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Otra dosis de paisaje otoñal vigués



Hace un par de semanas el tiempo estaba lluvioso, pero los cielos grises no llegaban para apagar los ocres y amarillos del otoño.




En una de esas mañanas en que mi trabajo me lleva por el rural vigués no pude evitar parar ante un pequeño bosquecillo de caducifolias donde destacaba por encima de todas las especies el castaño.



Aunque también había algunos robles de no mucha edad... se ve que son fruto de alguna repoblación.



Pero por mi, que vivan las repoblaciones si son de "carballos" y de "castiñeiros".



... y más aún si nos llevan a rincones como éste, con unos helechos preciosos...




... que lucen más con esta humedad.



reflejada en la tierra cubierta de hojas caídas y de "ourizos".



La semana pasada, sin embargo, a media mañana lucía la luna hermosa sobre el cielo azul del puerto de Bouzas



mientras dos cormoranes secaban sus cuerpos sobre su atalaya acostumbrada.




Luego las arenas en la parroquia de Oia denotaban que apenas sí un hombre había hollado su superficie



y el horizonte sobre las cíes me sedujo inexorablemente



ya que días de otoño hay muchos y muy hermosos todos



... incluso para ese hombre que recoge agua de mar quien sabe si para un acuario o para cocinar marisco.

Merece la pena ver ampliadas las últimas 5 fotografías.

Tarde de domingo en la nieve



Desde hace un par de semanas tenía en mente aprovechar la primera oportunidad que surgiera para enseñar a los niños la nieve. En mi querida ciudad de Vigo no es normal que contemos con ese meteoro (de hecho la última nevada que cayó se remonta al año 1987 o, como mucho, 1988) así que el lugar más próximo al que podemos dirigirnos es al alto de Fontefría (traducido al castellano sería algo así como Fuentefria, y puede que tenga relación con su relativa facilidad para congelarse).


Hasta hace unos pocos años era un lugar de paso obligatorio para poder ir hasta Ourense y, evidentemente, la meseta castellana y el resto del país. La carretera se caracterizaba por la peligrosa serie de curvas (especialmente en la ladera que da al oeste... la que nos trae a Vigo) y por la frecuencia con que se podía uno topar con una densa y peligrosa niebla. Cruzar el alto de Fontefría en tiempos no muy remotos era una auténtica aventura. Por suerte, hoy en día sólo se sube a Fontefría porque se quiere subir... bueno, los que viven en A Cañiza y alrededores tienen que seguir cruzándolo aún para venir a Vigo (salvo que quieran hacer unos cuantos kilómetros de más, claro).

Ayer por fin todos los astros se alinearon para permitir que mis niños pudieran no sólo tocar, jugar y disfrutar de la nieve caída, sino que además pudieron presenciar el maravilloso momento en que del cielo comienzan a caer "folerpas" (así se llama a los copos de nieve en mi tierra) sobre los rostros atónitos de quienes nunca han visto un fenómeno natural absolutamente vulgar en otras latitudes.



Aquí los tenéis a los dos, acompañados de su madre, preparandose para atizar al que esto escribe. Esta fue la primera toma de contacto con el blanco manto de apenas unos 20 centímetros que cubría toda la montaña.



Como se puede apreciar el bosque se alterna con zonas de matorral bajo que no conviene tocar mucho con las manos descubiertas.



El "ulex europaeus" abunda en nuestras tierras (y parece ser que es muy apreciado por los caballos como alimento) pero no es una especie especialmente amigable al hombre. Aquí le llamamos "toxo", y de él somos capaces incluso de obtener algún licor (debe ser lo mejor que se puede sacar de él).



En ocasiones algunos rayos de sol se filtraban entre las escapadizas nubes que una buena ventolera llevaba de noroeste a sudeste, mostrando la hermosura del bosque de caducifolias ya desnudo



y con esas ramas oscuras contrastando con la escasa nieve que escatiman al suelo.



A unos pocos metros un bosquecillo de abetos fruto de alguna de las últimas repoblaciones forestales, ya que esta zona ha sido pasto de las llamas en más de una ocasión en los años que puedo recordar.



Entre otras cosas mis pequeños apuraron el tiempo y probaron todas las cosas que sólo la nieve permite hacer. En cualquier caso, la falta de practica en algunas no impidió que disfrutaran de igual manera que si hubieran hecho una auténtica obra de arte... y menos mal que llevamos con que adornar la extraña especie de muñeco que fuimos capaces de pergeñar.



En lo que sí obtuvieron matrícula de honor fue en la especialidad de rebozo y arrastre ladera abajo.



Como podéis apreciar, en otras montañas próximas había mas nieve, pero para qué íbamos a ir más lejos si lo que nos interesaba ya lo teníamos bajo nuestro pies. Por cierto, en esta fotografía se aprecia que esta zona del bosque ardió no hace mucho tiempo... quizás este mismo verano pasado.



