Estamos locos ¿y qué?



En mi equipo de atletismo (ahora que estoy federado en un equipo que hemos montado un grupo de locos) tenemos un grupo de “malucos” siempre dispuestos a subir
y bajar por esos montes de dios: Jeff, Miguelbn, Banderas, Toniofrancia, Canido, Agüita, Linkinpark (cuando no está lesionado) son solo una pequena muestra. Si ademáis hablamos de andainas entonces el grupo crece considerablemente: Pili, Fifthelement, Xana, Gerardo y Yolanda...no sé si me olvido de alguien.

El caso es que hace unas pocas semanas algunos de nosotros participamos en único maratón de
montaña que hay por estas tierras... y eso que hay unas cuantas carreras de montaña famosas y dignas de mención, pero solo una tiene la honra de recordar al viejo Filípides. Penedos do Lobo es, además, reconocida a nivel nacional como una prueba merecedora de las más altas calificaciones en cuanto a recorrido, dureza y hermosura. Por algo forma parte del Circuito Alpino de carreras de montaña junto con las famosas Galarleiz, Jarapalos e el Maratón Alpino Madrileño... casi nada, vamos.

Esta vez participamos tres miembros ya oficialmente reconocidos del C.A.R. Marisqueiro (Jeff, Banderas e
Montxo) y otros dos que en aquel momento aún no lo eran (Toniofrancia y Miguelbn) pero que ya llevaban metida dentro la semilla de nuestro equipo: la amistad por encima de la rivalidad; el amor por el deporte más sencillo y natural; el hecho de disfrutar del ambiente antes, durante y después de las carreras; y la capacidad de sacrificio personal para ayudar a los compañeros en los momentos malos... el espíritu CARMA elevado a la máxima potencia.

Se desarrolla esta carrera por las tierras montañosas de la Sierra de Queixa, atravesando parte de los municipios de Trives y Chandrexa de Queixa, lo que supone un desnivel acumulado de 3.133 a lo largo de los 42 km. y poco, pero especialmente concentrado en tres puntos: la subida del cortafuegos que caracteriza los km. 12 a 14, prolongada un poco más hasta casi el km 16, aunque con menor pendiente; la bajada atroz y rapidísima por un sendero estrecho, serpenteante y lleno de matorral y piedras sueltas entre los km. 29 a 31 que nos lleva al pueblo abandonado de Parada; e la durísima ascensión a los famosos "Penedos do Lobo", no tanto por la pendiente que tiene o por la temperatura que ya acompaña a los corredores a esas horas de la mañana en esta ladera orientada al este sino por el cansancio que ya acumulan las piernas después de 35 km. de carrera, de otros 2 largos km.

El día se presentó fresco aunque amenazaba con elevar las temperaturas en las horas centrales
del día hasta casi los 30 grados en algunos puntos del recorrido, y de hecho en la salida la mayor parte de los participantes llevaba gorra para el sol al mismo tiempo que usaba "braga" en el cuello. El ambiente en la salida parecía una fiesta. Todo eran saludos, apretones de manos, nervios, abrazos y deseos de buena suerte para los compañeros y rivales a partes iguales... otra de las peculiaridades de este tipo de competiciones en las que se vive un ambiente de camaradería envidiable. Las fotos de rigor son testimonio silencioso de lo que comento.

Salimos con puntualidad británica hacia los 42 km. con ritmo alegre pero con la cabeza pensando en los puntos c
ríticos. Así y todo un despiste a menos de 10 minutos de carrera hizo que metiera el pie izquierdo (el de mi pierna "mala") en el lugar que non debía. Mal comienzo para una carrera tan larga y donde los tobillos son tan importantes. Pasaron volando los kilómetros fáciles en la inmejorable compañía de Montxo e de su compañero Homedenejro, pero ahí estaba el cortafuego. Se acabó la fiesta y tuve que meter la reductora. La pierna izquierda respondía mejor de lo esperado pero la cuesta era mucho mayor que las que estoy acostumbrado a subir (y eso que me preparé para la montaña) y tuve que dejar marchar a mis compañeros y ver cómo me pasaban decenas de corredores y algunas corredoras.

Definitivamente esto iba a ser más duro de lo que yo pensaba, pero abandonar no forma parte de mi vocabulario habitual.


A punto de terminar la ascensión me saluda con voz alegre alguien por mi derecha. Era Toniofrancia, al que hacía mucho tiempo que non veía. Al parecer había llegado tarde y, por tanto, había salido de último, pero venía como una moto. Me dijo que su intención era hacer un entrenamiento de calidad en montaña, ya que su objetivo real era la próxima Transgrancanaria Sur-Norte (una prueba de trail mucho más larga y dura que esta que estábamos haciendo) y como su compañero de entrenamientos estaba lesionado se encontraba solo. Me dijo que se quedaba conmigo, y así fue. Hasta el último metro no dejó de acompañarme y ayudarme anímicamente, y bien que se lo agradecí, porque hubo momentos en que habría abandonado de non ser por él. No llegué a decírselo, pero sí que lo pensé varias veces... en el Medio maratón y, sobre todo, en Paradela antes de la subida a los Penedos do Lobo.

