya sabía desde hacía un año que ella vivía por la zona, del mismo modo que ella sabía que yo acostumbro acampar por la zona. Sin embargo lo que yo no sabía era que aquella era su casa, a pesar de haber pasado en infinidad de ocasiones por delante en mis anteriores recorridos atléticos. Parada y saludo. Fórmulas de manual rayando la cortesía.


- ¡Qué alegría verte tan bien!
- Lo mismo digo. Así que esta es tu casa. Mira tú por dónde, con la de veces que pasé por delante.
- Es que resulta difícil de explicar.
- Bueno, siempre… en fin, ahora ya te tengo localizada.
- ¡Venga!¡No te pares que luego te coge el frío y ya se sabe!
- Pues sí. ¡Venga! Hasta luego!

Una lástima que los seres humanos, especialmente cuando las relaciones son entre entes de distinto sexo, nos pongamos autolimitaciones por miedo a que alguien entienda cosas que ni existen ni tienen por qué existir. Diríase que el compañerismo entre hombres y mujeres es una quimera, por no decir una falacia o una utopía. En fin, otra vez será… cuando no esté su marido delante… que pueda charlar un poco más con ella.

Tras esta fugaz parada de apenas unos segundos afronto los dos últimos kilómetros de ida (aún quedan los 8 de vuelta) con una larga y tendida ascensión hacia el “puerto” más destacado del día, y que tendré que afrontar en ambos sentidos: el de ida, más suave, el de vuelta muchísimo más duro. Bueno, depende de quién lo vea, porque muchos corredores prefieren las subidas a las bajadas… que también cascan lo suyo.

El regreso fue ya un descuento de distancia restante y un final de día maravilloso. Apenas crucé con tres o cuatro vehículos en todo el rato y quienes mejor me acompañaron fueron los miles de grillos que entonaban ya sus cánticos amorosos. Las primeras estrellas comenzaron a asomar tímidas en el cielo y el azul del cielo adquirió un embozo oscuro que todo lo envolvió. Así da gusto volver a los entrenamientos.



Fotografías tomadas de la web del restaurante "Culler de pau" dentro del Grupo Gastronómico Galicia (Nove)



Panorama de aquí al verano.



Últimamente escribo poco o muy poco en este blog. Sin embargo eso no quiere decir que me haya olvidado de él, ni de la blogosfera, como bien saben quienes me leen con cierta asiduidad.

Además tengo un poco dejado de mano eso de escribir sobre las carreras y el mundillo del atletismo, pero no es porque lo haya dejado, sino porque ahora que estoy federado y formo parte de un club de nueva creación (somos poco más de una docena de socios y socias) tengo otro blog más en el que expresar esa faceta de mi vida. Para muchos de nosotros algo así era un sueño y se ha convertido en realidad.

Sin embargo hoy me apetece comentar que los retos atléticos más importantes de este año ya se van perfilando en el horizonte.

Para empezar, quiero participar en el MAPOMA (para los legos en la materia se trata del Maratón Popular de Madrid) por primera y espero que no última vez. Esto será el 25 de abril.

Sin embargo antes de esa fecha tengo un par de compromisos ineludibles: la Vig-Bay, que es una media maratón que sale de mi ciudad; la IV Carrera campo a través de O Corgo-Corrubedo, cita ineludible puesto que he participado en ella en las 3 anteriores ocasiones y de estas ocasiones guardo preciosos recuerdos y amigos; y, probablemente alguna más. Se perfilan como firmes candidatas la Media Maratón Ciudad de León o los 10 Km. Ciudad Universitaria de Vigo (una o la otra, porque coinciden ambas) el día de mi cumpleaños. ¿No os parece un plan perfecto para ese día?



El segundo gran objetivo es otra gran carrera, tanto por la distancia (50 km.) como por el recorrido.



Se trata de la Ultra Trail Geira Via Nova Romana, una carrera absolutamente diferente porque discurre por una verdadera vía romana, la Via XVIII (clasificada como Patrimonio Nacional en Portugal) del Itinerário de Antonino que unía Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga).



Es un extraordinario complejo arqueológico romano que mantiene prácticamente intactos, a lo largo de más de 30 kms, puentes, muros, casas e la mayor concentración de miliários epigrafados de la Peninsula con inscripciones entre el siglo I y el siglo IV DC.



Los paisajes por los que pasa la prueba también son impresionantes, ya que forman parte del Parque Nacional de Peneda-Gerês, que es el único Parque Nacional que existe en Portugal.



Como prueba de estas afirmaciones os dejo una selección de fotografías que el organizador de la carrera y alma mater del asunto, José Moutinho (uno de los pioneros de las carreras "ultramaratonianas" en su país), ha ido dejando en diversos foros de atletismo a modo de publicidad.



Para después del verano aún no lo tengo claro, así que por ahora no voy a contar más porque no quiero agotar.