Y justo a unos metros el paisaje parece de postal navideña.



Más aún cuando comienza a nevar con fuerza, lo cual no obsta para que sigamos jugando y retozando como niños (todos) entre la nieve y el viento.



Saboreamos una vez más el hermoso paisaje que se nos hace extraño debido a lo irregular de las nevadas en nuestra región (aunque este año promete)



y nos planteamos volver a casa antes de que la situación empeore, pues ya llevamos tres horas largas y los pies comienzan a estar congelados a pesar de las botas de agua y los gruesos calcetines de lana.



No podía haber sido una tarde mejor aprovechada. Otros blogueiros/as han escrito sobre la nieve estos días, pero dudo que alguno haya gozado tanto como mis pequeños.

Yo tuve que esperar a los 14 años para ver y tocar la nieve, y hasta los 19 para ver cómo caía del cielo, pero creo que se disfruta mucho más de pequeño, así que doy por bien empleados los casi 100 kilómetros de ida y vuelta de ayer por la tarde.

Mi pequeño me decía hoy por la mañana: "Papi, quiero que volvamos a la nieve, pero a una que no pique, para poder tirarnos con el trineo ¿vale?". Fue entonces cuando descubrí que se había picado con "toxo" al hacer bolas de nieve y había aprendido una lección que casi todos los gallegos que andamos por el campo hemos aprendido tarde o temprano... callar por vergüenza al haber caído en la trampa de la leguminosa de afiladas hojas.

Nota: para ver mejor las fotos abrirlas en otra pestaña. Ganan bastante.

Otoño en Vigo



Hace algo más de un mes que vengo haciendo fotos de mi ciudad para ilustraros sobre lo divino y lo humano de su otoño, de sus lluvias que a lo tonto a lo tonto calan hasta los huesos y sus nieblas que casi todo vuelven gris.




Pero no encontraba el momento adecuado para mostraros que no sólo de ciudad vive el hombre



y que en los pequeños detalles encontramos joyas naturales



que nos sorprenden con su sencilla belleza.



No encontraba la ocasión de mostraros los rojos y ocres del momento tranquilo al pie del cruceiro,



el paseo sobre hojas caídas aún sin recoger



crepitando bajo nuestros pasos,



el murmullo del viento arrastrando las hojas en su caída,



y el brillo del sol sobre las copas orgullosas,



la vereda que se pierde en el bosquecillo



y el auditorio al aire libre que entrevemos al final del paseo.

Y ayer la San Martiño



Dice el refrán popular que por "San Martiño, trompos ao camiño" (San Martín, trompos al camino), aunque hay otro más contundente que dice "A todo porquiño lle chega o seu San Martiño" (A todo cerdito le llega su San Martín). Es tiempo, pues, de que los juegos para entrar en calor haciendo ejercicio sean jugados y de que los cerdos engordados con esmero durante todo el año pasen a mejor vida para deleite de sus propietarios. Con el frío del ambiente se curan mejor las carnes y no hay moscas que puedan estropear el proceso.

En mi caso lo que llegó con San Martiño fué la XXXII Carrera Pedestre Popular de San Martiño 2008 en la muy gallega ciudad de Ourense. Es la segunda vez que corro esta veterana prueba del calendario atlético tradicional gallego, una de las grandes y una de las más antiguas que se celebran en estas tierras de buen comer y mejor beber, y se presta la ocasión para recalar en estas tierras para tomar un buen pulpo (por las calles de Ourense es fácil en esta época toparse con pulpeiras tradicionales) regado con un vino de las tierras fértiles del Ribeiro.


No pude evitar poner esta foto de mi amigo Daniel "Picapiedra", y es que no tiene precio.

Pero no fue ese mi caso. Llegué, corrí y me volví a casa pues había comida con la parte política de la familia y la celebración se quedó en el terreno estrictamente deportivo aunque no estaba yo para muchas fiestas. Llegué más bien tarde para la foto de grupo, así que me pegué a todos los que aún se dejaban caer por el punto de encuentro mientras no llegaba la persona que me había recogido el dorsal el día anterior, como las lucenses máquinas devoradoras de kilómetros Herniado (que de herniado no tiene nada de nada) y Yosi (un encanto de rapaz con un fuelle y un aguante de miedo).


De izquierda a derecha Herniado, Yosi y el que esto escribe (un pelín más abrigado)

La acumulación de cinco carreras (Coruña, Santiago, Meis, Behobia -San Sebastian y Ourense) en seis semanas (me salté la de Vigo porque había tenido fiebre hasta mediada esa misma semana) con una preparación más que endeble hizo que los primeros síntomas de cansancio aparecieran durante la de Compostela, se consolidaran en Meis, me dejaran dar el do de pecho -en parte más por mentalización que por forma física- en Donostia, pero al final pasaron factura a mis gemelos.