Llegados a la cima de Cabeza de Manzaneda parecía que todo iba rodado, pero faltaba una segunda mitad que, según había dicho, era mucho más dura. Así fue. La bajada inicial no era peligrosa ni dura, pero se hizo algo lúgubre porque esa parte del monte había ardido hacía poco tiempo y el olor a quemado en la nariz borraba la sonrisa que la belleza del paisaje suele poner en la cara de los amantes de la montaña. Más tarde vendría la bajada estrella de la jornada. Como siempre, fui capaz de ir adelantando más gente de la que me adelantaba a mi (solamente una mujer) mientras duró la cuesta abajo. Toniofrancia seguía allí, pegado a mi a pesar de que,
según él, lo suyo no son las bajadas. Por el camino pasamos a un chaval que, al parecer, se había torcido un tobillo, y para el que ya habían pedido un equipo de rescate, según nos dijo. En Parada comprobamos que acababa de llegar un helicóptero de la Guarda Civil de montaña (con base en Trives) y un rescatador se cruzó con nosotros. Le dijimos a qué distancia estaba el herido y seguimos camino. En el avituallamiento había otro participante en la carrera tirado en el suelo, víctima también de las piedras sueltas en la peligrosa bajada que acabábamos de pasar.

Trotamos suavemente el resto de los kilómetros hasta Paradela, un sube y baja sin demasiadas complicaciones que transcurre por lugares absolutamente deliciosos: entre bosques, prados, regatos y suaves colinas. Después, en Paradela, avituallamiento líquido y sólido abundante y un momento de respiro. Queda por delante la peor de las cuestas u ya el sol quema en las espaldas. Fotos de rigor gracias al compañero de entrenamientos de Toniofrancia y muchos ánimos.

Salimos de Paradela entre callejuelas casi abandonadas a su destino, y apenas a 500 metros vemos la ladera que tendremos que subir. Manchas pequeñas de colores salpican una senda apenas visible. Unos llevan bastones, otros solo sus piernas, y todos cansancio y sufrimiento. Mis piernas están muy cansadas. Cada paso que doy tengo que
animarlas a seguir. Especialmente duro es mover la pierna izquierda, que ya venía tocada de casa, y cada vez que la subo pienso que voy a tener que cantarle algo para ver si así se anima. Paro una, dos, tres, cuatro... Hasta seis veces tengo que parar a respirar, estirar algo las piernas y contemplar lo que ya dejamos atrás para darme moral. Si miro adelante igual lo pienso dos veces y lo dejo todo. Tonio me dice que esté tranquilo; que no hay prisa; que si no llegamos en 5 horas y media ya llegaremos en 6; que lo peor ya pasó y que piense en que cada vez queda menos. Digo que sí y eso me reconforta. Seguimos adelante y volvemos a tener una visita de su compañero, que nos saca más fotos y nos comenta que ya casi hemos llegado arriba. Tiene razón. Un kilómetro más y ya estamos en el avituallamiento del km. 38, justo al pie de otro pequeño cortafuego (este no le llega a la planta del pie al primero que tuvimos que subir ni en pendiente ni en longitud) que superamos con relativa facilidad.

Arriba de todo encontramos una pista de tierra que
nos lleva, subiendo solo un poquito, hasta la vertical de la meta pero por arriba. Se escucha la megafonía a lo lejos y eso da ánimos para trotar un poco. No queda nada, pero los metros no dan pasado. Nadie por delante a la vista ya. Por detrás tampoco se mira a nadie. Nosotros a lonuestro, que es llegar lo mejor posible para la foto. El trabajo ya está hecho: una bajada a la derecha, un giro o dos más y ya estamos. Cojo a Toniofrancia de la mano e las elevamos en señal de victoria. Sacamos las gorras de la cabeza para salir bien en la foto y sonreímos. Toniofrancia aplaude. Mi sonrisa no puede ser más significativa: le ganamos; vencimos a la montaña; nos costó casi seis horas, pero cumplimos el objetivo; llegamos sufriendo más de lo justo pero lo logramos.


Non hay que llegar antes que nadie.
Tanto da llegar más tarde que otro.
Hay que llegar vivo y disfrutando del momento.
Hay que tener espíritu CARMA.

Fotos: algunas las hizo el compañero de entrenamientos de Toniofrancia, otras son "prestadas" de la web de la carrera. Podéis ver muchas de ellas y más aún en este vídeo.

Lecturas de verano (IV)


Para alguien que, como yo, ya era más o menos consciente de lo que se jugó España el 23 de febrero de 1981, este libro trae a la memoria muchas recuerdos e historias que, de tan oídas, alcanzan casi la categoría de leyenda. No es tal mi caso, ya que soy de los que aún recuerda perfectamente dónde estaba y cómo se enteró del golpe de estado a pesar de mi entonces corta edad. Al volver del colegio mi madre, que estaba en casa escuchando en Radio Nacional la emisión en directo de la votación que tenía lugar en el Congreso, me dijo que acababan de dar un golpe de estado y que qué iba a ser ahora de nosotros si la cosa salía adelante.

El autor de este libro supera esa mitología habitual y procede a una labor de deconstrucción y recreación de muchas de esas historias que habitan esa historia en particular. Con gran meticulosidad Javier Cercas desmenuza las entretelas de un golpe de estado que, como la "santísima trinidad", son tres golpes distintos en un sólo golpe verdadero. Estudia fuentes diversas, las investiga, las contrasta y, finalmente, obtiene un concentrado que ni cierra la puerta a muchas posibilidades ni deja muchos cabos sueltos. El principal mérito de este libro es que, sin pretender ser estrictamente un ensayo histórico sino más bien una recreación personal de determinados hechos históricos contrastados, consigue atrapar al lector porque centra en una contraposición literaria e histórica a tres personajes en cada bando. Si de una parte tenemos a Tejero, Milans del Bosch y Armada, de la otra contamos con Carrillo, Suárez y Gutiérrez Mellado. No son los únicos personajes de una "novela" perfectamente entretejida con los hechos históricos (por sus páginas habitan personajes para mi desconocidos hasta la lectura de esta obra: Cortina, Torres Rojas, Pardo Zancada...) pero sí algunos de los más destacados junto con Sáenz de Santamaría, Sabino Fernández Campo y Juan Carlos I de España.

Literariamente hablando puede pecar de falta de agilidad, ya que se recrea en exceso en momentos determinados (de ahí en parte su título, muy acertado), pero este trabajo sí resulta conveniente de cara a obtener el resultado final. Hay expresiones que, de reiteradas, cansan. No me he tomado la molestia de contar cuántas veces habla de "un gobierno de concentración, coalición o unidad", de "un golpe de timón o de bisturí", de "un chisgarabís sin formación" y expresiones similares, pero algunas llegan a hastiar. Por lo demás la impresión general de esta obra es magnífica y me ha resultado clarificadora, a pesar de la distancia cronológica y de alguna que otra mentira/engaño, ignoro si intencionado o no, como el hecho de tratar a Santiago Carrillo como si estuviera físicamente muerto cuando a día de hoy no lo está.

Ignoro qué mente retorcida pudo conducir a alguien en España a poner a esta novela que, según traducción literal, se titula “El vendedor de armas” un título tan radicalmente diferente del real.

He esperado a terminar la novela para decantarme por alguna de las hipótesis que fui elaborando mientras avanzaba en su lectura (cada cual más peregrina que la anterior) y he llegado a la conclusión de que la editorial hispana pensó que el título original resultaba demasiado evidente para un lector medio español, mientras que para un inglés ese mismo título pudiera ser todo un reclamo publicitario. Lo que no he sido aún capaz de descubrir es el motivo por el cual se eligió el título castellano. Si alguien lo sabe, por favor, no duden en comunicármelo. Se recompensará con un ejemplar del libro firmado por el autor… de esta bitácora.

Segunda observación ingeniosa sobre el libro en su versión hispana: la p
ortada en estilo pop art poco o nada tiene que ver con el contenido. Bueno, eso no es del todo cierto: el protagonista conduce en una ocasión y brevemente una motocicleta de gran cilindrada. Sobre el autor poco hay que comentar, ya que es mundialmente conocido por su más reciente papel en una conocida y exitosa serie de televisión. Por cierto, el mayor mérito que se puede atribuir a este actor y autor es el hecho de haber sido capaz de aceptar papeles en los que da voz a personajes diseñados por ordenador (la saga completa de Stuart Little) después de haber participado en películas como “Los amigos de Peter”, “Sentido y sensibilidad” o incluso la divertida "Maybe Baby" y seguir siendo capaz de mantener la cara bien alta. Bromas aparte, y sin tener en cuenta su secundaria faceta de escritor, me parece incuestionable que, haga el papel que haga, es un actor como la copa de un pino (made in England, of course).