Toda esta semana tuve ambos gemelos como piedras, y no llegó ni el trabajo del fisio ni el de la masajista para dejarlos en condiciones de afrontar una rompepiernas como la San Martiño con garantías de poder terminarla, así que me la tomé como un encuentro con los y las amigos y amigas del mundillo... y es que la San Martiño es mucha carrera (al menos en comparación con las del entorno próximo, claro) y el ambiente que se respira no tiene comparación más que con las otras grandes clásicas gallegas. Ya el año pasado me la tomé más como una fiesta que como una carrera, y acompañé durante 9 de los 10 kilómetros a un compañero del Foro para que hiciera una media de ritmo mejor de lo habitual. Así que este año me la tomé con filosofía.


Como se puede apreciar mi rostro no era de sufrimiento precisamente.

Empecé más suave de lo normal contando con que mis gemelos llegaran medianamente bien lo más lejos posible, y eso duró más o menos 3 kilómetros. Luego el ritmo empezó a decaer y me dejé llevar un rato por la corriente, hasta que una conocida a la que había adelantado anteriormente me dió caza. Así que me pegué a ella como una lapa hasta que cruzamos la línea de meta... cogidos de la mano.

Eso de entrar cogidos de la mano es un detalle que han tenido muchos corredores y corredoras del Foro en agradecimiento al apoyo recibido, y a mi me gusta hacerlo cuando la persona a la que acompaño me ayuda (a veces incluso sin saberlo) a mantener el rítmo (sea éste alto o bajo) que me permita llegar a la meta en las mejores condiciones posibles.

De haber llegado con Paco Tielas a la meta de la Vig-Bay lo habría hecho así, como lo hice con LinkinPark en la de Lestrove o con algunos otros y otras en estos cuatro años de vida atlética. Un beso para mi amiga Treboada, que aguantó el tirón como una campeona que es.


Treboada y yo cruzando el puente romano de Orense sobre el Miño (en los últimos 200 metros de la prueba)

Esta de ayer fue la última carrera que voy a hacer en esta primera fase de la temporada, lo cual quiere decir que me tomaré un descanso de carreras durante más o menos un mes. Seguramente no vuelva a poner los motores a tope hasta la Media Maratón Volta á Ría de Ferrol, allá a mediados del mes de diciembre, y luego hasta final de año poco queda ya: Lugo Monumental, Carrera del Pavo en Vigo, San Silvestre Solidaria de Vigo... ¡¡¡nimiedades!!! Ja!Ja!Ja!

P.D. Gracias a Dulce María "Elyana" y a Daniel "Picapiedra" por sus fotos... ellos siempre están ahí cuando no están sobre el asfalto.

El mar, Donostia, la montaña, la carrera


La Carrera Pedestre Behovia-San Sebastián a la que estaba inscrito fue, finalmente, una excusa para viajar a una ciudad que adoro y en la que encontrarse a gusto es cuestión de segundos.

Ese esguince de tobillo del martes pasado impidió, como era de esperar, que pudiera participar en ésta prueba ya clásica en el calendario nacional de carreras populares, pero ello no era óbice para que no acudiéramos al encuentro de viejos y nuevos amigos. Yo con mis nuevos amigos del mundillo del atletismo. "Melanie" a ver a una vieja amiga de la infancia que hacía 5 años no daba señales de vida.

Fuere éste el motivo o no, finalmente un par de paseos por la ciudad al borde de La Concha nos transportaron a otro modo de vida: el donostiarra. Pintxos, baños en la playa todos los días del año, mar y monte, zuritos y sidras, conciertos de jazz y ópera, cine y teatro. Todo esto y más posee el Ayuntamiento de San Sebastián, donde el otoño tapiza las calles de tonos amarillos, ambar, rojizos.



Con una vista así al despertar da gusto comenzar el día.



Las rocas, la arena y el mar me seducen con las formas ásperas que generan.



El Ayuntamiento de Donosti con La Concha a sus pies y el Urgull cubriéndole las espaldas.



Cualquier día es bueno para practicar deporte.



El monte Urgull y la isla de Santa Clara desde El Peine de los vientos.


¡¡Con un par!!... el bañito diario que no falte.



El Kursaal, brillante de noche, grisaceo de día.



Momento de recogimiento en el santuario de Guadalupe (Hondarribia/Fuenterrabía)



Miguel Ángel, el héroe de N.Y., una semana después en la Behovia... 2 h 31 min 37 seg.


Ambiente en tonos dorados a juego con el follaje a final de carrera.