La novela, que es de lo que veníamos a hablar, en sí tiene tres o cuatro virtudes: sin tener un lenguaje encopetado, ya que no se correspondería con el que utiliza el protagonista narrador omnisciente, presenta un registro lingüístico y un rico léxico más que suficientes para demostrar que el autor ha alcanzado al menos estudios de nivel universitario y sabe utilizar los recursos típicos del humor inglés que a tantos cinéfilos nos vuelve locos; habla, o más bien escribe, con tal precisión de todo tipo de armamento de fuego, técnicas de pelea cuerpo a cuerpo, etc. que cualquiera diría que estamos ante un experto en operaciones especiales; mantiene una distancia suficiente con el hecho narrativo como para permitir dirigirse conscientemente al lector sin que ello resulte desagradable y, finalmente, encierra un antimilitarismo absolutamente loable encubierto bajo la máscara de novela que parodia el subgénero de espionaje.

En algún momento me ha recordado al bueno de Boris Vian en su “Que se mueran los feos”, aunque el tipo de humor que destila Laurie en esta novela es mucho más irónico y mordaz que el del francés. Tampoco es que sea una obra maestra (el verano está repleto de libros facilotes) pero se deja leer mejor que bien… y parece ser que tendrá continuidad en una segunda novela protagonizada por Thomas Lang… a lo mejor me la pido para mi próximo cumpleaños (y es que este libro tampoco tuve que comprarlo).


Lecturas de verano (Tomo III)


Cuando uno se enfrenta a un título como éste ya sabe qué es lo que va a encontrar... y es que el verano está lleno de estos momentos intranscendentes en que lo que a uno le apetece es echarse unas sanas risas mientras su cuerpo se dora sobre una tumbona al borde de la piscina o una toalla arrimada al mar. Si sois aficionados a los monólogos que tan de moda se han puesto en nuestro país aquí tenéis a uno de los mejores. Este paisano (de La Coruña, pero paisano al fin y a la postre) tiene el don de hacer que la más nimia de las cosas que nos rodean en la vida diaria ("los eventos consuetudiarios que acontecen en la rúa", según versión ampulosa de don Antonio Machado en su "Juan de Mairena") cobre vida y significado nuevos. Por algo le llamaban el rey de las cosas pequeñas y así se nos presenta en su página web. Y es que tanto en sus monólogos como en sus libros o en su blog este chaval se nos presenta como un más que aventajado alumno en el campo de las greguerías que Don Ramón Gómez de la Serna elevó a categoría de arte. No esperéis encontraros en esta obra nada más y nada menos que un buen fajo de risas y sonrisas agazapados entre sus páginas. ¿Qué mas se le puede pedir?




Parte de este monólogo da origen al libro. No os lo perdáis.

  • Maldito Karma (David Safier)

    Esta novela de autor alemán es la demostración palpable de que ser alemán no es indicativo de seriedad y aburrimiento. La imaginación un tanto surrealista del autor (en momentos determinados recuerda las historias imposibles del autor de “El barón rampante”, “El Vizconde Demediado” o “El caballero inexistente”) demuestra que ha leído mucho para, al menos, ejercer su profesión de guionista de series de televisión a la perfección. Otra prueba de ello es que bebe de las mismas fuentes que otro ilustre escritor mediático (el toque irónico y moral podría haber salido de la pluma del autor de “Charlie y la fábrica de chocolate”, "Matilda" o la absolutamente delirante “Mi tío Oswald”). Evidentemente no estoy hablando, en ningún caso, de lo que se ha venido en llamar “gran literatura”, sino más bien de novelas de usar y tirar que tienen el suficiente gracejo y originalidad para llamar la atención durante una temporada… dos a lo sumo… y para eso cambiando de país y de lengua previa visita del autor, firma de autógrafos y paseo publicitario por los programas de entrevistas de varietés más destacados de la parrilla. Sin embargo recomiendo la lectura de este libro como un gratificante ejercicio de evasión que, sin embargo, puede incluso dejar un ligero poso moral (demasiado evidente en algunos momentos puesto que recurre a la figura de uno de los hitos del pecado en estado puro junto a nuestro Don Juan) que compensa los euros pagados por su adquisición (a mi me lo regalaron). Buena lectura para tomar el sol en el porche de la casa de turismo rural, en la tumbona de la playa o en el sofá al lado de la chimenea (no es preciso que sea durante unas vacaciones de verano ni siquiera durante un puente otoñal).

Lecturas de verano (Tomo II)


Los siguientes libros en que me centré este verano fueron dos de una misma
autora, a la cual descubrí por accidente. Me había llamado la atención el título de una novela y probé. Me gustó de tal forma que en la siguiente ocasión en que pasé por una librería me compré los tres ejemplares que quedaban de otras tantas obras suyas. Una de ellas cayó allá por el mes de marzo, pero las dos restantes tuvieron que esperar a que llegara el verano.

  • El sabotaje amoroso (Amelie Nothomb) fue la tercera lectura que hice de esta autora belga y supuso una decepción frente a la maravillosa impresión que dejaron en mi sus novelas "Biografía del hambre" y "Metafísica de los tubos". Si bien las tres obras mantienen una linea temática común, como es el carácter presuntamente autobiográfico, tanto el enfoque como la técnica narrativa son lo suficientemente distintos como para semejar obras, como poco, de etapas vitales radicalmente dispares si no ya de autores diferentes. La niña absolutamente divina (en sus prerrogativas como dios todopoderoso y omnisciente) de su "Metafísica..." se ha transformado en la sumisa víctima propiciatoria de su amor incondicional e irracional por una "lolita" apenas consciente de esta condición. Incluso el escenario en que transcurre la acción cambia radicalmente. Se sustituye la admiración por los paisajes y la forma de vida japonesa por el desprecio más absoluto hacia el "guetto" donde es recluída en China su familia y el sucio, vulgar y mediocre ambiente que domina ese mismo país. Si bien es cierto que hay un lapso de publicación entre la primera y la segunda obra de 11 años (frente a sólo 4 entre la segunda y la tercera) en medio de los cuales publicó un montón de obras (hasta 16 según acabo de comprobar), la diferencia es tal que -repito- me decepcionó profundamente el viraje radical en su rumbo literario. El problema que le encuentro a esta obra es que ni resulta tan fantásticamente increíble como otras ni consigue enganchar con esa fibra del corazón que hace que el lector pueda llegar a identificarse con el/la protagonista. A lo mejor es problema de quien esto suscribe. No puedo decir que no sea así. Admito sugerencias y opiniones al respecto. ¡Faltaría más!

  • Estupor y temblores (Amelie Nothomb) dista, por su parte, 6 años de "El sabotaje amoroso", sólo 2 años de "Metafísica de los tubos" y 5 de "Anatomía del hambre" y en ella se nota ese estilo irónico, ágil y tan personal que me conquistó en las obras que me llevaron a enamorarme secretamente de esta autora absolutamente delirante. No soy ni pretendo ser un experto en literatura, pero su estilo me pareció muy fresco y personal, con un universo creativo entre satírico y mordaz absolutamente único al que no sabría muy bien con quién encontrarle parentesco. Como mucho podría buscarle ciertas concomitancias con autores del llamado teatro del absurdo y, probablemente (aunque no he pasado de la poesía) con autores japoneses (algo perfectamente plausible dada su admiración, aunque en esta obra en particular pudiera parecer lo contrario, por la cultura nipona). Ella misma, personaje principal de la novela, sufre no sólo los efectos de la despectiva opinión que los mediocres occidentales despertamos en la cultura nipona, sino también los propios de sus reconocidas limitaciones matemáticas en una gran multinacional donde , en vez de escalar posiciones, desciende a los abismos "sanitarios". En definitiva, y sin ser una literatura de gran peso específico, resulta un autora atrayente de la que recomendaría al menos tres de las cuatro que he leído. Sobra decir cuales.

Fotografías obtenidas del foro "Le voyage nothombien" y del album de fotobucket de ari_the_ant

Lecturas de verano (Tomo I)


Como ya comenté en mi última entrada, tengo temas para dar y tomar entre manos, pero la falta de tiempo y los diversos problemas informáticos (hay que ver qué cantidad de averías sufren las lineas de cable en Galicia últimamente) han hecho que me retrase.

Además, la primera de las entradas previstas fue creciendo y creciendo sin medida, así que al final la voy a fraccionar en cuatro o cinco, que publicaré en breve. Hoy, la primera dosis de literatura (y cine). ¡Ahí va!

* * * * * * * * *

Entre otras cosas el verano se caracteriza por animarnos a leer cosas más fáciles de digerir de lo acostumbrado. Como además solemos disponer de más tiem
po para dedicar a nuestras diversas aficiones, se produce (al menos en lo que a la lectura se refiere) una repentina avalancha de libros que pasan por nuestras manos como si de granos de arena se tratara. Estos tres son los primeros que devoré.


  1. Del Norte a Jerusalem.
  2. El caballero templario.
  3. Regreso al Norte
A lo largo de tres largas novelas se nos traslada desde Suecia al eterno conflicto de Oriente Medio pero en pleno siglo XII. Su protagonista, Arn Magnusson, es víctima de un accidente casero en su más tierna infancia. Como sobrevive milagrosamente, previo ofrecimiento de su alma a Dios por parte de sus padres, su destino sufre un giro radical: es enviado al cisterciense convento de Varnhem, donde es instruído por un ya retirado caballero templario.

No haré un resumen del argumento porque eso puede hacerlo cualquiera con dos dedos de frente. Lo que quisiera comentar sobre esta trilogía es que está históricamente mucho mejor que otras obras ambientadas en el mismo contexto (de hecho más de uno en la red no ha podido resistir la comparación); que aporta una visión muy interesante del conflicto político y religioso entre cristianos, hebreos y musulmanes; que su autor ha realizado un sólido estudio de la ciencia militar y política de la época y que permite extraer lecturas y conclusiones que van más allá de la simple novela de ficción histórica que se supone que es.

Desde mi humilde punto de vista es todo un descubrimiento (aunque no haya sido editado recientemente, claro). Quien no quiera leer los libros siempre puede ver la película (aunque yo nunca haría lo segundo sin haber hecho antes lo primero) y quedarse a medias... y eso que es de nacionalidad y estética sueca.

Como no la he visto, pero sí diversos comentarios sobre la misma, de lo leído deduzco al menos un par de cosas:
  1. Si ya es normalmente difícil trasladar de un modo medianamente fidedigno una obra literaria al celuloide, hacerlo con una trilogía tan voluminosa como ésta resulta absolutamente imposible.
  2. A pesar de esta limitación el resultado, cinematográficamente hablando, semeja no defraudar, salvo que no soportes el cine de tradición nórdica donde una mirada o un gesto resultan mucho más expresivos que páginas y páginas de texto.
  3. Cine europeo pensado para europeos que prefieren un buen guión a grandes efectos especiales (y aún así la película marcó un record presupuestario en el cine sueco).


Trailer de la película "Arn, el caballero templario"

Dos enfoques para un mismo objetivo



Soy consciente de que llevo una temporada actualizando muy poco, pero no es por falta de ideas, sino de ocasión para ponerme a plasmar en el ordenador toda esa efervescencia mental que me quema por dentro. De hecho tenía una entrada en mente sobre los libros que he estado leyendo este verano, otra sobre el maratón fotográfico en el que he participado, otra sobre mis próximos objetivos atléticos, otra sobre la importancia de ciertos detalles de la vida política y social de este país… en fin, será por temas. Algún día caerán… o no.


Una de las peculiaridades de este rinconcito de mi vida es que, a pesar de que algunas de mis mayores pasiones son materia de incontables blogs por el mundo adelante, no es esa la visión que yo tengo de lo que es esta bitácora. De hecho, y si mal no recuerdo, pocas o ninguna vez ha hecho crítica literaria, cinematográfica o musical. De lo que sí estoy seguro es que, si la he hecho, ha sido colateralmente a otro enfoque principal y nunca como eje central del post.


Pues bien, esta vez voy a romper en cierta medida esa tendencia ya que voy a hablar en paralelo de dos películas que visioné ayer mismo de forma totalmente inesperada. De hecho de una de ellas no tenía ni la menor idea de su existencia hasta ayer mismo. La primera me la ofreció en préstamo una compañera de trabajo a la que se la acababan de devolver (aún hay más gente que yo que tiene la fea costumbre de comprar películas originales, por lo que veo). La segunda la había reservado mi mujer en el videoclub después de que una de sus hermanas se la recomendara, y yo no sabía nada hasta que la trajo a casa.

Fotograma de la primera de las películas (de Screenrush.co.uk)

De partida cualquiera diría que ambas películas tienen en común lo mismo que un huevo y una castaña, y de ahí lo extraño de la asociación de ideas que el bochorno nocturno unido a mi insomnio cuasi crónico provocó en mi cerebro a eso de las dos de la madrugada. Ahora pagaréis vosotros las consecuencias. ¡Qué se le va a hacer!


Si una es una comedia ligera americana la otra una pausada tragedia romántica argentina. Si una cuenta con un reparto angloamericano la otra recurre a algunos de los mejores actores del cono sur. Si una brilla por sus situaciones cómicas y sus gags la otra brilla por su fina ironía. Si en una el espectáculo se devora con patatas a las historias que nos narra en la otra las historias que cuenta son el caldo de cultivo de una forma cuidadamente fotografiada e iluminada.


No obstante ambas películas tienen una identidad ideológica que me dejó absolutamente sorprendido. Las historias, sin ser parecidas siquiera, cuentan con algunos elementos comunes: en ambos filmes una muerte violenta es el origen de la narración, en ambas hay un personaje que define claramente la entrega total a la vida como objetivo absoluto.

Imagen de la segunda película (de El Espectador.com)

La proclama que lleva al cantante de éxito a las manos de un asesino en serie y al alcohólico funcionario de juzgado a manos de una banda de matones a sueldo es la misma que define el comportamiento de la práctica totalidad de los personajes de ambas narraciones: una vida vivida en la mediocridad es una vida vacía y lo que realmente merece la pena es arriesgarse a caer en nuestras pasiones, sean estas las que sean, ya que son las que definen nuestra esencia como individuos.


Se puede estar de acuerdo o no con ese enfoque vital, pero no es eso lo que pretendo con esta entrada en el blog, ni es ese un debate que pueda tener una resolución fácil. Me llega con constatar como, partiendo de presupuestos artísticos, estéticos y culturales radicalmente distintos, se puede llegar a reflejar exactamente lo mismo.


Dicho esto cabría hacerse la pregunta sobre cuál de las dos recomiendo. Sinceramente, la respuesta es indiferente ya que el resultado final (vivir la vida sin imponerse restricciones a uno mismo) es idéntico aunque las sensaciones que dejan en el cuerpo son radicalmente distintas. Si en una la protagonista principal cumple su sueño de cantar en público ante 10 millones de espectadores en la otra el protagonista indiscutible por fin se decide a asumir esa historia de amor que ha reprimido durante años. La catarsis final en una es espectáculo puro en la otra es intimidad absoluta, pero en ambos casos la vida triunfa sobre la muerte y la autonomía personal sobre las convenciones sociales.


Una recomendación final: no veáis las dos películas el mismo día, como hice yo:




Ya me contaréis.



Primer entrenamiento en O Grove



Casi un año después del último que salí a rodar por O Grove, he vuelto a tomar contacto serio con su asfalto y sus onduladas carreteras. Atardecía ya cuando me calcé las viejas “zapas” Mizuno (las primeras que tuve de esa marca, y cuyo modelo a día de hoy sigue siendo un misterio sin resolver) a las que aún sigo sacando partido porque todo lo resisten las muy desgraciadas.

En el plan del día aparecían 16 kilómetros y, como no me acordé de traer el GPS con el que suelo salir a rodar, preferí no arriesgar por una ruta desconocida y tirar hacia una distancia que ya tengo controlada del año pasado. Ir y volver desde el camping hasta O Grove por la carretera que bordea la península del mismo nombre por el oeste y el norte suma esa distancia exactamente, e incluye un plus de cansancio pues cuenta con un par o cuatro de cuestas de las que realmente marcan la diferencia entre un perfil simplemente sinuoso y uno verdaderamente duro.

La temperatura, aunque algo elevada, resultaba agradable porque la eterna brisa que azota la costa de este municipio compensa con creces los efectos del calor. El sol, además, comenzaba ya a mostrar síntomas de cansancio en su declinar hacia poniente y sus rayos resultaban más agradables que apenas una hora antes.


Una de las vistas que puedo ver en mis entrenamientos

Ataqué la primera subida con ánimo y prudencia ya que era consciente del recorrido que me esperaba, pero aún así noté enseguida que mi estado físico era ligeramente mejor que un año atrás. En las primeras bajadas no me lancé a lo loco sino que, consciente de que lo que estoy preparando es un maratón (y además de montaña), preferí recuperar fuerzas sin acelerar el pulso más de lo necesario. Cuando uno está cogiendo fondo físico lo de menos es acelerar el corazón y lo más importante es acostumbrarlo a un esfuerzo constante durante un tiempo prolongado. Mientras eso sucede, el ritmo de carrera permite detenerse en el viejo hábito de comparar los recuerdos con el momento actual: un bosque de eucaliptos a la izquierda que ha desaparecido y ahora nos deja ver la isla de Sálvora recortándose contra el horizonte; otro bosque de pinos que ha desaparecido sin dejar mayor recado que un cartel de “Se vende” y un número de teléfono; un triángulo de unos 300 metros cuadrados al borde da la carretera que ha ardido no ha mucho… en fin, lo de siempre en esta tierra tan elemental.

Digo lo de elemental por varias razones, no siempre despectivas. Por un lado es bien cierto el hecho de que las cosas que cambian casi siempre son las mismas, y eso hace que ese “sota, caballo y rey” sea la base del progreso, o del simple cambio, o del paso del tiempo sin más florituras. Ahí es donde encaja a la perfección el calificativo elemental aplicado a mi tierra gallega. Sin embargo no es menos cierto que esta zona en particular (y cuando hablo de esta zona me refiero al Grove y a la isla de Ons y sus acólitas Onza y Onceta) se caracteriza por conjugar los cuatro elementos básicos que conforman el mundo, según el saber de los antiguos: la tierra en toda su simplicidad y su crudeza; el aire que nunca abandona su labor –como bien saben todos los que han vivido alguna temporada en esta avanzadilla sobre el atlántico- hiriente y balsámica; el agua que prácticamente rodea ambos lugares –si bien el Grove es una península el istmo que la une a tierra firme no es sino una lengua arenosa que el viento y las mareas han ido formando con el paso de los siglos- y que embravecido azota sus rocosas costas; y el fuego primigenio que tanto arraigo tiene (quien haya estado en Ons sabrá que hay tradición pirómana entre los isleños) y pasión levanta entre las gentes del lugar.

En fin, que al cabo de cuatro o cinco kilómetros, no sé exactamente cuántos, volví el rostro hacia el noroeste, y descubrí varias figuras encarnadas revoloteando en la línea que separa la tierra del mar. Los aficionados al “kite surf” encontraron que la brisa que a mi me refrescaba para ellos era el alimento que henchía sus velas, cuyo colorido, destacando en el contraluz, alegraba el paisaje aportando esa nota distinta.

Seguí mi camino intentando recordar cuándo tocaba subir y cuando bajar; cuándo el falso llano puede pasar factura y cuándo la cuesta no permite recuperarse del esfuerzo… y a la par encontré la misma viejecita acompañada por el mismo perro que un año atrás, tejiendo ella hermosas trenzas de cebollas otra vez, reposando su viejo cuerpo el animal en idéntica actitud indolente.

Unos metros más adelante recordé que tengo una cita pendiente con un restaurante de la zona descubierto con ocasión de mi tercer recorrido por esta ruta. Dos veces pasé delante de sus muros sin fijarme en las letras metálicas que decoraban una sencilla fachada de estética minimalista. La tercera me llamó la atención el atril con la carta, expuesto a la entrada, y no pude evitar interrumpir el entrenamiento para echar un ojo a la propuesta culinaria. No recuerdo ahora los detalles, pero sí la sensación de unos nombres no por rebuscados menos interesantes… y en ese preciso momento me prometí reservar una ocasión especial para cenar allí. Igual habría que esperar un par de años, ya que los niños aún son pequeños para atreverse con platillos de extraña factura, pero la idea fraguó en ese preciso instante. Sólo espero que el local resista los embates de la maltrecha situación económica del país y aguante al menos hasta que yo pueda encontrar la ocasión de ir. Creo que puedo seguir manteniendo la esperanza de ir algún día y catar sus delicatessen, la carta seguía puesta a modo de cebo en la puerta de entrada.


Uno de los "platillos" que nos ofrecen en el famoso restaurante... ¡qué pinta!

Pasé la “costa” y giré de nuevo. Con cada cambio de dirección la sombra que me acompaña con su rítmico movimiento de brazos y piernas gira y se encoje o se alarga sobre el asfalto, recortándose contra un muro de piedra o desapareciendo entre el matorral. El aire de mi respiración y el azote del viento contra mis oídos son los sonidos que acompañan cada nueva zancada, y mi cuerpo aprende a escucharse a cada paso, a identificar si va cómodo o forzado en relación a sus posibilidades y la dificultad que el asfalto le plantea. Cosas así me recuerdan lo bien que explicaba Haruki Murakami su afición a correr, y espero no resultar tedioso con la mía.

De repente en un jardín una escena familiar llama mi atención: una madre lanza una pelota a su hija ante la mirada tierna del padre. Mi trote llama su atención, supongo que por lo poco habitual de alguien corriendo por el lugar, y de repente descubro que esa madre es una vieja compañera de estudios universitarios. La sorpresa no fue mucha puesto que yo ya sabía desde hacía un año que ella vivía por la zona, del mismo modo que ella sabía que yo acostumbro acampar por la zona. Sin embargo lo que yo no sabía era que aquella era su casa, a pesar de haber pasado en infinidad de ocasiones por delante en mis anteriores recorridos atléticos. Parada y saludo. Fórmulas de manual rayando la cortesía.


- ¡Qué alegría verte tan bien!
- Lo mismo digo. Así que esta es tu casa. Mira tú por dónde, con la de veces que pasé por delante.
- Es que resulta difícil de explicar.
- Bueno, siempre… en fin, ahora ya te tengo localizada.
- ¡Venga!¡No te pares que luego te coge el frío y ya se sabe!
- Pues sí. ¡Venga! Hasta luego!

Una lástima que los seres humanos, especialmente cuando las relaciones son entre entes de distinto sexo, nos pongamos autolimitaciones por miedo a que alguien entienda cosas que ni existen ni tienen por qué existir. Diríase que el compañerismo entre hombres y mujeres es una quimera, por no decir una falacia o una utopía. En fin, otra vez será… cuando no esté su marido delante… que pueda charlar un poco más con ella.

Tras esta fugaz parada de apenas unos segundos afronto los dos últimos kilómetros de ida (aún quedan los 8 de vuelta) con una larga y tendida ascensión hacia el “puerto” más destacado del día, y que tendré que afrontar en ambos sentidos: el de ida, más suave, el de vuelta muchísimo más duro. Bueno, depende de quién lo vea, porque muchos corredores prefieren las subidas a las bajadas… que también cascan lo suyo.

El regreso fue ya un descuento de distancia restante y un final de día maravilloso. Apenas crucé con tres o cuatro vehículos en todo el rato y quienes mejor me acompañaron fueron los miles de grillos que entonaban ya sus cánticos amorosos. Las primeras estrellas comenzaron a asomar tímidas en el cielo y el azul del cielo adquirió un embozo oscuro que todo lo envolvió. Así da gusto volver a los entrenamientos.



Fotografías tomadas de la web del restaurante "Culler de pau" dentro del Grupo Gastronómico Galicia (Nove)